2336-5336 / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

El calendario terráqueo marcaba el año 2336, El ser humano había conquistado el espacio sideral, pero había fracasado en conservar su habitad.

En la segunda mitad del siglo veinte los científicos habían predicho la catástrofe final.

Se les unieron miles de personas alrededor del mundo, pero todo fue en vano. El afán de lucro de los “mogules” del capitalismo y la corrupción de los gobernantes de las naciones triunfaron.

La nieve de los polos y de las altas cumbres se derritió. Los ríos se secaron. Las islas fueron devoradas por el mar. África, la zona sur de los países europeos que bordean el mar Mediterráneos, los países árabes y Australia se convirtieron en desiertos inhabitables. El desierto de Gobi se tragó tres cuartas partes de China. En India no llovió durante más de 200 años. Casi la mitad de Norteamérica se convirtió un inhóspito desierto. En América del Sur a duras penas solo eran habitables, Argentina, Brasil y Venezuela.

Ante la precaria situación mundial y para evitar las guerras por el agua y la comida, se constituyó un gobierno global. La población se había reducido considerablemente.

Desde hacía años, ante la precaria situación proyectada, existía la idea de colonizar otros planetas. En uno de los viajes de exploración del espacio se descubrió, al borde de la vía láctea, un planeta azul que poseía las mismas características de la Tierra y estaba deshabitado. Fue así que se diseñó un plan decenal para construir las naves que transportarían a los terrícolas al planeta que llamaron Espesei.

Se reunió a personal de todas las profesiones y oficios para recopilar el conocimiento existente y llevarlo en el viaje espacial. Los bibliotecarios estarían encargados de organizar y digitalizar lo recopilado. Cada nave llevaría copias de todo lo digitalizado para asegurar que el conocimiento reunido permaneciera con la humanidad en caso de alguna de las naves no llegaran a su destino.

Al cabo de los diez años todo estaba dispuesto para la partida. En cada país poblado se dispusieron suficientes naves para transportar la gente, semillas, animales, instrumentos, equipos, diseños, música, literatura, pinturas, películas de cine, en fin todo lo creado por el hombre y todo lo necesario para el viaje. Se escogió el trayecto más corto a seguir por las rutas de intercomunicación siderales utilizando la tecnología de viaje mediante la curvatura del tiempo espacio. El viaje, a velocidad ultraluminosa, duraría unos seis meses.

Cundo ya todo estaba preparado el presidente de la Tierra se dirigió a los terrícolas. Todos estaban atentos al anuncio del gobernante. En su alocución comunicaba que se habían agotado todos los remedios y que se hacía inevitable abandonar el planeta. El patrón del clima y sus leyes habían cambiado. La atmósfera del planeta parecía escaparse hacia el cosmos. Los humanos desconocimos las advertencias de los estudiosos y destruimos al que fuera el más hermoso de los planetas, concluyó el presidente.

Así, a las seis de la mañana del 12 de mayo del 2336 partió, no sin tristeza, la raza humana para un nuevo mundo.

Tres mil años después de la llegada de los viajeros al planeta Espesei un grupo de estudiantes universitarios descubrieron en una antigua biblioteca, entre viejos y empolvados discos, los documentos del viaje. No comprendieron la escritura pero se interesaron en el estudio y análisis de la historia de dicha travesía y los acontecimientos que precedieron a la misma.

Por medio de la tecnología avanzada que poseían descifraron lo que relataban los documentos y decidieron viajar al planeta perdido en la Vía láctea llamado Tierra. Luego de proponer el anunciado viaje y conseguir el financiamiento emprendieron la travesía de regreso a su origen. Eran las seis de la mañana del 11 de octubre de 5336.

Llegaron a la Tierra 30 horas después de la salida. Encontraron un hermoso planeta azul con sus continentes y salpicado por islas paradisíacas, cubierto de vegetación, animales de todas clases, mares, lagos y ríos habitados por criaturas acuáticas de todas clases.

Luego del asombro inicial, los habitantes de la Tierra contaron la historia de cómo 144,000 de ellos se negaron a emprender el viaje.

©Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 20 de junio de 2011