Serie Genealogía

Mis progenitores, personas comunes y corrientes, con virtudes y defectos, dedicaron sus vidas al trabajo y al servicio a los demás.

Mi madre fue maestra de profesión. De ella aprendí la humildad, la educación, la sabiduría y la dedicación a las cosas de Dios. Ella fue quien me enseñó a amar las cosas simples de la vida; a dar sin esperar nada a cambio. Mi madre me enseñó a aceptar con humildad y valentía, las crudas y reales pruebas de la vida; a vivir una vida sencilla; a llevarme en armonía con los seres que me rodean, especialmente, los que viven conmigo, la familia, los vecinos, los amigos, a los compañeros de trabajo y hasta con los enemigos.

La educación fue algo importante para mi madre. Ella me inculcó la práctica de la lectura, especialmente la de leer los periódicos para enterarme sobre lo que acontece a nuestro alrededor y en el mundo.  Aún me parece escucharla diciendo en tono de educadora y madre, “nena, esto de leer periódicos, es bueno, porque te expande tu vocabulario y te ayuda a desarrollar tu propio punto de vista.”

Mi madre fue ejemplo vivo de servidora de Dios, asistiendo a la misa, leyendo La Palabra todas las mañanas, o sirviendo a los suyos en el hogar.  En los últimos días de su existencia terrenal, fue ejemplo vivo de paz, amor y humildad en medio de una terrible enfermedad – aceptando con esa mansedumbre que la caracterizaba su condición y recibiendo a los visitantes con sonrisas que invitaba a quedarse con ella para conversar.  Mi madre sigue conmigo en espíritu. Junto a Cristo y sus ángeles, me protege y me cuida. La siento tan cerca de mí que hasta la imagino reírse cuando experimento situaciones jocosas. Mi madre, es mi Ángel de la Guarda! Policia Ibarra

De mi padre, heredo el carácter, su ejemplo de trabajar para ganarse el sustento, el levantarse temprano para la faena del día y el dar órdenes. Por ser su hija primogénita ha sido más que celoso, sobre protector y autoritario conmigo. ¡Cómo espantaba a mis novios! Siendo hija de un policía, imagínese usted como no me iba a proteger! Él me cuenta que cuando nací, sus amigos,  Demetrio Alomar y Bin de la Cruz me pasearon por el pueblo de Salinas-como si fuera una reina – y en un carro convertible – que show! Cuando mis hermanos y yo hacíamos algo que a mi mama no le gustaba, rapidito nos asustaba diciéndonos que se lo iba a decir a nuestro padre – jum, la correa y el fuete venían segurito!  Pero papi era especial, nos daba la pela (presentando la cara de macho de la casa) y después lloraba pidiéndonos perdón!

??????????????????????Mi padre sigue viviendo a sus 88 años! Como hija mayor y responsable legal de sus cuidados, ahora soy yo la que lo sobre protege para que su vida sea más tranquila y en paz! Actualmente, mi padre reside en un hogar de cuidado en Villalba, Puerto Rico. Aunque lejos de su pueblo, papi está contento, obviamente, extrañando a los amigos de su querido pueblo de Salinas. Allá es quien da las órdenes a la directora del lugar donde vive y es considerado el asesor personal de esta. Don Fernando Ibarra, sigue siendo la autoridad! Mi querido padre sigue siendo mi consejero, mi amigo, mi protector!

© Charrito Ibarra Hernández