¡ Que se cuiden…¡ / Aníbal Rodríguez Vera

Dios los cría...

Constantemente escuchamos o leemos los comentarios enjundiosos que escriben muchos lectores en éste y otros diarios, en emisoras radiales de noticias dirigidas a criticar programas de televisión de gran audiencia que cultivan la chismografía en cantidades masivas.

Dichos programas están confeccionados con la guachafita criolla, con la joda de barrio, con frases nocivas; comentarios descarnados y cargados con doble sentido. Su único propósito es entretener a las masas. Su consigna obligada: destruir sin compasión o mancillar la reputación de personalidades públicas a como dé lugar. Todo sea por el dichoso “rating”. Lo demás no importa.

Para destruir la integridad de una persona sólo basta: chacotearlo, insinuarle acciones inmorales, comportamientos dudosos y hacerse eco de comentarios infundados. Hay que admitir que todos los escándalos (muy pocos inventados) los han provocado figuras públicas de “intachable”  integridad.

En nuestra isla, la mayoría de los deslices tienen su epicentro en el Capitolio estatal. Ese sacro recinto de otros tiempos se ha convertido en un inmenso retrete, que no hay morrocoyo que lo quiera limpiar, por la fuerte pestilencia que emana de sus vapores.

Cada día, aumentan las aportaciones que hacen los “honorables” legisladores para enriquecer esa cloaca política a punto de desbordarse, por la gran cantidad de los desperdicios morales que le depositan cada día. Esa materia descompuesta, los reporteros y los periodistas la reciclan convirtiéndolas en material informativo para la prensa escrita o para redactar libretos para nutrir los programas de radio y o televisión.

La fama, la avaricia y la carne son débiles; por tal razón muchos famosos se sienten infalibles y poderosos, pero sólo un desliz les basta para escocotarse. Por ser figuras públicas no pueden demandar al medio y tienen que asumir sus desacertadas y desgraciadas actuaciones. Peor aún, no miden el daño irreparable que le provocan a sus hijos y a sus familiares.

Como acertadamente la Comay le advierte a los pecaminosos de oficio, “¡si no quieren que lo tiren al medio, ¡que se cuiden”!

Aníbal Rodríguez Vera