Una reflexión sobre las relaciones de pareja y el matrimonio / Samuel Caraballo

El artículo original 4 mitos sobre el matrimonio que tu probablemente creas fue escrito por la afamada escritora Peg Streep, autora de 11 libros y un sinnúmero de artículos de diversos temas sobre asuntos matrimoniales, y publicado en la revista Psychology Today, de julio del 2014 (www.psychologytoday.com/blog/tech-support/201407/4-myths-about-marriage-you-probably-believe). Al leer el artículo creí prudente reflexionar sobre el mismo y compartir el producto con mis lectores. Es mi esperanza que al leer este escrito nuestro entendimiento sobre la vida matrimonial se amplíe.

La autora presenta cuatro creencias generalizadas que no pasan el cedazo de la investigación. Un mito consiste exactamente en esto, ideas o creencias que no han sido corroboradas por una investigación arbitrada, y que se aceptan como verdaderas. Estos 4 mitos, que son aceptados por muchos, sin considerar su peligrosidad para el funcionamiento balanceado de la vida matrimonial, son los siguientes:

Vivir juntos antes del matrimonio es una buena idea.

Aunque esta creencia está generalizada en cierto sector de la sociedad, la evidencia la contradice. Las investigaciones de Judith Treas and Deidre Giesen (2000), revelan que las personas que previamente al matrimonio han convivido tienen una probabilidad de 39% más a la infidelidad que los que no lo han hecho. De hecho, la investigación demuestra que el vivir juntos sin formar un matrimonio afecta la concepción de lo que es el compromiso matrimonial en los individuos. Esta aparente distorsión del compromiso matrimonial puede hacer que las personas que han cohabitado antes del matrimonio sean más propensas al divorcio, que quienes no lo han hecho.

Discutir es normal y saludable en la relación matrimonial.

Las investigaciones de Frank D. Fincham & Thomas N. Bradbury (1992), demuestran que en las parejas con altos niveles de estrés, los conflicto matrimoniales son percibidos como producto del egoísmo o de la insensibilidad de la otra parte. El estrés producto de constantes discusiones distorsiona las verdaderas causas del mismo conflicto. En los matrimonios saludables y estables los eventos negativos que se suscitan se minimizan y se buscan causas externas para explicar el conflicto, más que la pareja acusarse mutuamente. Para John Gottman (1994), en su libro Why Marriages Suceed or Fail, lo más importante en una discusión matrimonial no es realmente el motivo, sino el cómo se discute. Hay cinco “jinetes del apocalipsis” en todo matrimonio que hay que evitar:

(a) La crítica o atribución—en lugar de enfocarnos en la acción ocurrida, nos enfocamos en la personalidad de la otra parte.

(b) La contienda, que consiste en intentar herir la estima de la otra parte.

(c) Ponerse a la defensiva, que consiste en evadir la responsabilidad que se tiene por medio de excusas sin sentido.

(d) Asumir una postura de indiferencia o de “todo me resbala”. En esta postura queremos demostrar que somos pasivos, cuando realmente somos muy agresivos. No decir nada, irnos a leer el periódico, o escapar del lugar, es peor porque marginalizamos a la otra parte y sus sentimientos.

Esta bien que las parejas sean diferentes

Aunque ciertas diferencias son necesarias, grandes diferencias representan un serio problema. Hay diferencias que son dañinas a la salud marital y difícil de parear. Es importante entender que los “yugos desiguales” que las Sagradas Escrituras mencionan se refieren a personas con diversas visiones de la vida, de la fe, de valores y de conducta. Estas diversas visiones de la vida, hacen que la pareja, aunque tenga metas comunes, sus acercamientos a estas sean diferentes, generando en ocasiones conflictos que hacen insostenible la vida en pareja.

El historial de las pasadas relaciones de mi pareja no es importante.

Contrario a esto, el historial de relaciones amorosas de la pareja es muy importante, porque se pueden establecer ciertos estilos de conducta que se perpetúan, afectando las relaciones matrimoniales posteriores. Inclusive, hay prácticas que por su persistencia se incorporan a la personalidad del individuo y tienden a fijarse de manera inconsciente a través del tiempo formando un patrón. Treas & Giesen (2000), entre sus conclusiones han encontrado un patrón que nos debe alarmar; por cada pareja sexual que se tenga después de los 18 años, la posibilidad de infidelidad se incrementa en un 1%.

Sin embargo, en lugar de lamentarnos por el historial emocional de su pareja, haga lo mejor posible, por identificar cuál o cuáles han sido esos patrones adversos que se han fijado, tanto en usted como en su pareja, y comprométase a trabajando juntos para el cambio. Las neurociencias nos han enseñado sobre la plasticidad o maleabilidad del cerebro, y la gran posibilidad de que los patrones de conducta fijados a través del tiempo puedan ser cambiados con la asistencia de Dios y ayuda profesional. El compromiso está en luchar juntos para hacer real el cambio y que estos cambios fortalezcan la relación matrimonial, haciéndola más balanceada y feliz. Muchas bendiciones.

Referencias básicas:

Fincham, F. D. & Harold, G. T. (2000). The longitudinal association between attributions and

marital satisfaction. Journal of Family Psychology, Vol.14, no.27, 267-285.

Gottman, J. (1994). Why marriages succeed or fail. New York: Fireside.

Treas, J. & Giesen, D. (2000). Sexual infidelity among married and cohabitating Americans.

Family Relation 55 (October, 2006), 499-509.

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