Marioantonio Rosa delata a José Manuel Solá

José Manuel Solá: de todas las páginas
por Marioantonio Rosa

“En el ojo humano, la intensidad de la presencia humana se concentra
de manera singular y se vuelve accesible. El universo encuentra su
reflejo y comunión más profundos en él. Puedo imaginar a las montañas
soñando con el advenimiento del ojo humano. Cuando se abre, es como
si se produjera el alba en la noche. Al abrirse, encuentra un mundo nuevo.”
El ojo es como el alba
John O’Donohue

chesolaEl ojo del poeta. El singular, el primero y el postrero. El ojo deshabitado de cualquier toque que le desvíe a su encuentro con el universo. El ojo, como un alba, una iniciación, una apertura dispuesta a surtirse de símbolos, hábitos, senderos, sensaciones, dolor y paroxismo, amor o soledad, o solo, contemplación.

Durante la escritura de estas líneas, o esta travesía por el ojo de un poeta de la estatura de José Manuel Solá, muchos ojos suelen visitar a las letras. Voy a la distancia, José Clemente Orozco, muralista y litógrafo mexicano. Un ojo creador esencial en todos los manifiestos del arte contemporáneo. Nunca me ha abandonado el impacto de su magistral “El Hombre de fuego” mural elevadísimo en la bóveda del Auspicio Cabañas de Guadalajara. Allí, está el ser enfrentado a sus elementos de nacimiento, fuego, agua, aire, totalidad. Se ha dicho que significan un compendio de la filosofía humanística de su autor, que parte del origen y desarrollo de América y del mundo, la lucha por la liberación de México, el todo de un ojo que no solo se limitó al entorno de una patria, sino que más allá, Orozco retrata la condición humana; se interesa por valores universales y de ahí que sus imágenes más características comuniquen la capacidad del hombre de controlar su destino y su libertad ante los efectos determinantes de la historia, la religión y la tecnología.

Un poeta que todos los días camina con nosotros, Luis Palés Matos. Un ojo redivivo, actual, contundente. Su poema “Pueblo” no desaparece, por el contrario nos muestra la estampa repetida, quizá ahora más dramática de un caos que hemos hecho nuestro:

“¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo!

Sobre estas almas simples, desata algún canalla

que contra el agua muerta de sus vidas arroje

la piedra redentora de una insólita hazaña…

Algún ladrón que asalte ese banco en la noche,

algún Don Juan que viole esa doncella casta,

algún tahúr de oficio que se meta en el pueblo

y revuelva estas gentes honorables y mansas”.

¿Hay alguna diferencia? Tenorios curtidos de oscuridad, tahúres armados dispuestos a disparar en una avenida repleta de autos, o en un finísimo centro comercial, no importa el costo, solo la “tarjeta” y nada más, así, ebrios en una insensibilidad resistente a Dios y a las oraciones. Esos dos ejemplos, nos llevan a la médula que inicia esta entrevista: el ojo del artista de frente al mundo.

Si tomo entonces estas palabras de Donohue que el ojo sencillo, ciudadano de sensaciones y de vida, es un alba que se extiende y descubre, entonces el poeta en su elemental pureza de expresión sin contar qué rumbo o qué diatriba adquiera, es el rayo, la conciencia y la memoria. José Manuel Solá, “Ché” Solá como le llaman muchos y como yo hace apenas unos meses he aprendido a llamarle es uno de los poetas más representativos del país. Una voz natural y auténtica, que se nos ofrece, da su vuelta, llega y nunca nos deja. En su punto de partida sus provocaciones, ese primer ojo que sea abre hacia el mundo nos comenta; “No sé… Creo que el angustioso proceso de estar vivo es suficiente provocación para la poesía y para otras cosas, claro.

Creo que, si recuerdo bien, los primeros poetas que capturaron mi imaginación (y estamos hablando de los años ’50) fueron los que escribían en el periodiquito “Escuela”, del D.I.P., que nos regalaban. Después, aparecen por ahí -con premeditación y alevosía- José Antonio Dávila, De Diego, Lloréns, Andrés Eloy Blanco y “un tal Neruda”. Pero mis primeros poemas, sonetos, realmente, fueron provocados por una niña llamada Évelyn, cuando pasábamos por las calenturas de los trece años…”

Su proceso creativo, su alquimia, su evento provocador a través del oficio del verso, se nos revela; “El proceso creativo obedece, en mi caso, a situaciones y experiencias del día-a-día. Puedo pasar semanas leyendo periódicos, novelas (Elena Poniatowska, por ejemplo) y comiendo arroz con habichuelas y corned beef… y no se me ocurre nada. Pero un buen día estoy tomando café y llenando un crucigrama y algo me golpea y no siempre sé lo que es. Entonces debo buscar mi cuaderno y ponerme a escribir… ¡es como un aura inesperada que se me salta y fluye por la tinta…! Tal vez a eso es a lo que llaman “inspiración”. Pero ahí termina o queda la inspiración; lo demás es trabajo y una dulce angustia que ni yo mismo comprendo: peso las palabras, las saboreo, las invito a bailar, las canto y así… hasta que se me rinden sobre el papel. Hay un solo tema y un solo motivo: el amor. Amor a todo lo que tiene vida. ¿El plan? No estoy seguro, tal vez está en mi subconsciente”.

Hay una óptica personal en cuanto a la confluencia entre la poesía y la narrativa. Afirma Solá que existe cohesión complicidad, tal vez; “Si, creo que hay una cierta complicidad entre la narrativa y la poesía. ¿Algo simbiótico? Ambas, si somos responsables, tienen algo que decir, que proclamar, que denunciar tal vez, que contar. Así ha sido con mucha de mi poesía y de la poesía de quienes considero mis maestros (aún siendo yo un estudiante pobre). Debe de haber cierto grado de narración en la poesía -para que sea humana- y debe haber poesía en la narrativa. Que de alguna manera conmueva al lector, que lo enamore, que lo haga encontrarse en la lectura. No siempre se logra, claro. Ambos géneros expresan, obedecen, al momento histórico, pues, obviamente, surgen de dentro de un contexto (cultural, lo que sea…) Ahora pienso, en este momento, que la poesía ha de ser denuncia y esperanza. Incluso, claro está, la poesía de amor, intimista…naturalmente”.

Le formulamos una pregunta usando la palabra “trayectoria”. De todas las páginas, el ojo llena su tránsito, de todas las páginas el ojo hace una trayectoria que lo obliga a interpretar lo descubierto, lo insólito, lo maravillado, lo sencillo, lo amado o lo triste, y así al ramaje de los términos se enriquece; “¿Trayectoria? Diría que he sido afortunado pues cuento con cientos de amigos de abrazos insobornables en muchos lugares. Sí, he recibido premios que agradezco, por ejemplo, la primera vez que me aventuré a participar en un certamen (auspiciado por la Federación de Maestros de P.R.); gané el primer premio en narrativa y el segundo premio en poesía; Edgardo Nieves Mieles, a quien tanto admiro, ganó el primero en poesía y el segundo en narrativa. Y he recibido reconocimientos hermosísimos en Uruguay, Perú… No los menciono por no pecar de presumido.

Nombres que no olvido… ¡son tantos! Betty Chiz, Roberto Bianchi, Virginia Bintz, Gerardo Almada, Nicolás Liberde, Graciela Genta (¡qué gran mujer!), José Guillermo Vargas, Luis López Nieves, Sandra Gaviría, Héctor Escalante, Marcos Reyes Dávila… Al respecto, permíteme citar un poema de Pedro Casaldáliga: “Al final del camino me dirán: / -¿Has vivido? ¿Has amado? / Y yo, sin decir nada, / abriré el corazón lleno de nombres.” Cada uno ha dejado algo tatuado ahí.

¿Cómo va nuestra Literatura Nacional? “Nuestra literatura -contra todo pronóstico- está en su mejor momento. Es así en toda Latinoamérica y Puerto Rico no es la excepción. Poetas y novelistas aparecen en cada esquina como por combustión espontánea. Talleres, editoriales, encuentros de creadores (necesariamente hay que incluir a los artistas plásticos, a la clase actoral)… Es maravilloso. Y aunque nos sintamos aislados, ocasionalmente y debido a nuestra particular condición de país ocupado, lo cierto es que la tecnología nos ha abierto a un mundo que nos parecía demasiado distante. Podemos conversar y hasta hacer trueques con artistas de Cuba, Brasil, Argentina, Indonesia, Grecia, Ukrania… ¡qué sé yo! y en una misma noche podemos leer, gracias al ordenador, a Horacio Huidobro y a Maya Angelou. ¡Claro que hay esperanza! Creo que los puertorriqueños estamos, en todos los sentidos, en la víspera del gran resplandor”.

El poeta acaba de publicar su último libro “Actos Vandálicos” bajo la edición del autor e impreso en Montevideo, Uruguay donde su poesía ha hecho luz y territorio, lo mismo ha sucedido en Chile, Argentina, Colombia y Venezuela. Litoral poético donde se escenifica la gran poesía de Las Américas. Un honor, un verbo, y un testimonio en manos de José Manuel Solá. El ojo está abierto en la lectura de “Actos Vandálicos” sucediéndose en mosaicos vivos, diáfanos, intimistas o existenciales, si acaso la poesía en su materia primera se rompe en la existencia, en el hervidero de símbolos que salen afuera a buscar luz, o esa alba del ojo trasmigrado:

Anda cantando a la lucha,

sal feliz a la vida,

con tu camisa alegre y tu mejor sonrisa

ve repitiendo flores y poemas,

ve a vestirte de sol;

comparte la alegría

y sal enamorado de todos los abrazos

que por ahí te esperan

del hoy y del mañana,

ah…sal enamorado de los cansancios buenos;

que el día se enamore de la canción que cantas

que todas las banderas te salgan al encuentro

que todas las miradas sean como de Dios

como del corazón de tus hermanos;

enarbola tu canto como bandera viva.”

 

Para salir a la vida

 Actos Vandálicos

Para mayor información sobre los libros de este gran poeta y sobre cómo adquirirlos escriba a : jose_m_sola_44@hotmail.com

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