Caribe: Historia de un niño boricua que se convirtió en un adulto ejemplar

por Dante A. Rodríguez Sosa

Luis Fermín Font, nació el día  24 de agosto de 1913 en Ponce, Puerto Rico, según consta en el Libro 53 de Bautismos, al folio 319 con el número marginal 936. Ofició el sacramento el presbítero Jerónimo Salazar, ante la presencia de Pedro Arroyo, quien ejecutó como padrino y Micaela Noguera como madrina. Su madre fue Isabel Font, natural y vecina de Ponce y su abuela Ramona Font. Todo lo anterior según consta en el certificado de bautismo expedido por la parroquia de la Catedral de Nuestra Señora de La Guadalupe en Ponce, Puerto Rico el día 5 de octubre de 1942, por el reverendo padre Rafael Azurmendi, encargado del Archivo Parroquial. Curiosamente, el bautismo se llevó a cabo el 22 de julio de 1916, fecha coincidente con la celebración de la fundación del pueblo de Salinas, lugar donde residía cuando falleció el 9 de marzo de 1989.[1]

Luis Fermín Font se apodaba Caribe, pero se desconoce hasta el presente tiempo y lugar, del origen que tuvo el apelativo por el que se le conoció en Salinas. Puedo decir con orgullo que me cuento como uno de los miles de amigos íntimos que forjó Caribe a través del los mucho años que vivió en Salinas.

Don Cari, como se le conoció a edad ya madura, me contaba que llegó a Salinas siendo niño por vía de unos parientes que residían en el barrio Coquí. Pero como pudo comprobarse más adelante, en el interior de aquel niño existía desde entonces un ser humano plenamente desarrollado emocional y espiritualmente, totalmente equilibrado, preparado para la vida que libremente escogió vivir.

Así fue como a corta edad decidió independizarse de su parentela para dedicarse a trabajar y ganarse el sustento personal. Ese acto de libertad primario, marcó la pauta que le caracterizó durante toda su vida. Fue un acto de valentía y de dignidad que se llevó al alma hasta su última respiración. Esa temprana decisión marcó el carácter para lo que fue una vida ejemplar, digna del mayor encomio y respeto.  Y sobre todo, digna de exaltar como modelo fundamental para los jóvenes de estos nuevos tiempos, salvaguardando las naturales diferencias, a tenor de las oportunidades y circunstancias presentes.

La figura de Caribe es increíblemente vasta y ejemplar como se desprende de sus enfoques y actitudes en torno a las diferentes facetas que permean la existencia de cualquier persona interesada en vivir intensamente. Veamos el testimonio que nos revela su propia vida y su ideario recogidos en esta reseña.

Caribe: salinense por propia elección

Caribe llegó a Salinas desde Ponce siendo apenas un niño. Orientado por su madre, que tenía parientes en el barrio Coquí de Salinas y a la vez atraído por la esperanza de lograr un trabajo en la central azucarera de Aguirre. Tiene que haber sido entre 1925 y 1928, pues solía hablar de sus experiencias en el pueblo durante el paso del huracán San Felipe. Entonces podemos pensar que su estadía en El Coquí, aquella barriada obrera surgida al pie del coloso azucarero, fue muy breve.

Caribe: defensor de la música puertorriqueña y clásica

A pesar de su natural tendencia a fanatizarse con lo que le parecía genuinamente correcto, Caribe nunca tomó partido en asuntos de naturaleza político partidista, ni se le conoció afiliación política alguna. Sin embargo, su vida estuvo predicada en el más acendrado amor por todo lo que significara ser buen puertorriqueño y por el respeto que profesaba  a todos  los contornos culturales que ello conlleva. Cuando se hablaba de música, predicaba su afición por la música clásica y la valoraba como expresión de los hombres a nivel mundial.

Su presencia relevante, la noche que se presentó en la Plaza de las Delicias de Salinas la Orquesta de Somohano, fue aclamada y resaltada por todos los presentes, especialmente por el Lcdo. Vicente Ortiz Colón, quien fue instrumental para la presentación de esos músicos, como parte de los espectáculos de las fiesta patronales en honor a la Virgen de La Monserrate.  La danza puertorriqueña como expresión musical suprema de Puerto Rico, tuvo su mejor romance con Caribe, particularmente las danzas de su compueblano y tocayo Luis Morell Campos, aunque conocía y valoraba los otros compositores.

Padecía de un cierto rezago lingüístico al emitir las voces del lenguaje, pues lo hacía sustituyendo la letra “D” por la “R” o la “T”  y también cargando de muchas “D” cualquier palabra, con una cierta gaguera muy característica de su persona. Nunca creí que se tratara de una enfermedad o trastorno físico, puesto que se desenvolvía excelentemente en el contenido de su expresión lingüística. A manera de ejemplo, señalo la sustitución de Cadive por  Caribe; amididigo por amigo; codazón  por corazón; enamodado por enamorado; fododonda por fonda y así sucesivamente.[2]

Caribe-(1)

Foto por Félix Ortiz Vizcarrondo

No obstante esa dificultad lingüística, lo escuché cantar con perfecta afinación y maestría las danzas Felices días, Bajo la sombra de un pino y otras muchas. Me encantaba cantar a dúo con  Caribe, haciéndole segunda voz, la danza Mis amores y su preferida, Violeta, de la  autoría de mi profesor de música en la Banda de la Universidad de Puerto Rico, don Rafael Alers. Mi querido compadre Arquímedes Sánchez, conservaba una grabación de Caribe cantando la danza Violeta, que era una joya de interpretación. Caribe cantaba y bailaba las danzas con gran soltura y maestría.

Le encantaba escuchar las controversias entre trovadores puertorriqueños y no fallaba en ir a escucharlos en los concursos de trovadores que se celebraban en las fiestas patronales  que se efectuaban en la histórica Plaza de las Delicias, que es el nombre por designación oficial, en tiempos de su construcción.

Caribe se identificaba con todo lo que definía nuestra identidad de pueblo y nunca toleró ofensas a nuestra dignidad nacional. Un incidente que marcó su vida fue el que suscitó el charro mejicano, Jorge Negrete, en una visita que hizo a la isla a finales de los años 1940. El actor se encontraba en su época de gloria y fue recibido en Salinas y en todo Puerto Rico por multitudes delirantes, entre las que se destacaban las féminas boricuas.

Creo que fue en Salinas que al famoso artista mejicano se le salió decir en un momento en que un grupo de mujeres lo acorralaban para tocarle: oigan, ¿en Puerto Rico no hay hombres? Ese exabrupto bastó para que Caribe montara en cólera.  Fue como la cólera de Aquileo en la Ilíada, sólo que en sentido inverso. Siempre quiso batirse en un duelo con Negrete. Tanto es así que cuando alguien quería enfadarlo le llamaba ¡Negrete! Esa era una ofensa directa al alma de Caribe y en varias ocasiones hubo quienes se ganaron su pescozada.

Sólo existió una persona a quien Caribe le toleró todo. Ese fue Amadís Lugo Medina. Caribe amaba a Amadís. Desde muy niño entablaron una amistad casi de padre a hijo.  Amadís siempre le decía que su hermana Dignita iba a ser su novia. Eso hacia que Caribe sonriera, pues estaba refiriéndose a una de las niñas más elegantes y bellas del pueblo en aquella época. Pero casi de seguido, Amadís le decía que él se parecía a Negrete y Caribe, aunque se molestaba y expresaba su disgusto, se lo toleraba. Amadís también solía tocarle la cabeza y la cara, al mismo tiempo que le decía frases de cariño. Era un verdadero espectáculo de dos seres en armonía. Cuando Amadís falleció en un accidente automovilístico que ocurrió en la carretera número 1, en una curva cerca del negocio La Concha, la vida de Caribe se trastornó para siempre. El sufrimiento y tristeza de Caribe no tuvo consolación.

Caribe: deportista sin dobleces

Caribe fue un fanático de  los deportes, particularmente del béisbol. Durante su juventud se distinguió como cátcher en diferentes equipos. Otra faceta fue la de boxeador  aficionado, deporte que practicó por algún tiempo. Conocía  la trayectoria de cuanto boxeador se destacaba, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. Como un dato curioso, señalo que sus amigos solían enfadarlo, sacándole en cara una pelea famosa que se escenificó en Salinas. Fue una cartelera de  boxeo que incluía como atracción principal el enfrentamiento de Caribe con Pedro Mangual, un forzudo negro del barrio Coquí.

La pelea se estaba desarrollando bastante pareja, pero la gente insistía en pedirle a Caribe más coraje y más acción, gritando su nombre como es la costumbre. CARIBE! CARIBE! CARIBE! De pronto Caribe recibió varios golpes fuertes que lo llevaron a la lona y cantaron “knockout” de diez segundos. Los que presenciaron el encuentro, siempre le alegaron a Caribe que no lo noquearon, fue que él se tiro al piso. Otros debatían que lo achocaron en verdad, pero que el árbitro, para ayudarlo le contó hasta un minuto, pero que era él quien se negaba a despertar para asegurarse que la pelea terminara.  Ese era el gran dilema que siempre le traían a colación a Caribe en animo de perturbarlo, molestarlo y de verlo enfadado.

Recuerdo de niño la figura de Caribe. Cuando tenía como cinco años, vivía en una casa de madera propiedad de mi madre, en la calle de Cayey. Justo al lado estaba la tienda de Yayo, localizada en el zaguán del edificio de mi mamá, Tilita. Caribe era un asiduo cliente de la tienda de Yayo, donde acudía a escuchar por radio los juegos de pelota y las peleas de boxeo. Allí escuché una discusión entre Caribe y Francisco (Cico) Navarro. Cico insistía en que Caribe se tomara un refresco conocido como Coco Rico. Caribe se negaba de forma iracunda, alegando que contenía alcohol. Cico le argumentaba lo contrario. Entonces Caribe, que era analfabeta, tomó una botella de Coco Rico vacía y acercándose a Cico le inquirió con gran seriedad lo que informaba la etiqueta grabada en el cristal de la botella: ¿Y qué dice aquí?  Cico se calló.

Con el correr de los años pude comprobar que ese refresco contenía alcohol. Caribe sostenía que el alcohol era  muy dañino para la salud y por tanto  no era apropiado para quienes pretendían  practicar deportes. Fue un abstemio toda la vida y más aún, predicador constante contrario a su uso, a todos los niveles de edad.

Otro lugar al que acudía Caribe a escuchar los juegos de pelota y peleas de boxeo, lo fue la famosa tienda de Juan Martínez en la calle Cayey, hoy calle Luis Muñoz Rivera. Allí tuve la oportunidad, siendo muy niño, de escuchar con Caribe la famosa pelea entre Rocky Marciano y Joe Walcott. Nunca se me olvida. Caribe seguía el dictamen de su raza negra, y Walcott era negro.

Como seguidor del béisbol profesional del país, Caribe fue un fiel fanático de los Senadores de San Juan. Para entonces, el 99% de los salinenses eran fanáticos de los Leones de Ponce. Contadas eran las personas que favorecían otros equipos.

En esa época, el que proyectaba las películas en el Teatro Monserrate era Cruz (Cheche) Ortiz. A Caribe le gustaba ver las películas desde la última fila del gallinero. El gallinero eran unas gradas sin asiento donde acudían los de menos recursos económicos.

La gente de los campos, que se excitaba al extremo según ocurrían los acontecimientos en la película, tenía ese lugar como su preferido para soltar sus gritos, risería, palabrotas contra los villanos de la película y desgarradores consejos al muchacho o muchacha de la película. Como mi madre y mis hermanos vivíamos frente al cine,  o Teatro Monserrate, nos lográbamos ese tipo de espectáculo sonoro. ¡Corre que te cogen! ¡Corre, corre, corre! ¡Mira  patrás! ¡Mira patrás, que te van a empujar!

Para llegar a la última fila, Caribe tenía que subir como15 escalones y sentarse en el cemento pelao. Previo al comienzo de la película Cheche acostumbraba tocar discos con canciones de moda y danzas. Cheche estaba pendiente a que entrara Caribe, y cuando comenzaba a subir los escalones, sonaba discos que sabía agradaban a Caribe. Pero una vez que él subía todos los escalones y se sentaba, Cheche rompía a tocar la plena de Ponce, que era el himno del equipo ponceño. Caribe, que era un acérrimo oponente del Ponce Leones, montaba en cólera y salía del lugar, para sólo regresar al momento del comienzo de la película. Aquello era un espectáculo de pueblo, pues todo el mundo celebraba el asunto como una expresión romántica de pueblo.

A mí personalmente, me encantaba sentarme al lado de Caribe a ver las películas de vaqueros del oeste americano. El ceremonial durante la película era único. Todo el mundo compraba dulces, tales como tirijala, besitos de coco, marrayos, maní tostado con cáscara, crispe, chicles Adams de menta y de fruta, y toda clases de dulces. Caribe no era dulcero: llevaba al cine carne frita con tostones y nos daba un pedacito de cada cosa a mitad de película. De cuando en vez, un envidioso gritaba a jarro de boca: ¡CHUÍTO, ESTÁN COMIENDO CARNE FRITA! No sé si era por el olor sagrado que se esparcía, o como una protesta por el desentono que representaba al ceremonial de dulces, que duraba toda la película.

Caribe era amigo de todo el mundo, pero tenía unos privilegiados que podían retarlo y bromear con él. Recuerdo sus discusiones con Rogelio Pérez, quien siendo pitcher del equipo de Ponce, le sostenía a Caribe que él no le aguantaría la bola cachándole. El reto lo pude presenciar. Rogelio tirando con todo lo que tenía y Caribe gritándole que tirara, a ver si era verdad que lo iba a llevar a Ponce con un lanzamiento. Fueron unos amigos entrañables. Así también fue con Pedro Mangual, quien después de una ausencia de muchos años en Estados Unidos, vino a Puerto Rico y a quien primero procuró fue a Caribe. Era como hermanos. Siempre que Pedro venía, buscaba a Caribe.

Como fanático del béisbol aficionado, Salinas no ha tenido uno más leal que Caribe. Mencionaba con soltura el nombre de todos los peloteros y distinguía las cualidades de cada uno, según su apreciación.

Caribe: trabajador dedicado a la vida esforzada y sacrificada

Pocos ejemplarizan como Caribe la constante dedicación al trabajo duro y sacrificado. Los oficios principales que ejerció durante toda su vida así lo demuestran: estibador en los muelles, peón de camioneros, cargador de materiales de construcción  y así por el estilo. Recuerdo que trabajó con Miguel Cruz, apodado el Broco, quien cargaba mercancías desde los muelles en San Juan, para distintos lugares de Puerto Rico. Trabajó también con Juan Ortiz Lorenzi, con Juan Vega en el Salinas Lumber Yard por décadas; y con otros dueños de camiones.  Además, solía ser suplente cuando llegaba cualquier camión, sin peón para cargarlo o descargarlo.

Caribe era una especie de Sansón moderno. Su fama de forzudo se extendía por toda la isla. Cargaba hasta tres sacos de arroz  de cien libras cada uno, a la misma vez. Se decía que podía levantar y cargar un saco de arroz con los dientes.  Su afán por el trabajo era parte de sus naturales ansias de libertad y su odio a la dependencia. Nunca le pidió dinero a nadie, ni tampoco tomaba dinero prestado. Cuando ya estaba entrado en años, pasó a ser empleado del municipio de Salinas como guardián en el garaje municipal, en el sector Talas Viejas. Era el mudancero del pueblo. Cuanta persona tenía que mudarse, buscaba a Caribe. Era la persona indicada por sus destrezas y fortaleza. Cómo peón de camiones, llegó a conocer a Puerto Rico de rabo a cabo y hablaba con soltura de toda la zona de San Juan, pues una parte de su juventud la pasó en los muelles como estibador.

Caribe: reverente ante Dios y cristiano práctico

Caribe siempre vivió en absoluto desapego por las cosa materiales y en desacuerdo con los convencionalismos sociales. Sus pertenencias fueron siempre las básicas: un mahón azul intenso y una camiseta blanca  para el diario vivir. Guardaba en algún lugar especial un gabán y pantalón negro, una camisa blanca y una chalina negra. Tenía también guardados unos zapatos negros.

Caribe era un ferviente creyente cristiano con un profundo apego al catolicismo romano. Su participación en las procesiones y ritos católicos de la Semana Santa fue por décadas una tradición llamativa, pues en las procesiones de Viernes Santo, La Soledad y del Domingo de Resurrección, eran las únicas ocasiones del año en que usaba esa indumentaria y se ponía zapatos, lo cual consideraba un sacrificio. Vestía de gala una vez al año para asistir a las actividades de Semana Santa, particularmente la procesión de Viernes Santo.

Procesión con Caribe

Foto en Colección de Alberto Santiago Cruz

La presencia protagónica de Caribe cargando el santo sepulcro era esperada por todo el pueblo de Salinas. Su presencia en el acto, junto a las personas acomodadas y con los profesionales: abogados, doctores, comerciantes y otros exponentes de sociedad salinense, resaltaba como una expresión de cristianismo práctico, significando la igualdad de los hijos de Dios y el destino inexorable de igualdad ante la muerte.

Nunca lo escuché hablar mal de nadie, ni en broma ni en serio. Tampoco fue portador de rumores ni de habladurías. Tenía un sentido muy agudo de la justicia y nunca patrocinó los abusos. Por eso, los llamados guapos de barrio siempre se le acercaron con docilidad y nunca le faltaron el respeto. Recuerdo la proverbial exquisitez y pleitesía que le rindió Johnny Manzanet, desde los días tormentosos de su juventud hasta su época  más dorada en la ciudad de New York, donde lo llevó y presentó como su ídolo y modelo de persona. Increíble pero cierto, Johnny, al igual que todos los que conocimos a Caribe, lo llegó a querer y respetar como un ser humano muy especial.

Caribe caminó descalzo toda su vida y vino a usar zapatos diariamente casi al final de sus días, cuando las autoridades del Departamento del Trabajo, en un rapto de poder se lo exigieron como condición para la permanencia en el empleo.

Caribe: ejemplo de comportamiento cívico y virtuoso

La plaza de recreo de Salinas fue por muchísimos años como una especie de universidad de la vida. Lo comprueba el desempeño que dieron a sus vidas los innumerables jóvenes que allí estuvimos matriculados en diversas capacidades. Edelmiro mi hermano, reseñó en un artículo publicado recientemente, la participación de los limpiabotas en esa universidad. De ella nos graduamos el Lcdo. Rolando Cruz, el Lcdo. Edelmiro José Rodríguez Sosa, el  profesor Carlos Ortiz, Rumildo Cruz, Joaquín Torres, apodado Tincy, y otros limpiabotas que no recuerdo. También eran partícipes de las tertulias, el arquitecto Luis Colón, Víctor Espendez Lucchesi,  el ingeniero José Tomás (Q) Vázquez, y otros.

Sobresale la presencia de Caribe como maestro de la vida para todos nosotros. Un soñador empedernido, contador de historias fantásticas, en las que casi siempre el héroe era él. Un héroe aliado de las fuerzas del orden, despegado totalmente de los delincuentes a quienes despreciaba. Amante de los valores más puros que definen al ser humano. Totalmente honrado, digno de la más absoluta confianza. Respetuoso de las damas, a los más altos niveles de confianza en un caballero. Amigo solidario en las buenas y en las malas. Nunca faltó a un velorio de un amigo o de aquellos de sus seres queridos, en aquellos tiempos donde había que amanecerse en la casa velando al difunto hasta el otro día.

Caribe: eterno maestro de la juventud salinense

Las virtudes de este gran ser humano que fue Caribe, una vez conocidas, impresionan.  Impactan sobremanera cuando se piensa en las limitaciones que imponía la precaria situación que le tocó vivir: la de un niño que se crió solo y sin familia. Conmueven cuando se considera que a pesar de las circunstancia, cultivó su propia existencia y sin saber leer ni escribir, llegó a ser un modelo de hombre trabajador, persona educada y ciudadano ejemplar.  Los que lo conocieron, reverenciaron su figura en vida, llamándolo Don Cari. Creo que si en algo Salinas puede honrar la memoria de Caribe es levantando un monumento al trabajador simbolizado en su figura.

[1] Encuentro Al Sur ofrecerá más detalles cuando se corroboré la información.

[2] Cabe la posibilidad que su expresión no se debiera solo a un trastorno del habla sino que tuviera relación con el idioma africano de sus ancestros.

©Dante A. Rodríguez Sosa

 

Dante 2014El autor es un maestro y abogado jubilado natural de Salinas. Además de cantante y bohemio fue legislador y miembro de la judicatura de Puerto Rico. Ha escrito diversos artículos relacionados con la vida y los personajes de su pueblo.

 

 

 

19 pensamientos en “Caribe: Historia de un niño boricua que se convirtió en un adulto ejemplar

  1. Dante te felicito por tu escrito al leerla me trajo gratos recuerdos de nuestro pueblo Salinas saludos hermano emocionado con el recuerdo..

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  2. Gracias por su comentario Olga, siga recordando y enviandonos sus recurdos, para deleite de los mayores y el conocimiento de los más jóvenes

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  3. Yo soy de SALINAS, y conoci a Amadis Lugo y a su hermana Dignita. Su mama Misis Lugo fue mi maestra en la escuela Palmer. Los padres de Amadis eran dueños de La Farmacia Lugo. Tengo muy bonitos recuerdos de SALINAS, tales como cuando Jorge Negrete fue a Salinas, Pepe el ciego quien tocaba las campanas de la Iglesia, el gobernador de Puerto Rico Luis Munoz Marin fue a Salinas a dar un discurso, la tienda Vardejuly Segarra, la farmacia San José y mucho más cosas que por ahora no recuerdo.

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  4. Felicito grandemente al Lic Dante que fue un amigo de mi padre Miguel Cruz, el broco.

    Recuerdo cuando joven que Don Cari iba mucho a la tienda de mi tío Félix Rivera, donde mi padre trabajaba. Allí se formaban tertulia con el señor Rubén Mistil y personas que entraban a la tienda. Don Cadí, como yo lo llamaba, era una persona muy humilde y una persona muy sabia al hablar. Recuerdo también que cuando trabajaba con mi padre en el camión cargando mercancía para los almacenes de Caribe Store en Aguirre. Mi padre me llevaba con él al almacén y yo veía como Don Cari llenaba la carretilla de sacos de arroz. Entonces me decía que me subiera encima de los sacos y me llevaba desde el camión hasta dentro del almacén. Me quedaba asombrado de la fuerza que el tenia.

    Lic Dante le felicito por el gran escrito sobre la vida ejemplar que tuvo Don Cari.
    Rafy Cruz

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  5. Cuando pequeño me acuerdo de el sentado dandole vueltas al lechon que asaban todos los sabados en el ya desaparecido Club Los Inseparables. Siempre se llevaba la cabeza. Persona buena y humilde

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  6. Emotivo relato de mi hermano Dante, el de un amigo que acompaño a Caribe hasta su morada final. Y que ahora, como es el empeño de todos, lo evoca para revivir sus dimensiones humanas más sublimes. Dante rescata una persona de la vida real del Salinas del siglo 20 y lo reviste de la mística de personaje legendario, iniciando un camino para futuras creaciones artísticas y literarias.

    Los que conocieron a Caribe saben que se ganó el respeto de todos, por una sencilla razón, porque nunca claudicó a los rasgos y principios que adornaban su personalidad.

    Precisamente las numerosas anécdotas que se cuentan de Caribe, tienen en general un denominador común: retar sus convicciones, retar sus lealtades, retar su orgullo personal. Ese juego de “crueldades” contra Caribe era motivo de diversión pero también generador de respeto y de profundos lazos de amistad.

    La pobreza lo acompaño siempre, como también ante mis ojos, lo acompaño la soledad. Pero el misterio rodea su vida. De dónde surgen ese carácter independiente, esos modales, ese respeto por la dignidad humana, esas convicciones, esos gustos educados. Qué papel, si alguno, jugó su familia, sus empleadores, sus amigos. Eso está en el tintero. Prontamente, en otro artículo que estamos preparando se presentara una breve mirada a sus ancestros.

    A Caribe lo quería todo el mundo en Salinas. Solía sentase descalzo en el banco de la esquina sur de la plaza, frente a la mueblería de Blas Buono. Allí, rodeado por los limpiabotas, iniciaba sus tertulias con todo el que se acercaba. Su apodo: Caribe, aunque tal vez surja como un eufemismo a su negritud por aquello de relacionarlo con los indios caribes, es también síntesis de lo que somos los caribeños, un glorioso mestizaje fraguado al calor de un doloroso e heroico proceso de cinco siglos.

    Cierto que Luis Fermín Font se ganó el privilegio de representar en un monumento a todos los trabajadores y trabajadoras. Tal vez, en una talla de bronce en la Plaza Delicias, volvamos a ver a este hombre descalzo sentado en el banco de la esquina.

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  7. Excelente historia, recordé a Kiko, que gagueaba cuando hablaba español mas sin embargo, cuando cantaba, era unos de los mejores exponentes de la música rock en ingles, quizás uno o el mejor interprete en P.R.

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  8. Wow yo no tuve el honor de conocer este Sr. pero escuche su nombre . Muy bonito ese relato Dante, me emocione cuando lei el nombre del papa de Tata Valero esa fue mi maestra tambien alguien menciono a Mr. Mictil ese fue mi maestro tambien. Y a usted Dante no lo conoci personalmente pero se que es muy conocido en mi pueblo. Mis respetos para usted. Eso son historias que valen la pena leer. Quiero leer mas historias de Salinas. Aunque estudie en Sabana Llana no recuerdo haber aprendido nada de Salinas. Gracias…….

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  9. Muy bonito Dante, Mis recuerdos, de Don Cari fue cuando Chegui Torres ganó, Don Cari, cumpliendo una promesa camino hasta Ponce y yo tenia como 12 años me fui con el sin permiso de mis papas. El se preocupo mucho de mi que consiguió que me llevaran pues yo esta bien casado. Luego al pasar del Tiempo fuimos compañeros de trabajo en el Municipio. Entube leyendo que cuando tuvo la pelea con Mangual, Papi le pago, creo $1.50 por la pelea.

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  10. Don Cari, caballero entre caballeros. Tuve el enorme privilegio de contar con su amistad. Llego a residir cerca de mi casa en la calle Degetau por bastante tiempo. Su buen sentido del humor y su increible sabiduria se la transmitia a las personas de forma unica.. Me llamaba Guduilian y recuerdo que cuando yo era integrante del Grupo Panderos, en unas fiestas patronales, Don Cari se subio a la tarima a cantar su danza Violeta y lo acompaño Ricky Martinez con el acordeon. Ya ustedes se imaginaran el enorme aplauso que recibio. Una vida limpia y ejemplar de principio a fin.

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  11. Recuerdo frecuentemente al Salinas del ayer con mucho cariño y al leer este relato me transporte a mi niñez y recuerdo a este señor. Este escrito me conmovió mucho y me llenó de alegría tan maravilloso reconocimiento a una persona tan especial.

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  12. Dios bendiga el don que le regaló a Dante. Leer su escrito es como ver pasar por tu mente la película de la parte de nuestra vida en Salinas. Era pequeña pero recuerdo que mi padre, Clemente Llovet Martínez, mi madre Priciliana Bisbal Semidey y Tio Vice, Vicente Ortiz Colón, me llevaban a todas esas actividades aquí descritas. El cine, el parque de Pelotas, la Guaguita… Caribe nos hizo las 3 mudanzas que tuvimos. Pero lo que nunca olvido es que un día, paseando por la plaza, le pregunté a Caribe porqué no usaba zapatos y que tuviera cuidado de no cortarse los pies. Me miró con una dulzura que siempre recuerdo y al otro día se puso los zapatos para que yo lo viera. Todos en la familia recuerdan el día que Anir hizo que Caribe se pusiera zapatos y yo vivo orgullosa de eso.

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  13. Muy bonito relato Dante. Llevo residiendo en Chicago 44 años soy natural de La Carmen y siempre considere un privilegio para mi el poder decirle “buenos dias Don Cari” cada vez que yo bajaba al pueblo y me encontraba con su persona. Tremendo ser humano.

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  14. Buen dia, regresar al pasado, preservar nuestra cultura a nuestros hombre y mujeres de Salinas. Gracias Dante, de niño y joven las tertulias con Don Cari estaban relacionadas al jabón AZUDUDUL (Azul) que el utilizaba. Su caminar era de Grandes Ligas elegante lento con mucho estilo asi lo recuerdo. Gracias otra vez. Dante muchas gracias.

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  15. Tremendo recuerdo me trae a la mente cuando era jovencito y conocí a don Caribe. Me acuerdo que Don Tomas el barbero, bromeaba mucho a don Caribe, como el gagueaba no le salían las palabras, y se iba, Dios lo cuide donde quiera que se encuentre. Son muchas las anécdotas con Don Caribe

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  16. La mejor literatura, la que se proyecta y proyecta es siempre, a lo mejor debí ponerlo en mayúsculas, lo cotidiano. Esa sencillez compleja del día a día. La que nos habla del entorno, de aquellos personajes que nos definen y nos afirman, de sus luchas, sus logros, sus angustias y de como su recuerdo pudo pasar el cedazo de la Historia.
    Destacarlos, plasmarlos en nuestros escritos para que sus nombres vuelvan a tener resonancia es asunto de escritores serios. Eso enaltece y nos enaltece.
    Cuando comencé en esto del Internet, adopté el nombre de DON CARI en honor a ese hombre que hoy Dante, mi amigo y mi hermano Dante, tan magistralmente plasma en sus escritos. Lo hice respetando su dignidad y esperanzado en que mi paso por este medio estuviese a la altura de su paso por la vida. Si no lo he logrado, sigo tratando.
    Gracias Dante por este tesoro de información. Eres grande Dante. ¿CUÁNDO NUESTRO PUEBLO RECONOCERÁ, como los pueblos maduros reconocen a sus héroes, TU VALÍA?
    UN ABRAZO Y GRACIAS.

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  17. Dante este es tu mejor escrito y de hecho se nota que no utilizaste bolígrafo para hacer esta aportación…utilizaste tu corazón … Conocí a Caribe también y con esta joya que nos ha dado realmente regrese a mis años de juventud donde también pude en algunos momento coincidir con Amadis, Titi Pérez, Mictil, y muchos amigos mas para los cuales Caribe era un tipo de héroe y comprobar como adoraban a este ser humano. Recuerdo muy bien una anécdota de Caribe en donde él decía que también tenía sus momentos de ser blanco, refiriéndose a cuando tenía que descargar un camión lleno de sacos de cemento y en la faena terminaba su cuerpo totalmente cubierto del mismo. Dante hacia tiempo que no nos deleitabas con tus escritos, pero ahora nos regalas una verdadera joya que para mi es digna para ser parte de una antología.

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  18. Historia de una vida hermosa relatada muy humanamente. No pude dejarla hasta el final. Así son los héroes de lo cotidiano.

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