Carta de un setentón

Es lunes 3 de noviembre de 2014. En agosto cumplí 70 años, algo que en la niñez o en mi juventud hubiese creído inconcebible. Entonces yo pensaba que nadie debería cumplir más de cincuenta años.

Pero hasta aquí he llegado. Estoy, me parece así, en paz conmigo mismo y con mi entorno. (Aunque,claro, no siempre pienso igual y ya eso depende de lo cotidiano).

Hasta aquí he llegado, dije. ¿Cómo lo logré? No me pregunten, no estoy nada seguro. Sólo sé que la ruta no me fue nada fácil. Bueno, en ocasiones sí pero no siempre. Repito, mi lucha no fue fácil ni venturosa. De lágrimas conozco, de angustias infinitas. Ya no pesan o acaso es que a estas alturas de mi vida ya no importan. Podría decir que hasta aquí llegué como el mundo quiso que yo llegara.

Mas, no del todo así. Libré mis luchas, reí, rabié, incendié mi camino con aquellas estrellas que estuvieron a mi alcance. Ha sido un trajinar con los zapatos rotos y remiendos en el corazón que en su momento dolieron. Pero también canté: de alegría y amor o de tristeza, dependiendo de las circunstancias… pero canté y aún sigo cantando.

¿Golpes? Uy…. muchos, muchos. No obstante, ninguno pudo derribarme, bueno, digamos que no del todo. ¿Caricias?, también he recibido. ¿Amor?… ¿y qué sé yo qué es eso? Lo importante es que he estado rodeado de seres humanos de esos que surgen en el camino como por combustión espontánea y que cuando menos lo esperas, desaparecen, se extinguen como el fuego. Los buenos fueron más, quiero pensar. Aún así no miro a mi pasado con nostalgia… digamos que no siempre, pues lo cierto es que hay días con sus noches….

Nací, crecí, en medio de una gran pobreza. Una pobreza que muchas veces me pareció irremediable. De la misma, aprendí. Aprendí lo bueno y lo malo. Pero siempre quise ser bueno o digamos que quise ser mejor que los roles que el mundo se empeñaba en asignarme. Algo de eso creo haber logrado. Al menos, esa es mi percepción. Si otras personas difieren, pues…. ¿qué puedo hacer al respecto? No puedo ni me interesa hacer nada: no es mi problema, en todo caso eso es problema de los otros.

¿Si he sido difamado? ¿Si he tropezado con persona inescrupulosas? Dije que en el camino conocí lo bueno y lo malo y si algo aprendí de lo malo fue a reconocer el mal allí donde aparecía. Y me sirvió para apartarme de esa infamia. Que no es huirle cobardemente sino evitarla.

¿Mis creencias? Creo en Dios, un Dios que no puedo explicar. Creencias tontas, autoengaño, dirán algunos. No me importa qué piensen; yo pienso y yo creo en lo que quiero. Y sé, me consta, que en aquellos momentos en que, como ya dije, no caí del todo, se debió a que Él sostenía mi mano.

¿Qué espero del mañana? Nada. Naturalmente, hay muchas cosas que, humano como soy, me gustaría hacer u obtener o lograr. Pero ninguna me causa afán alguno. A veces, las pienso y les sonrío y ocasionalmente les digo adiós. Yo tengo lo que tengo, soy lo que soy y vivo como quiero. (O como puedo, vamos….) Pero digo como Amado Nervo: “¡Vida,  nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”

Y por hoy, eso es todo. ¿Mañana? Ya veremos….

José Manuel Solá  /  3 de noviembre de 2014

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Un pensamiento en “Carta de un setentón

  1. Felicidades, chico! Estas vivo y se sigue aprendiendo. Esto, todavia dura y tienes que disfrutarlo….Bendito Sea Dios! Un abrazo de una cincuentona!

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