La Isla del Ganso / José Manuel Solá

No me digas que no lo has visto pajareando en tu entorno en una u otra ocasión. El ganso es omnipresente y aunque somos de la creencia de que es una especie endémica, en las últimas décadas han aparecido bandadas que migran de otras regiones y hacen de la nuestra su habitat. Y viven bien, engordan, empollan nidales de gansitos y les enseñan que tienen dos opciones: “O eres ganso bona-fide o eres un pendejo”. Y se reproducen por todas partes.

La gansada nativa (¿nacional?) no da un tajo, excepto a la hora de hacer trampa, claro está, no faltaba más y salirse con la suya. Macho o hembra, engordan a costilla de los demás y si las cosas no le van bien, ganso al fin, vuelan al Norte. Aquí o allá el ganso vive del “mantengo”, del fraude, del sudor de los que sí trabajan. Muchas veces viven mejor que los que construyen el país. Se toman la cervecita, tienen televisor plasma enorme como de “drive in” con cuyo volumen no dejan dormir a sus vecinos, tienen celular para sus transacciones y chismes y carro del año. Ve telenovelas. Perrea y disfruta del regaetón. Hace que el vecindario se estremezca con las carreras de “four tracks” y motoras. Gozan de excelentes planes médicos. Van como en un zafari africano con diez de sus gansitos y llenan los carritos del Supermercado con los mejores cortes de res, los dulces y el consabido litro de Don Q Limón gracias al cheque del PAN.

Pelean, insultan y agreden a los maestros de sus inocentes polluelos. Graznan como especies en peligro de extinción cuando la policía va a arrestar a un ganso de su vecindad. Si son arrestados se meten una Biblia bajo el sobaco, se sientan en una silla de ruedas y afirman que “Papito Dios… sabe que soy inocente”.

Y ya dije, están en todas partes: en la legislatura, en la profesión médica, en los bufetes de abogados, entre los comerciantes (aunque me temo que éstos son aves de rapiña)… Aunque lo cierto es que los anteriores no son la mayoría; la mayoría no tienen ocupación ni profesión ni oficio.

Gozan de subsidios para la luz y el agua y hasta tienen piscinas comunales. Viajan a DisneyWorld, se hacen tatuajes en los chichos de grasa, se ponen “piercings” en los labios, las cejas y las pechugas y duermen de 4:00 AM hasta las 2:00 PM.

Propongo que en lugar de que la cotorra verde del Yunque o el coquí guajón sean considerados símbolos nacionales -también el pitirre al que José de Diego dedicó sus más emocionados versos- el Ganso Autóctono sea reconocido en un monumento heróico a la salida del aeropuerto Muñoz Marín, aunque tal vez la ubicación más apropiada sería a la entrada del Centro de Convenciones Pedro Roselló, que en lugar de monumento heróico -me parece- sería un “Monumento Cádillac”…..

Digo yo, me parece…….

José Manuel Solá

Emoji

.

2 pensamientos en “La Isla del Ganso / José Manuel Solá

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s