Coincidencias / Roberto López

Cuando era niño, en mi pueblo había mucho espacio para potrear y siempre tenía conmigo la escopeta de colcho que no mataba ni el hambre, pero alimentaba mis fantasías de tenebroso vengador de la colonia.

Inundaciones puente de los poleosUna vez, debajo del puente de Los Poleos, traté de navegar una charca en una balsa improvisada con tablas apolilladas. Por mala suerte encallé antes de llegar a lo otra orilla y caí por la borda en las garras de una inhóspita arena movediza. Ya estaba hasta el cuello… y en un trance entre la vida y la muerte, que hasta vi mi esquela mortuoria y una violetera repartiendo flores sobre mi tumba. Suerte que mi amigo Gulliver, extendió sus enormes brazos para retrasar el desenlace de mis días.

Eso aconteció en el mismo lugar y muchos años después de que a mi abuelo Juan lo rescataran vivo cuando el rio proceloso lo arrastró hasta allí. Dicen que mi abuelo después del rescate caminó descalzo hasta el negocio de Luna y allí celebró la vida con ron Palo Viejo. El charco se chupó mis zapatos, también caminé descalzo hasta el ventorrillo de Luna y pedí un mabí.

©Roberto López

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