tumba 1

El recluta

Edwin Ferrer

Para un hombre cansado de tantas guerras Salinas es un oasis, un remanso encantador. El extensa planicie azul salpicada de gotas de algodón, el paso gracioso de las nubes cargadas por el viento, el rugir constante del mar, el centelleo de las estrellas en la noche, en fin, un cuadro de colores para distraer el alma sin cansarla nunca.

Antes de ser espiritista Chimino Abu–Dabi se distraía contemplando las formas esbeltas del Rio Niguas a las que los golpes de agua le imprimían oscilaciones armoniosas que grabadas en su memoria le sirvieron para perfeccionar sus facultades mentales. En especial, el gusto de entrar y salir de su cuerpo cuando le diera la gana.

De su altar brotaba, sobretodo, un placer misterioso que atraía al que ya no tenía ambición ni curiosidad en contemplar las bellezas de su pueblo y acudía donde el reclutador espiritual para buscar la forma de entrar en el ejército americano.

Tendido en el malecón apoyado de sus codos y moviendo el cuello de lado a lado observaba todos los movimientos de los que iban y los que venían con un solo fin: El de ser enterrados en la fértil tierra de “La Isidora” que los vio nacer.

©Edwin Ferrer

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