DisneylandiaLa entrada de aquel monumental portón tenía el aspecto de una montaña rusa… El padre de Chencho le había prometido que si no cortaba clases lo iba a enviar a Disneylandia. Las efes las convirtió en D+ y las ces en B. Contento le llevó el reporte a su padre y éste, rascándose la cabeza le dijo:

— Quiero que seas doctor, y con estas notas pésimas no lo vas a lograr, pero si le encuentras la raíz cuadrada a un árbol de tamarindo haré lo que te prometí.

El niño como era muy ávido se fue a una loma y debajo del tamarindo escavó un hoyo, cortó un pedazo de raíz, la hiso un cuadro y convenció al padre de que si podía ser doctor. 

Era Día de Reyes y cubriéndole los ojos al niño lo llevó al cementerio viejo del Campito. Cuando el niño descubrió donde estaba dijo:

—Pensé que me ibas a llevar a Disneylandia.

—Si mijo, si ves aquella tumba allí está la bolita del mundo, igual a la de “Universal Studios”. En aquella otra está mi guarida, donde me escondía cuando jugaba al Zorro. En el mausoleo de los Godreau fue donde conocí a tu madre y por eso es que estas en el mundo mágico de Disney. 

Cuando el niño creció se hiso doctor en Santo Domingo y hoy tiene su consultorio cerca del Disneylandia visto por primera vez. 

©Edwin Ferrer