El Segundo Grito

Por Roberto López

Un vendedor de viandas conducía su camión hacia Salinas cuando del oscuro manto del cielo una hermosa estrella trazó su trayectoria hasta que lo arropó con su radiante luz. Una dulce voz le reveló el destino del pueblo.

“Se aproxima el grito contra la dominación colonial y el pueblo vencerá. Ve dile al gobernador que en lo que el pueblo se desenvuelve será necesario sustentar las necesidades alimenticias básicas con arroz y habichuelas”

El viandero así lo hizo y cuando iba rumbo a La Fortaleza lo invadió la codicia y decidió añadir bacalao al pedido de la hermosa estrella, porque donde hay bacalao abunda la vianda. Y no fue del agrado y favorecimiento de los astros.

El gobernador, que era un hombre bueno y justo, le dio audiencia al vendedor de viandas y creyó en el mensaje de los astros.

Al día siguiente encomendó al contralor para que abasteciera los almacenes del pueblo con millones de toneladas de arroz, habichuelas y bacalao. El contralor era avaricioso y con la ayuda de sus primos, amigos de infancia, tíos y de la madre que lo parió, corrompió el proceso de compra y suministro. Eso levantó las sospechas del gobierno federal y los americanos se pusieron en alerta.

USALos primeros tres barcos de bacalao llegaron una mañana de septiembre y fueron hundidos por tres misiles que hasta el día de hoy nadie sabe quién disparó a pesar que en las playas encontraron fragmentos que decían USA.

Los federales jugaron con la verdad y le atribuyeron los hechos a la comunidad árabe. Los acosaron sin tregua hasta que arruinaron sus negocios de vender colchas y cortinas casa por casa, de pueblo en pueblo. Con mano dura, por aire, tierra y mar, tomaron todo tipo de medidas para controlar lo que entraba y salía de la islita.

Súbitamente la salud del gobernador deterioró y a la cañona lo suplantaron con el contralor. Entonces en el pueblo empezaron a consumir mucho hamburgués y a comprar las colchas en Wal-Mart.

Mientras…, el viandero sueña despierto esperando el segundo grito.

©Roberto López

5 pensamientos en “El Segundo Grito

  1. Gracias. Yo le tengo mucho miedo a las gallinas de Palo. Por eso no me case con Guillerma.

    La boda de Guillerma

    Era una preciosa tarde en la terraza de un restaurant en la playa. En nuestra cena romántica no faltaron las flores, velas, vajilla fina, mantel y copas del mejor vino. La música de El Gran Combo sobrevolaba el ambiente y después de unos traguitos nuestras miradas dejaron de ser ambiguas. Me sonrojo al escribirlo, pero me sentía fogueado por aquellos labios que invitaban al beso y no había nada en el mundo que me hiciera quitar mis ojos de sus pechos.

    A excepción de tres gallinas de palo que llegaron caminando sobre encima de la superficie del agua.

    Tal destreza podría traerle a la memoria de los buenos creyentes al Cristo Dios. Sin embargo, eso arruinó el idilio de aquel amor, porque aquellas criaturas se acercaron más de lo que yo quise.
    Comencé a sudar frio y la conversación se hizo más torpe de lo acostumbrado. A mi mente llegó un doloroso recuerdo que como perpetua liendre no he podido desprender de mi cabeza.

    Resulta que en el pueblo hubo un oasis que llamaban la nevera. Era el único lugar donde crecía vigoroso el chayote dulce. Allí crucé la fría laguna en busca de la fruta y cuando llegué al otro lado, el crujir de mis dientes despertó a un caimán lampiño. Cuando fui a arrancar un racimo de la mata, el macabro animal salió de su nido y de una dentellada me mutiló el meñique y causó un trauma inolvidable.

    Estas cosas rondaban por mi mente cuando una de las gallinas de palo se arrimó a la mesa, sacó su cresta y de una guiñada exacerbó mi fobia. No pude controlar las emociones, brinque súbitamente y le espeté una bofetada al animalito que aterrizó enganchado del busto izquierdo de mi novia. Para más agravios, los muchachos de la guardia nacional acudieron a su ayuda, no sin antes tomar unas fotos que se regaron por los foros cibernéticos más rápido que la peste.
    En aquella locura me trepé en la mesa y monté un ridículo espectáculo para denunciar la presencia de reptiles en el contorno y como no quise pagar me llamaron la policía.

    A Guillerma se le cayó la cara de vergüenza, y entró en una crisis peor que la mía. Salió de allí como un disparo, me dejó a pie y jamás quiso saber de mí.

    En cambio yo siempre la adoré y hasta busqué terapia para superar mis fobias y poder reanudar lo nuestro. Le dejé saber mis intenciones en un millón de mensajes de texto que le envié hasta el día que ella cambió el número.

    Al pasar del tiempo nos encontramos en un velorio y me dijo que se casaba pronto. No le di importancia a la seductora malicia que había en sus ojos en el momento que me invitó a su boda. Como se debe corresponder a la ocasión, le dije que contara con mi presencia, le di un abrazo, mis felicitaciones y me fui a orar por el muerto.

    Luego averigüé por medio de un amigo del bochinche que el novio de Guillerma se hizo rico en la venta de cueros de gallinas de palo y que las nupcias eran en una remota finca donde el tipo tiene su criadero de iguanas exóticas, frívolas salamandras y serpientes venenosas.

    Entonces me vi forzado a darle otra vuelta a la tuerca y encontré razonable y verosímil que Guillerma me quería matar. Y si de alguna manera eso era un retorcido acto de justicia por un bochorno añejo, el precio era demasiado alto.

    ©Roberto López

    Me gusta

  2. Tati, para proteger las siembras de las iguanas se puede usar un pique preparado a base de ajies caballeros. Las iguanas no tienen protección en los ojos y cualquier sustancia como el pique las ciega y se alejan. Seguro que es una delicias leer este cuento de Roberto.

    Me gusta

  3. Roberto Lopez gracias por este cuento. Lo disfrute mucho. Agradecida. En nuestro pueblo los vianderos son dominicanos y sus viandas vienen del extranjero mayormente. Estan Don Juan y Lucas, boricuas curtidos que siembran y venden desde su pickup quarentona y batallan la iguana de palo que ha acabado con la cultura de sembrar comida en este pueblo -. las malditas acaban con todo!.. .

    Me gusta

  4. Gracias apreciado y distinguido amigo. Aquí alegremente recordando a mi pueblo y a sus vianderos y añorando que se diera la circunstancia que existieran vianderos alegres. Yo no me he topado con ninguno, pero no pierdo las esperanzas. Abrazos!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s