El Ciego del campanario

por Edwin Ferrer

Campanario Iglesia Católica de SalinasAsomó su rostro entre medio de aquella arqueada ventanita del campanario de la Monserrate. Con sus ojos apagados y tragados por sus sexagenarias pupilas contó uno a uno los toques de numerosos entierros. En cada uno de ellos escribió, desde su elevada torrecilla, una carta a su pequeño pueblo con un misterioso sello. Casi nadie lo vio, tampoco lo acompañó, pocos escucharon sus Padrenuestro y sus Ave María. ¿Quién estaba ciego, quién estaba solo? Era su único consuelo, era su único amor, eran sus manos arrugadas resonado el péndulo de su moribundo corazón.

Un día salió de la iglesia sombría, apagada y triste. No hubo nadie quien tocara las campanas. Hubo mucho silencio. Los Padrenuestro, comenzaron a flotar en el aire desde el pico de un pitirre y las Ave María de los chamorritos entre las ramas del laurel de la india. Un rayo tormentoso ocupó el silencio de la campanada desde lo más hondo de las nubes, en el diminuto entierro de Pepe.

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