El sueño / Roberto Quiñones

gran-danes1Pocas veces sueño, pero cuando los tengo son de película.  La otra noche soñé que me encontraba en la Ciudad Perdida de mediados del siglo 20, cuando apenas  contaba con diez años de edad.  Durante ese viaje reviví tantos momentos gratos. Vi… al viandero Don Pulín  en su carreta repleta de viandas haciendo su recorrido diario por la barriada.  Observe a los nenes de Borinquen bañándose en la pluma pública que existía al final de la calle.  Me deleité escuchando la música de don Eusebio Rosa, el hombre orquesta del barrio, quien tocaba la guitarra, hacía sonar con la boca una armónica y con los pies controlaba  la percusión.

Pero el sueño se concentró en el perro de Dandy y Nelly, mis vecinos inmediatos. Era un perro de gran tamaño, mezcla de un Gran Danés con una perra sata del vecindario que en una noche de celo brincó la verja de la casa para disfrutar de su momento.

El perro de mis vecinos no solo intimidaba a los moradores del vecindario por su tamaño sino también por sus constantes ladridos que se oían hasta en la Plaza Las Delicias molestando con ellos la paz del día y la noche.

Al perro le llamaban Florencio y verdaderamente era un animal precioso pero no del agrado de los que allí vivían, ni de los merodeaban el lugar. Tal era el caso del deambulante Cacho que en ruta diaria a la barriada Borinquén pasaba por el lugar armado de una buena vara para su defensa personal.

En el vecindario se comentaba que el perro estaba poseído por un ser que reencarnó en este. Se decía que por obra maléfica la bruja del barrio le dio la facultad al animal de comportarse como el mismo diablo.  El supuesto ser que lo poseía era arrogante y se creía la última Coca-Cola del desierto. Por eso actuaba de forma irrespetuosa con todo el mundo  y por su tamaño y mezcla de raza se creía ser el dueño de la Ciudad Perdida, como todo un Gran Danés…

Pero todo tiene su final… Un día persiguiendo a Fifí, una perra callejera que también por allí se paseaba, esta compartió con el engreído Gran Danés un alimento que alguien proveyó enriquecido con una fuerte substancia llamaban “bola”.  Desde ese momento dejaron de oírse los terribles ladridos del que se creía ser un Gran Danés a pesar de llevar la sangre de una Chinga Puertorricencis…

 

©Roberto Quiñones

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