Hierbas maravillosas / Aníbal Colón Rosado

Hierbas maravillosas

Ando tras la receta poéticahierbas
entre las mil hierbas milagrosas.
Y aunque las mismas no curen, suenen
sus nombres a preciosa retórica.
Despachad, por favor, milenrama,
ruibarbo y la hierba de San Juan.
Dadme también cáscara sagrada,
eucalipto y algo de azafrán.
Añadid marzoleto y papaya,
arándano rojo y equinacia.
Poned un poco de valeriana,
llantén, aloe vera o sábila.
Quisiera probar la matricaria.
el diente leonino y la magarza.
Servid sauce blanco, pasionaria,
alcazuz, regaliz y biznaga,
reina del prado y escutolaria.
Y para otras dolencias atávicas,
vengan el sello de oro, la casia,
el toronjil y la hemodoracia.
Agreguemos hidraste, melisa,
hierba de paloma, calamita,
hinojos, plátago, manzanilla,
cimifuga azul, rosamarina,
jengibre y cáñamo de la India,
acónito, frángula y ulmaria,
té de Paraguay, zarzaparrilla,
más calamento y alcanforina,
Me falta una pizca de espinera,
de palo dulce y corazoncillo,
pasto de búfalo y hierbabuena,
de palo bañón y salicino,
efedro, romero y aladierna,
agracejo, nébeda y tomillo,
hierba gatera y fina canela.
Aquí termina nuestro pedido
de la vegetación prodigiosa
que se presta, larga y generosa,
como para infundir un poema.

© Aníbal Colón Rosado

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