Apacible libélula de mi edén olvidado,
que magismo ancestral, te aparto de mi lado,
cuando la noche casi en si,recostabase en el lago,
emprendiste aquel viaje, descalza entre la flora, extravié tus pasos.

Se desprendió tu encanto agraciado de vida,
y una burda confusión proceso la desidia,
de rodillas y quebrada se quedo el alma mía,
tu vuelo tan fugaz, fue una estela, de una estrella que moría.

Atrape la esencia que tu espacio poseía,
la indulgencia de tu voz, diciéndome cuanto me querías,
la extrema virtud de saberte, de saberte plenamente mía,
fue la brújula moral, potestad y razón, única en mis días.

Añoro la fineza de tus manos golondrinas,
el réquiem partidario que englosaban a tus riñas,
el reflejo de tus ojos, vencidos y allanados por el sueño,
te llevaste la fragancia de una rosa, como así también, mi mundo entero.

Autor: Jorge Amado Serrano, Argentina

libélula en flor