¿Por Quién Doblan las Campanas? / Josué Santiago de la Cruz

 

Antigua Entrad al Cementerio Municipal de Salinas, f col Miguel Arenas_copy

¿Por Quién Repican las Campanas?

A Ana de la Cruz, a Millán y a doña Tomasa

LO METIERON EN un ataúd que le prestó el municipio y con un dinero que la Asamblea Municipal tenía asignado para cubrir los gastos fúnebres de los indigentes, lo pusieron en capilla ardiente en el almacén de la Funeraria González, a cuyo velatorio no asistió ni Velorio, que tenía por costumbre acudir a todas las velas del pueblo, ni la Dama Protocolar, que era el paño de lágrimas de los afligidos.

Al día siguiente pasearon su cuerpo por las dos calles principales del pueblo, sin que a nadie se le ocurriera preguntar:

« ¿Por quién repican las campanas?»

A su entierro acudieron dos sepultureros y el párroco, que le rezó, de carrerita, un Ave María mal rezado, porque tenía otros compromisos que demandaban de su venerable presencia. Ni tan siquiera un chorrito de Agua Bendita, ni una gota, depositó en el hoyo que habría de ser la única morada del difunto.

Todo esto aconteció al momento en que un empleado municipal desfondaba el sarcófago para devolverlo al Municipio y en Talas Viejas todos se preguntaban:

« ¿Dónde estará Cacho?»

©Josué Santiago de la Cruz

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