De paraíso a desierto / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

De niño se extasiaba mirando, desde el valle costero, las montañas que tanto amaba y consideraba suyas. Las más cercanas siempre verde intenso en épocas de lluvia y verde pálido en sequía, pero siempre verdes. Las lejanas, verde opacado por la azul lejanía, pero siempre verdes.

De joven se adentraba en las montañas y descansaba bajo la sombra de los árboles. Se deleitaba oyendo el trinar de las aves que habitaban los montes y praderas aledañas. El canto de los ruiseñores, zorzales, bienteveos, reinitas, pitirres, chamorros, rolitas y las tórtolas aliblancas era música celestial para sus oídos. La algarabía que formaba la mezcla armoniosa de los cantos de las aves lo extasiaba. Admiraba los colores de los pájaros carpinteros picoteando los troncos secos en busca de insectos.  Le fascinaba mirar  el amenazante vuelo de los falcones cuando algún intruso ponía en peligro los huevos en sus nidos o a los polluelos que con sus picos al aire esperaban el regurgitar de sus padres. Más alto el majestuoso vuelo del guaraguao buscando su presa.

El joven se alimentaba de los árboles del campo que eran pródigos en ofrecer sus frutos. Las guanábanas, guayabas, corazones, anones, nísperos, guamás y mangós.

Se bañaba en las aguas cristalinas de las quebradas y se admiraba cuando el riachuelo La Joya fundía sus aguas con el río Niguas.

Entonces vino la debacle. El invasor quiso establecer un campo de entrenamiento militar donde predicar sus doctrinas belicistas para conquistar al mundo. Con su poder de conquistador expropió la tercera parte de las tierras de Salinas del Abeyno. Forzó a la gente que allí vivía a abandonar los campos de labranza y pastoreo y los hacinó en parcelas de terreno que los asfixiaban.

Una vez completado el asalto, comenzó el bombardeo. Noche y día se oía el rugir de los cañones, el talbleteo de las ametralladoras, los disparos de los rifles y el zumbido de los aviones caza perforando las montañas con sus balas. La paz huyó de la región.

US Property No TrespassingTras el bombardeo proliferaron los incendios forestales y con ellos la desaparición de los árboles y la huída de las aves. Se fueron secando los cristalinos manantiales y el terreno se tornó árido. Los rojizos almácigos a la orilla de la carretera fueron las últimas víctimas cuando levantaron una nueva verja para colgar el US Property No Trespassing. Hasta las arañas pelúas, que una vez sembraron el terror entre los reclutas, desaparecieron.

Nadie protestó. Solo un viejo que hoy contempla desde el llano costero sus queridos montes ahora desolados, secos como su piel. Condenado al ostracismo en su propia patria por su antiguo desafío, hoy continúa protestando por el desastre ecológico más devastador que han visto sus cansados ojos.

© Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 28/feb/2012

8 pensamientos en “De paraíso a desierto / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

  1. Mi Familia es de Sabana Llana. La familia Rolón y Pabón. Original de Santa Catalina de Coamo. Mi abuela (Juana Cruz), junto con mi padre; Felipe Rolón Cruz me contaron la historia del terreno que pertenecían a esta familia. Según ellos (DEP) dicen: más de 100 cuerdas de terreno pertenecieron a la familia. Después que mi abuelo falleció (Don Pablo Rolón Pabón, 1967) no pudieron encontrar los papeles o titulo. Y nadie pudo reclamar la propiedad, que ahora es parte de Campamento Santiago. Alguien por ahí, de la familia Rolón, Pabón, Cruz, Rodríguez, o Rivera de esta área? Pueden corroborar esta historia, que creo tiene más de 60 años.

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  2. Una bonita exposición de como el imperio impone sin condición y sin importar el daño, no solo al ecosistema y la agricultura, también esta el daño emocional a la gente. nadie protesto porque como siempre engañan diciendo que el beneficio al pueblo es mayor que los daños. lo cual nunca fue cierto. Quien cedió los terrenos, que nadie sabe como los adquirió, tampoco le importo la desolación, donde tanto verdor y fauna existió.

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  3. Edelmiro: Antes de entrar en los sobrados meritos del escrito necesito me aclares algo. Veo tres espectadores y hasta quizas cuatro y no logro definir si esta hablando y observando la misma persona. El problema del tiempo, como podras ver por los comentarios, incide en la confusion que se sucita respecto de los problemas que planteas: ecologia, politica agraria, derechos sucesorales, dominacion imperial reversion estilo Vieques etc..
    Quien es quien ahora y antes……..

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  4. Interesante asunto a investigar. Hasta ahora solo son especulaciones. Según testimonios sin evidencia el terrateniente Manuel González compró la Hacienda la Ana localizada en los terrenos que ocupa hoy el ejercito (Guardia Nacional) y al momento de la expropiación para favorecer sus otros negocios la ofreció en donación, cosa que prohíben las leyes de EE.UU, por lo tanto, de esa manera como se llega al asunto de la venta o arrendamiento por un dólar. Si fue un arrendamiento, alguno de los herederos de Manuel González debe estar recibiendo el pago por arrendamiento, que debió ser a perpetuidad.

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  5. Uno de los asuntos no muy claros de como se establece el campamento en esta área, de acuerdo a testigos vivos aún, alegan que el terrateniente dueño de eso terrenos ofreció cederle completamente gratis esta área al gobierno pero su ofrecimiento fue rechazado y lo que se hizo, alegadamente, fue que se hizo un contrato a razón de un dólar anual por el uso de los terrenos. ¿Habrá la oportunidad de localizar algún documento que pueda certificar la veracidad de este dato y que nos de luz de hasta cuando era este supuesto compromiso?

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  6. Me pareció estar caminando por esos parajes. Pero luego… luego viene la encerrona de la historia que como bien dices, nos dejó parias en nuestra propia tierra….

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  7. Triste pero cierto lo que cuentas. Que lastima que nos quejamos constantemente pero ya nadie protesta. El Viejo de tu narracion es un hombre de unos pocos que quedan.
    Aplausos!

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