El Anuncio / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

Un día, mientras Norka y Delmo estaban sentados en la sala de su casa, Norka expreso el deseo de volver a estudiar en la escuela superior e ir a la universidad.  Estudiaría una carrera con la que pudiera trabajar por cuenta propia. Sin supervisores ignorantes como los que encontró cuando era maestra. La voz destemplada de su esposo interrumpió sus pensamientos.

—Eso es imposible.

Estaba por caer la tarde. El disco del sol medio hundido en el horizonte daba paso a los colores vespertinos. Las sombras ya cubrían la sala.

Una voz profunda, aunque dulce, le hablo a Delmo: “Si quiere eso puede realizarse”. Delmo quedó asombrado y a regañadientes dio su consentimiento.

Al otro día, Norka comenzaban sus clases de décimo grado a las siete y media de la mañana .

Delmo seguía inmerso en su rutina.  Leía el periódico, veía las noticias en la televisión, navegaba en la Internet, iba a la plaza a conversar con sus amigos, se ocupaba del jardín y de otros menesteres domésticos.

Durante tres años Delmo dejó de ver a Norka. Sufría mucho por su partida. Se la imaginaba tal como lucía cuando se separaron.

Estando sentado en un banco de la plaza, solitario y pensativo, vio acercarse una joven. La reconoció inmediatamente. Era Norka. Estaba preciosa con su cuerpo esbelto, su pelo castaño oscuro casi negro, peinado como cola de caballo sus cejas abundantes bien arregladas sus ojos claros y su tez blanca un poco tostada por el sol tropical. Estaba realmente hermosa.

El asombro le brotó del alma. Su corazón latía acelerado. La visión de su amada adolescente, más hermosa que nunca, lo llevó al Paraíso.

Un poco temeroso la llamó por su nombre, pero ella no respondió, siguió de largo. Fue tras ella y la tomó por una mano. Una corriente recorrió todo su cuerpo. La volvió a llamar.  Ella mirándolo fijamente a los ojos rompió el silencio.

—Entre nosotros todo terminó. Tengo un novio y estoy embarazada.

Delmo le soltó la mano y quedó petrificado. En ese momento se le fue la vida. Tanto la había amado. Una emoción indescriptible le invadió el ser completo. Aquella que había sido el amor de su vida lo había traicionado. Él la amaba con todo su alma. Eso no podía ser. Estaba anonadado. No podía entender las palabras de Norka.

—Mi novio es el Espíritu Santo, y voy a visitar a mi anciana prima Isabel, que también está embarazada.

Eran las dos de la mañana cuando Delmo despertó. Norka a su lado lo contemplaba amorosamente.

© Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 14 de febrero de 2012.

2 pensamientos en “El Anuncio / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

  1. Quedé tan anonadada como Delmo y con deseos de insultar a la traidora pero el final me devolvió a la realidad. ¡Excelente!

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  2. ¡Edelmiro!!!! Me has dejado boquiabrierta. Resulta que los celos de Delmo , lo llevaron a creer un embarazo en sueños, pero al no poder soportar los amores de la niña con otro, los resolvió con Dios. La mente humana es increíble. Muy bien llevado el ritmo del cuento y con un final inesperado. Así se hace.
    Cariños

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