A un año de tu partida… Cierro los ojos para poder verte

Por: Víctor A. Alvarado Guzmán

Luego de reflexionar, pensar, recordar, llorar y revivir a mi madre Esperanza durante un año, descubrí que la realidad más especial que ella me enseñó fue el saber que, después de Dios, la familia está primero que cualquier otra cosa.

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En el mes de noviembre, mi hijo Víctor Daniel participó de su primera carrera del pavo en el Colegio Perpetuo Socorro. Es uno de esos momentos en la vida, al igual que el primer día de clases, que los padres nunca deben perderse en la vida de su hijo. Al sonar el silbato, los niños salieron corriendo y desde el principio Víctor Daniel se colocó en segundo lugar. El niño que iba en primer lugar mantenía una buena distancia del resto. Los niños debían dar una vuelta, haciendo un círculo, y al final correr como 100 pies adicionales hasta la meta. Padres, madres, tíos, tías, abuelos, todos gritaban apoyando a su niño. Mi esposa Litzy, su hermana Nancy y yo nos habíamos colocado en el lugar donde se cerraba el círculo de la carrera. Al acercarse el primer niño, Víctor Daniel venía aún segundo. De pronto, el primer niño se desorientó, miraba hacia las personas (pienso que buscaba a su madre) y desaceleró. En ese momento, Víctor Daniel miró hacia nosotros y le gritamos que siguiera corriendo hasta la meta. Así lo hizo, le pasó por el lado al niño que iba primero, y ganó la carrera. El estaba contento, más lo estábamos sus padres al verlo con su cinta de primer lugar y con el pavo que luego le entregaron.

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En nuestra vida, muchas veces comenzamos carreras y/o proyectos con mucho entusiasmo. Le dedicamos gran parte de nuestro esfuerzo, tiempo y vida, y al acercarnos al punto donde “se cierra el círculo de la carrera”, a veces nos desenfocamos, perdemos de vista la meta y miramos a un lado buscando un apoyo que nos guíe. Que importante es en esos momentos tener a nuestra familia en el camino. Un buen amigo o amiga, o alguien especial que nos anime es algo bueno. Pero, cuando es nuestro padre o madre, tus hermanos o hermanas, los que están ahí para ayudarte y mostrarte el camino, para los que vamos en “la carrera” no tiene precio. Gracias a Dios, mi mamá Esperanza siempre estuvo en los momentos de mi vida al llegar al cierre del círculo de la carrera. Incluso, cuando mami no comprendía o no estaba de acuerdo con mis decisiones o acciones, ahí estaba ella. Como cuando decidí cambiarme de estudiar ingeniería a psicología, y durante años me peleó por tomar esa decisión. Cuando me gradué de bachillerato en psicología en la Inter Metro, allí estuvo mami, papi, mi hermana Gloria y hasta mi tío Freddy. En ese momento no entendí por qué si me peleó tanto por el cambio, entonces estuvo presente en la graduación. Ahora lo entiendo…era la familia. Por encima de las discrepancias, enojos, desacuerdos y discusiones, la familia es primero. Y más que decirlo, hay que demostrarlo. Aún me falta mucho por llegar al nivel de mami, pero al estar presente ese día, cuando Víctor Daniel nos miró, al cerrar el círculo de la carrera, y ayudarle a llegar a la meta, entendí que voy por buen camino.

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Varios días después de la carrera del pavo, acosté a Víctor Daniel en su cama y apagué la luz. En seguida me dijo: “Papá, no te veo”. Yo le decía que allí estaba, pero el insistía en decir que no me veía. Entonces, le expliqué que para ver a alguien, no hay que tener luz. Le pedí que cerrara los ojos y así lo hizo. Luego le pregunté que si él se acordaba como era “abuela Pepe” (así le decía a su abuela Esperanza) y me dijo que sí. Entonces le dije que a veces para ver a alguien sólo necesitamos cerrar los ojos y verlos con la mente y el corazón. Que así también sería con su papá y su mamá, que aunque no estuviéramos con él, sólo tenía que cerrar los ojos y nos vería. Le pregunté si me entendió y me dijo que sí.

A veces enseñando, aprendemos. En este primer año de la partida de mami al cielo, he aprendido a cerrar los ojos para poder verla. A veces despierto, a veces en sueños. Y aunque añore siempre poder escucharla echándome la bendición, cada noche, cuando Víctor Daniel le pide que nos proteja, entiendo que ella sigue estando al cerrar el círculo de la carrera de nuestra vida. Que no importa los obstáculos y desenfoques que tengamos, la familia es primero y ella seguirá gritándonos y dándonos su apoyo, mostrándonos la meta. Sólo hay que cerrar los ojos para poder verla…

Víctor Alvarado Guzmán, 2012

Publicado originalmente en: El Patriota del Sur

Un pensamiento en “A un año de tu partida… Cierro los ojos para poder verte

  1. Me encanto tu articulo, Victor! Nuestras amadas madrecitas, santas, puras, hermosas y amadas de manera especial por nuestro Sen`or Jesucristo – por eso se las llevo con EL. Las necesitaba y las sigue usando para nuestra propias bendiciones – somos especiales, papacito!

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