Héroe / Roberto López

En el año 1967, caminaba rumbo a Sierra Brava con mi amiga Eloísa, cuando un ladrón le arrebató la bolsita de dinero al anciano lisiado que  vendía tabaco en la esquina.Dibujo heroes pequeño

Fue mi locura ser el héroe de mi amiga, engrandecerme ante sus divinos ojos y en su universo promover y gozar en vida mi propia apoteosis.

Por tal razón perseguí al ladrón, hasta que él se cansó de correr y se detuvo en la salida del pueblo. Cuando se quitó la camisa y se cuadró en posición de boxeo, retrocedí  de inmediato amedrentado por su corpulencia. Una  sílfide que me protege se interpuso entre nosotros  y desvió la furia de aquella bestia  que dio media vuelta y sin importarle un huevo se fue por la carretera que conduce a la ciudad bruja.

Cuando regresé a la esquina, allí esperaba Eloísa y el anciano. Saqué pecho y me inflé más que un sapo para decirles que le perdí el rasgo al tipo porque se internó en el cañaveral, y añadí  “si lo llego a alcanzar, lo hago añicos”.  Pero Calimán fue testigo de todo y con muecas burlonas de mala fe me desmintió. Desde ese día sueño con tener la oportunidad de convertirme en héroe y vindicar mi honra ante la bella Eloísa.

En el año 2002, estar vivo en el área de Washington DC era un peligro. Un par de francotiradores sin escrúpulos, asesinaron fríamente a diez personas en menos de tres semanas. Por el terror la gente corría en pánico al entrar y salir de las tiendas, y en las gasolineras se movían como locos para evitar ser un blanco fácil.

Una madrugada después de acudir a una reunión de chupacirios anónimos, me detuve en la autopista a desbeber en una desolada área de descanso.

Las facilidades estaban cerradas y tuve que buscar un rincón para hacer aguas menores. Fui detrás de un poste de luz, y cuando abrí la cremallera, un camionero enfermizo me enfocó con los reflectores de su camión y flasheó un par de veces.

Subí una lomita cubierta de hierba hasta llegar a un “gazebo” y volvió a flashear, igual sucedió cerca del zafacón de basura. No tuve la menor idea de lo que angustiaba al tipo que me enfocaba como en escenario de zarzuela.

Me dejó tranquilo cuando me acerqué a una cacharra azul. Escuché unos ronquidos pero yo estaba para explotar y un instinto canino se apoderó de mi cuando hice mi gracia en las cuatro gomas del Capri.

Regresé a mi vehículo y otra vez las luces del escenario cayeron sobre mí, y antes de abandonar la escena, se me hizo ineludible enseñar el dedo vulgar al camionero.

…Me sentí como un triste payaso, al ver en la tele las imágenes del héroe que solito se ganó la recompensa de medio millón de pesos. Fue aquel camionero mala fe y que tanto me distrajo, quien llamó a las autoridades para que dieran con el paradero de los asesinos que fueron capturados mientras dormían en un hediondo Capri azul.

Si yo hubiese sabido que estaban allí metidos, los hubiera hecho añicos y fuera mi recompensa que desde el cielo mi apoteótica estrella encendiera el corazón de Eloísa para recordarle mi nombre.

©Roberto López

dibujo Camila Rodríguez

 

 

 

2 pensamientos en “Héroe / Roberto López

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s