Pensamiento positivo

Nuestra educación…

por José Manuel Solá

Esta mañana leía en Facebook un breve mensaje (colocado allí para el consumo de todos los lectores) copiado de otra persona por una excelente amiga. Pero era un mensaje que me tuvo pensando un ratito, en particular por la visión errónea (o que a mi me parece errónea) de quien originalmente lo redactó, sobre los demás seres humanos, sobre la vida. Que si la gente es esto o aquello… En fin, todo un sistema de creencias sumamente negativo. Muy respetuosamente, me tomé un minuto para diferir de sus expresiones (porque al copiarlas para hacerlas públicas las hacía muy suyas “por carambola”, como decimos en Puerto Rico).

Le expresaba que mis amigos y todo aquel que cruza mi camino, son buenos. Y que son buenos porque yo pienso que son buenos. Y no puedo pecar de incauto o ingenuo, claro que uno puede tropezarse con personas que viven una vida de errores, pero eso es así porque fue lo que aprendieron, lo que les fue enseñado en el camino de la vida, naturalmente. Pero mis amigas y amigos… todos son buenos. Todos tienen esperanzas, sueños, deseos -siempre- de ser algo mejor de lo que han sido. ¿Malos, irremediablemente defectuosos? No. Dios creó seres humanos completos, perfectos.

La principal “falla” (por llamarlo de alguna manera) radica en los sistemas educativos: el del hogar, el de la escuela, el de los gobiernos, el de los medios de comunicación masiva… Educan (o maleducan) para la competencia, para la agresión -sea física o verbal-, para la apariencia, para el hedonismo y los placeres… Es algo que inconscientemente hacemos (todos, yo no me excluyo) a diario. Y sobre la marcha nos engañamos o nos maleducamos a nosotros mismos. Por eso afirmamos ser felices o vivir derrotados, como consecuencia de la visión de la vida con que hemos “adobado” nuestra forma de pensar.

Olvidamos que el principal y esencial objetivo de la educación debe ser no solamente la de los “gestos” externos (eso que llamamos “modales”) que, claro, no están mal, sino la de educar (o educarnos) en cuanto a:

Los pensamientos, es decir, ¿qué escogemos pensar?, sobre lo que sea, pero en particular sobre los demás seres humanos.

El espíritu. ¿Hemos aprendido o hemos procurado aprender a educarlo?

La actitud ante la vida.

La solidaridad. Bueno, eso es algo para lo que se nos debió de educar desde la infancia.

Educación para no alimentar esos prejuicios que finalmente se traducen en discrimen y abuso.

El amor. No se nos educa para amar. No educamos para amar. Distorsionamos el concepto amor. ¿Te has preguntado alguna vez qué es eso?

La Fe. Tú lo sabes. Eso es fundamental. Pero sin caer en el error de que “mi fe” predomina sobre la del otro.

La sensibilidad, sea humana, artística. En muchas culturas se enseña que la sensibilidad es “cosa de pendejos” (gracias por entenderlo).

El autoconocimiento. O reconocimiento de aquellas cosas que necesitamos corregir de nuestra formación, pensamientos y actitud ante la vida. Eso es, me parece a mi, fundamental.

Pero seguimos preguntándonos… ¿Qué nos pasa, Puerto Rico? Yo diría: “Mundo, ¿qué estamos haciendo mal y qué vamos a hacer al respecto?

José Manuel Solá Gomez

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