Tita la muda / por Edelmiro J. Rodríguez Sosa

A mi amigo doctor Felipe Díaz Delgado

Tita nació al comienzo de las festividades de los idus de marzo. A los tres años todavía no decía ni papá ni mamá.

Ante el silencio absoluto de Tita sus padres comenzaron el largo viaje hacia los consultorios médicos. Los especialistas le examinaron las cuerdas vocales, los oídos, la laringe, el esófago, la lengua, el cielo de la boca, las amígdalas, los dientes y hasta los dedos de sus manos para determinar si tenían alguna bacteria o parásito que le afectara el habla.

Los médicos especialistas no encontraron anormalidad alguna en Tita que impidiera que ella hablara. Estaban perplejos.

Cansados de ir de especialista en especialista sin tener resultados ni tratamiento alguno para conjurar su condición, llevaron a Tita al viejo médico del pueblo que sabía más por viejo que por médico.

El doctor Cardona, que así se llamaba el galeno, le hizo un examen completo. Concluido el examen le metió un cocotazo en el mismo centro del cerebro y Tita grito con fuerza y claridad “coooñooo”.

Desde entonces Tita no dejó de hablar, al extremo de que más de un compueblanos creía que al morir harían falta dos féretros.

©Edelmiro J. Rodríguez Sosa
24 de noviembre de 2011.

3 pensamientos en “Tita la muda / por Edelmiro J. Rodríguez Sosa

  1. Me encantó este relato Edelmiro! Por lo que leí en el comentario de Dante, el médico que describes es conocido en tu tierra. Hay algo de ironía en tu relato, creo entender que la medicina actual desconoce el método del viejo médico del pueblo que sabía por sabio y no tanto por docto. ¡No sabes las ganas que me dan, a veces, de buscar con lupa a un médico de ese estilo!

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  2. Edelmiro: Está fabuloso. El Doctor Juan Primitivo Cardona era de Adjuntas. Llegó a Salinas muy jovencito y se casó con una de las hermanas Benvenutti con quien procreó un solo hijo de nombre Hugo Cardona. Era un prodigio como médico y estudio medicina en la Universidad de Cornell a principios del Siglo XX. En Estados Unidos esa carrera solo tomaba dos años en aquella época. Hizo toda clase de cirugías en el viejo hospital de Salinas. Una crecida parte de la población de Salinas nació en sus brazos. Entre otros sucesos que me contó está la operación que hizo a una joven víctima de una explosión de una granada en el Campamento de Salinas para restaurar la laringe y cuerdas vocales y que así recuperara la voz. Con el correr de los años se convirtió en un gran amigo que solía visitarme en mi consultorio legal para dialogar sobre diversos temas. En una ocasión llevó un retrato de sus compañeros de clase cuando se graduó de medicina. Me dijo: Este que está aquí y yo somos los únicos que estamos vivos. Tenemos en común que nos retiramos del ejercicio de la medicina relativamente temprano. El Doctor Cardona falleció a los 90 años luego de sufrir varios percances cardiacos. Al final no quiso que lo llevaran más al hospital y se elevó por causas naturales a la eternidad. Su dedicación a la causa de la salud del Pueblo de Salinas nunca ha sido valorada de la forma que se merece pero ciertamente vive imborrablemente en los corazones de todos aquellos que le conocimos.

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  3. Me gusto tu anécdota, amigo Edelmiro. te sugiero, para un mejor disfrute de la misma, que frene tu narración en el coño. El resto dejalo a los lectores. Muy buena anécdota.

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