pollitos de coloresOcurrió hace muchos años mientras los niños disfrutaban las vacaciones de verano. Cuatro hermanitos recibieron de regalo un pollito de color para cada uno. El padre trajo a la casa las nuevas mascotas en unas bolsitas de papel con rotitos para que pudieran respirar y evitar que se asfixiaran.

Los pollitos recibieron trato especial. Desde alimento adecuado hasta dormitorios hechos de caja de zapato para que durmieran cómodos; cada pollito tenía su habitación. Los niños se deleitaban escuchando el “pio, pio” de los nuevos miembros de la familia y hasta los corrían por toda la casa para ver cuál de los pollitos era el más veloz. Pero, lo que nadie imaginó fue que a pesar del amor y cuidado que se les ofrecía a los pollitos, su destino final terminaría tristemente por la natural curiosidad de uno de sus dueños-una niña voluntariosa quien quiso hacer más de lo que los pollitos realmente necesitaban.

Sucedió que una tarde, a la hora de la siesta, mientras todos dormían, la niña curiosa transporto a los pollitos hasta una pileta de concreto colocada detrás de las casas, al lado de la lavadora, lugar para iniciar los trabajos de limpieza del hogar y lavar ropa. Asumiendo que los pollitos tenían calor, y que un baño refrescante les vendría bien, la niña sumergió a los pollitos en agua y luego los echo a la lavadora. La niña en su curiosidad, prefirió hacerlo en secreto pues pensó que esto era lo debido y apropiado. Los pollitos tuvieron que dar muchas vueltas en la lavadora, pues para sorpresa de la niña, estos salieron mareados, vomitando, con los ojos al revés y temblando de frío. ¡Que tristeza! ¡Que dolor para aquella niña! ¡Y que crueldad para los pollitos!

Entre el llanto de la niña y el “pio, pio” desgarrador de los pollitos despertaron a todo el que estaban tomando la siesta. La madre y la abuela corrieron a ver que había sucedido. Cuando llegaron a la escena se dieron cuenta de lo ocurrido. La niña fue castigada y quedo en su cuarto por el resto del día. La niña seguía triste y lloraba diciendo, “es que yo quise refrescar a los pollitos porque tenían calor.” Pero los pollitos seguían como locos y arrebatados. Mientras tanto, la madre y la abuela de la niña trataban de salvar a los pollitos, pero estos perecieron antes de caer la noche. La niña lloraba de dolor por lo que hizo pero más lloraba por el dolor que causo a sus hermanitos y por la represalia que venía de su papa cuando este llegara a casa de su trabajo.

Antes de echar a los fallecidos animalitos al zafacón se les rezo un Santo Rosario de difuntos con todo y letanías, para ejemplarizar el respeto a la vida que merecen todas las criaturas del universo.

Maria “Charito” Ibarra