Los zancos

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por Pablo León Hernández

 
zanco1“Papi hazme unos zancos”, le pedí a mi padre sin muchas esperanzas de que me complaciera. El día anterior había visto a una persona montada en zancos caminando por la calle. Y me pareció muy curioso eso de caminar más alto que los demás por medio de dos piernas artificiales formadas por dos palos largos. “Hazlos tu”, me dijo como retándome con una sonrisa muy punzante.

Ese reto me diseñó una meta a corto plazo. No sabía cómo, ni tenía con qué, construir unos zancos como los que había visto y como los había mejorado con mi imaginación. Me dispuse a buscar la manera y en poco tiempo ya tenía dos palos largos, algunos tocones, unos clavos mohosos doblados y una piedra casi redonda para usarla como martillo de carpintero.

Después de muchas rabietas y machucones en los dedos, pude armar mis zancos con la aprobación de mi padre y la admiración de mis hermanos. Me sentía como un héroe de la construcción que había logrado realizar su proyecto.

El problema fue cuando intenté montarme en los zancos y mantenerme en ellos. Mis hermanos me ayudaron a subir varias veces y a levantarme del suelo cada vez que me caía. Había construido unos zancos con mis propias manos, pero no sabía cómo montarme en ellos para caminar. Mis hermanos me dijeron; “tu no sirves para eso…” y se rieron de mi con carcajadas burlonas, hirientes y ácidas.
Me propuse aprender, dominar el truco, pulir la técnica. Me dije en secreto: “si logro esto, podré lograr todo lo que me proponga en la vida”. Lo intenté muchas veces y muchas veces me desanimé por mi fracaso.

Ya estaba oscureciendo cuando lo logré. Pude caminar varios pasos a la vista maravillada de mis hermanos, me caí y volví a montarme. Una felicidad indecible inundó todo mi ser y una sonrisa de victoria pintó mi aura de luchador incansable. Me quede con la ansiedad de continuar cuando nuestra madre nos ordenó subir a la casa para dormir. Me pasé la noche desvelado, llamando la madrugada para que se diera prisa en llegar. Es una hermosa aventura del espíritu estar consciente de que has aprendido algo nuevo que marca tu vida para siempre.

Al otro día caminé en mis zancos haciendo alarde de mis destrezas y teoricé sobre la técnica zancústica. Di lecciones teóricas y prácticas sobre el arte de andar en zancos y pocos días después todos estábamos caminando en nuestros zancos recién fabricados por el niño más orgulloso del mundo.

© Pablo León Hernández, Ponce PR

Imagen: Spartaqus

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