El viejo hospital / Edwin Ferrer

Le dijo adiós para siempre a la mitad de su vida, mas no era preciso que por el ombligo, torso y extremidades se dividieran con un simple adiós. Todo iba en ascendencia hasta que rozó el cielo en medio de la tempestad. Cruzó el mundo como ave de paso mientras vandalizaban el hospital donde nació. Unos albañiles en forma de viento rescataban la mano de un ahogado. Un ciego oyó un grito de una prostituta que llegó herida desde un bar del barrio Borinquen.

— ¡Avísale cuando se le olvide cruzar el río Niguas!

Unos arquitectos aclamaban a unos planos mientras la mano extendida de una mujer preñada los señalaba desde el pórtico. Los peones olvidaron la cosecha de la caña y el leñador espera que duerma el ciego para ver las ruinas que caen como la paja de la hoguera. Los espectros no habían llegado a su tumba, entonces decidieron construir un nuevo hospital en el mismo centro del cementerio.

©Edwin Ferrer