La sata de Maximina / Edwin Ferrer

Era de madrugada y el barrio Borinquen lentamente volvía a la vida. Las garzas surcaba el cielo y el aroma del café despertaba con la mañana. En los cañaverales de la Isidora se comenzaban a escuchar a los picadores de caña que quitándose su modorra, afilaban sus machetes para ganarse el pan de cada día.

perro negroEn el malecón la mañana fue abruptamente interrumpida porque la sata de Maximina quedo pegada a Negro, el sato de don Pupo. Faltaba poco para las once, cuando a los satos los rodearon Gilbert, Papo, Kaminero, Güisin, Tito, Colorao, Servando, y los guares que entre gritos y risas maliciosas corrían tras los animales, cuando Jalata hizo un gran círculo con carbón bajo las escaleras del malecón y puso los perros en el medio para apostar quien halaba más.

— ¡Apuesto un mabí a negro!—Grito Güisin casi ahogado del cansancio.

—¡Pago! Yo voy a la sata de Maximina.—Convino Papo Estefanía que estaba igual de cansado.

Como alma que lleva el diablo la excitada pareja canina se cruzó con Petra B que entre gritos, pedradas y su bastón trató de alejarlos. Desde el balcón de doña Fermina, Putuca se reía a carcajadas al ver la escena mientras Padillón, que ese día se había bebido media caneca de pitorro, alzaba la botella en alto y reía tan fuerte que se le cayó su falsa dentadura.

Los perros pegados se concentraron en la esquina de la tienda de don Gero y comenzaron a halar. Entre mordiscos y quejidos las apuestas comenzaron a aumentar desde el bar de dona Sixta, que tenia la vellonera encendida con la música de Peñaranda. Todos los espectadores tomaban a su preferido mientras la sata arrastró al negro dentro de la tienda de don Gero.

— ¡Ganó la sata!

—No. ¡Eso es trampa!

En ese mismo momento Güisin y Papo comenzaron a pelear por la caneca de mabí y don Gero molesto, con un palo de escoba, trató de separar a los perros. La pobre sata perdió su fuerza y arrastrada por Negro aullando de dolor, se perdió en el pasto del indio. Los muchachos asustados se escondieron en la maleza del Río Niguas. Cuando dieron la cuatro de la tarde todo se detuvo y los picadores de caña hacían fila para bañarse en el sifón del lago de Valé para luego regresar a Borinquen.

Días después encontraron a la sata muerta entre los cañaverales a la misma vez en que murió la zafra. Desde ese día no hubo más despelotes en el malecón, el lago de Valé se secó, los sifones no botaban agua y un aullido de perros satos anunciaba la aurora dentro del engrandecido cementerio de la Isidora.

©Edwin Ferrer 11/27/10

Un pensamiento en “La sata de Maximina / Edwin Ferrer

  1. Que recuerdos gratos me trae esta jocosa escena de aquellos tiempos cuando la esquina del Malecón era nuestro centro comunal. La vida era simple, las peleas a puños, los borrachitos eran cómicos y cuando los perros se encajaban… eso era un evento olímpico.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s