La tecnología vs el diario vivir / Roberto Quiñones Rivera

smarphoneCuando quiero botar el estrés que acumulo  por diferentes razones, una de mis opciones es trasladarme a casa de mi hijo a Nueva York, específicamente al área de Queens, desde donde cubrimos bastante terreno de Manhattan  y demás condados cercanos.

Siempre he seguido la máxima de que un clavo saca otro clavo. Con esto lo que quiero decirle a los amigos lectores es que mi estrés lo boto mirando el estrés de los demás.  Tal vez esto suene raro  pero así me libero yo de la mayoría de los problemas y malos ratos que a diario acumulamos.

En  las oportunidades anteriores que he logrado visitar esta  fabulosa ciudad,  y digo fabulosa si el viaje es de cinco o menos días, luego de ahí ya se convierte en un tormento ya sea por el frío,  el calor, o por las muchas cosas raras que se ven en ella. siempre algo aprendo de mi experiencia del viaje.

Anteriormente en una de mis visitas, dato que  compartí con ustedes en mi artículo “Lo que buscaba, lo que encontré y lo que traje“,  observe  la descortesía  del americano que  no te dedicaba  ni la simple frase “buen día” y menos que te mirara,… éramos entonces invisibles para ellos hasta que mataron a Bin Laden.  Luego de ese suceso entonces se vieron obligados a mirarnos a las caras, no porque de momentos les caímos simpáticos sino que se aterrorizaron y en todas las personas que les rodeaban veían a un posible terrorista.

Como del sistema anglosajón  muchas cosas se pegan,  ya muchos otros grupos están actuando de igual forma.  Puedes ir en el tren y darte un mareo, caer al piso, y lo que hacen es retirarse para buscar espacio por sí vas a vomitar no le manches sus zapatos. Pero lo que esta vez observe, y desgraciadamente lo he estado viendo  en mi propio país, es otra forma de ignorar a nuestros semejantes.

Actualmente en ese país, donde algunas veces impera la locura,  las personas cuando usan el sistema de trasportación muchas veces se esconden detrás de un periódico o se hacen el dormido cuando una persona de edad avanzada esta de pie esperando que un alma piadosa le ceda el asiento. Ahora se añade algo más, y creo que es lo más peligroso que hasta ahora he observado,  todo el mundo, incluyendo niños,  damas y  ancianos, están armados con un objeto llamado  “celular”  y con ese artefacto tienen la excusa perfecta para ignorar al mundo.

Con  el celular  ya no hay comunicación directa ni tan siquiera con Dios, pues hasta en las Iglesias se ven los feligreses en plena faena de sacar su aparato en medio de su rito eclesial, ya sea para enviar algún mensaje, entretener a su niño con algún juego en el mismo, o contestando la llamada recibida por este  maquiavélico objeto.

Cuando el calor es insoportable  muchas personas deciden buscar comodidad en parques y playas pero lo primero que llevan en sus mochilas es su aparato  celular.   Usted ve una pareja de novios cada uno con el suyo,  pero no hay diálogo; están pendientes al celular. De grupos de familias ni hablar: cada uno de ellos con el suyo y si se ve algún intercambio de diálogo entre algunos de ellos, es que le esta ayudando a entender cómo utilizar el aparato.

Los restaurantes, de cualquier nacionalidad,  no están exentos tampoco. El único momento de diálogo es cuando traen el  menú que hablan con el mesero. Pero espero no asombrar a nadie cuando les diga que el sistema de educación  también ha caído en la manía tecnológica al pedirle a los estudiantes que para asignaciones busquen en sus equipos electrónicos,  que están preparados para esto también,  evitando con ello el que se cultive, por ejemplo,  la lectura.  Es más fácil recurrir al internet y preguntar cuál era la filosofía de un autor en particular  y no tener que leer su obra para conocerla.

En otras palabras amigos, ya no te miran, no te hablan, ni te escuchan.  Con esto acabo este escrito porque esta sonando mi equipo y es un amigo de la Patagonia, con el cual  tengo en proceso un juego de ajedrez y ya hizo su jugada…

©Roberto Quiñones Rivera