Habemus Papa: cuento

por Pepo Santiago

Ante el conocido sonido de un disparo, todos los presentes por instinto natural agacharon la cabeza a modo de protección. Un silencio sepulcral dio muestra de que el tiempo se había detenido por un instante en el que nadie supo lo que había sucedido. Todo ocurrió tan rápido que no hubo reacción inmediata, ni gritos, ni ninguna otra exclamación que pusiera en conocimiento a aquella compacta multitud. Solo segundos habían pasado desde que sonó aquel disparo y se supo lo ocurrido, segundos que parecieron largos minutos. Un pesado cuerpo que no llegó al suelo por lo compacta de la multitud, una voz seca y potente, gritó, ¡balearon al Papa!

En su primer contacto directo con los fieles católicos desde su investidura como Pontífice, y a pasos de la santa sede, ocurre esta tragedia. Muchos pensaron que el autor de aquel acto repudiable no podía ser un creyente católico. Solo un fanático de cualquier otra religión sería capaz de producir tanta tristeza a millones de feligreses.

Todos recordaban el día en que el humo blanca anunciaba, tenemos Papa. Todo era alegría y festejo para aquella multitud católica que con ferviente fe esperaron por aquel maratónico conclave hasta conocer de la elección del representante de Dios en la tierra. La elección de un nuevo Papa, como era la costumbre se convirtió en una gran celebración, en un festejo de pueblo. Lo no entendible es que fuera un seminarista quien halara el gatillo del arma que segó la vida del Santo Pontífice.

¿Será cierto que aquellos religiosos católicos que llegaron a tierras americanas a evangelizar a los nativos, nos engañaron a todos? Es cierto que no solo los esclavizaron, sino que también fueron cómplices de su los constante abuso y maltrato al que eran sometidos por los colonizadores, mientras los religiosos miraban al cielo. Es una realidad el racismo, el prejuicio en contra de los menos afortunados y el enriquecimiento de la iglesia. ¿Vera como bueno, aquel que está a la diestra de Dios Padre y quien vivió entre nosotros con la mayor humildad, la opulencia con la que vive su sucesor en el vaticano? ¿Es aquel fatídico disparo una advertencia o señal de que los males de la iglesia no quedaran impunes?

Sobresaltado y sudoroso despertó de aquella pesadilla, pensando en lo trágico de aquel sueño: donde aquel humo blanco anuncio un Habemus Papam, uno negro.

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