La Rebelión de los espíritus: Luna muerta

por Edwin Ferrer

luna muertaPoco después de terminar la misa nocturna, Petra Lafontaine bajo las escaleras del malecón y al llegar al último escalón fijo su mirada en el cielo de La Isidora y notó que la luna estaba pálida y triste, una luna exangüe y yerta. Se le figuraba desvaída y muerta; como la imagen que vio a media noche cruzar la calle de la plaza del mercado en medio de una cabalgata de 100 caballos montados por jovencitos de diferentes edades.

—¡Quítate esa cosa de la boca!—Le dijo a un sexagenario que agarraba una medalla en la mano y lucía una perla en la lengua.

Luego vio a una señora de setenta con un tatuaje en el cuello y no dijo nada, pero abrió los ojos y la miró fijamente,  y a la jovencita que la escoltaba.

Cruzando el Rio Niguas se encontró con un sapo concho lleno de verrugas y lo cogió en sus manos.

—No cambies tu ser, algún día serás un alcalde, más no seré yo quien te dé un beso, no creo en política.

Luego se dirigió a su pocilga y encendió las velas de su altar. A eso de las doce de la noche tembló la tierra y todo quedó inerte y oscuro .Por la madrugada, alguien casi tumba la puerta de su casita. Cuando abrió, un joven de dieciséis años con una niña en sus brazos le pidió que la reviviera porque se había caído de un caballo. Ella la miró y al contemplar su rostro de luna dijo:

—Ya es muy tarde, se la llevó la primavera.

©Edwin Ferrer

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