por Edwin Ferrer

 

perroscantando01Esta mañana me llevaron una parranda como diez perros satos. La mayoría de ellos cantaba frente a mi casa en notas altas y tenían las orejas semicaídas.

Uno era tuco y medio roncón, me imagino que hacia el bajo. El de mejor ladrido era uno flaco con la cola entre el prepucio que paraba el hocico mirando hacia el cielo anunciando los aires navideños.

Un niño que iba hacia la escuela me hizo reír cuando grito:

— ¡Canta como Mark Anthony!

Dos de ellos parecían gemelos excepto que uno de ellos no tenía dientes y cuando abría la boca se le salía la baba. A la jauría se añadieron dos más que parecían que estaban borrachos con pitorro y uno de ellos le dio un mordisco al tuco en la oreja y todos comenzaron a pelear.

Después que se separaron me di cuenta que Daisy, la sata de Maximina, estaba en celo debajo de mi camioneta… y se dañó la parranda.
© Kaminero