Corpus Christi / por Edwin Ferrer

pan y vinoPensó que cuando expirara iba a morar en el purgatorio por mucho tiempo. En su juventud le llamaban “Límber de gas”; cuando no, “Sanito veneno”.

Siempre se sentaba en la parte de atrás del salón  y antes de llegar a su asiento les halaba el pelo a todos los estudiantes. A los quince años se robaba los caballos y a todo el que se le acercaba le daba un fuetazo con una correa de cuero.

Un día, ya viejo, aguachoso y arrugado atendía su propio negocio. Se regocijaba de la brisa fresca en una silla de madera, cuando un hombre más joven le dio tremendo puño en el cachete y le gritó:

— ¿Te acuerdas que abusaste de mí cuando era niño?

— Me estas confundiendo — replicó.

Luego de incorporarse tomó su bastón y se dirigió a la Iglesia. La misa lo conmovió tanto que decidió ser el cuerpo de Cristo.

Al doblar la esquina entró en la panadería de Paquín.  Al percatarse de que no había nadie cerca del horno, lo encendió y se metió bien adentro. Uno de los panaderos que iba hacer mayorcas abrió la compuerta y le dijo a su jefe.

— Lo que queda es un libra de pan sobao, el de agua se acabó.

©Edwin Ferrer

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