Crustaceus Salinensis / Félix M. Ortiz Vizcarrondo

“A los Salinenses de tronco puro”

Eres salinense si conoce la leyenda fantástica del juey gigantesco que con sus palancas descarriló la locomotora núm. 8  de la Central Aguirre con sus cincuenta vagones repletos de la sabrosa caña 10-12.

Quedó tan maltrecho el fabuloso crustáceo, que los vecinos de la Barriada Nueva lo sacrificaron hirviéndolo en la cambija que guardaba el agua para los trenes de vapor que durante la zafra paraban en el lugar.

Una vez cocido hicieron una gran fiesta donde saborearon platos exquisitos elaborados con su carne.  Y con el carapacho del legendario animal crearon una piscina donde por varios meses chicos y grande pasaban las calurosas tardes del verano salinense.

Félix M. Ortiz Vizcarrondo

El Foquito de Don Juan / por Roberto Quiñones Rivera

Al final del lado norte del malecón de Salinas existía una pequeña estructura de madera que por años fue utilizada como tienda. Se desconoce cuando fue establecida esta tiendita pero nuestros informantes lo sitúan allí desde los años 1950. De acuerdo a Angie Moreno, hijo de Don Miguel Angel Moreno, al que todos llamaban Angelito, su recuerdo lo lleva a creer que el primer ocupante del negocio fue alguien conocido como Totó, quien le alquiló la estructura a Juan Ayes, el dueño del local.

De acuerdo a las personas que ayudaron a recopilar la información sobre El Foquito de Don Juan, Totó acostumbraba matar gatos y prepararlos en tremendos fricase. Fueron muchos los que probaron esos guisos prohibidos en la Tiendita de Totó. En aquellos años este era el unido colmado del área por lo cual era muy frecuentado por vecino de Borinquen, el Malecón, el Caserío Modesto Cintrón, Caño Verde y de los Solares del Caserío.

Además de colmado, el negocio era un cafetín barra y sitio de juego ya que ahí a diario venían los mejores jugadores de dominó del pueblo.

Este colmado-cafetín dependía mayormente de la venta de pan, arroz, leche, habichuelas, harinas de maíz y trigo, bacalao y toda clase de viandas. Por supuesto no faltaba la venta de bebidas alcohólicas incluyendo su caneca de pitrinche. Para esa época el pan costaba unos 12 centavos la libra, la cerveza a peseta y la leche a 39 centavos el litro.

El colmado luego fue alquilado por Don Peyo Moreno, padre de Miguel Ángel Moreno, Angelito. Este último se convirtió eventualmente en el dueño hasta que finalmente se lo pasó a Don Juan Rodríguez Ortiz, su amigo de muchos años.

Juan Rodríguez Ortiz

Antes de poseer el colmado, don Juan Rodríguez Ortiz era uno de los más consuetudinarios clientes. Don Juan venia a pie desde la comunidad Las 80 para hacer su compra semanal. Don Juan un hombre humilde, honrado, y trabajador acostumbraba viajar todos los años como trabajador agrícola a la recolección de tomates en Glassboro, New Jersey. Durante ese periodo de tiempo Angelito le fiaba la compra a su familia y Juan le pagaba cuando regresaba de los Estados Unidos una vez terminada la temporada de cosecha en las fincas de de tomates.

La amistad de Angelito y Don Juan era de tal naturaleza que en un momento dado Angelito decide abrir un colmado en el Caserío Modesto Cintrón y le deja la tiendita a Juan completamente equipada de mercancía para que este lo administrara y no tuviera que viajar fuera del País. De esa manera surge el Colmado El Foquito de Juan.

Don Juan comienza a operar el negocio en el 1957 o 1958 y al igual que Angelito, siguió la tradición de fiarles a los tomateros de su confianza. También estableció para los niños la pica del vasito en la venta de los limber. Este juego de probar suerte consistía en intentar colocar una moneda de un centavo dentro de un vasito de cristal. El vasito de tomar licor se colocaba dentro de un frasco grande lleno de agua cuya tapa tenía una pequeña abertura por donde el niño echaba la moneda. Si caía dentro del vasito tendría derecho a un limber gratis en adición al que compró.

Algo curioso que recuerdan los clientes del Foquito de Juan es que habitualmente había un pollo encima del mostrador. Este pollo fue empollado debajo del compresor de la nevera. Aparentemente uno de los huevos que solian poner una gallina cerca del congelador se rodó quedando debajo del compresor.  El calor sirvió de incubadora y provocó que naciera este pollo sin su madre el cual terminó criandose dentro del local. Desde pollito se convirtió en la mascota de la clientela que acudía diariamente a saciar la sed al local. Como tal, se paseaba tranquilamente entre ellos, alguno de los cuales le daban a tomar cerveza hasta sufrir de los mismos mareos de un borracho.

Para el año 1972 ya Don Juan entregó el negocio a Millito Quiñones, quien había heredado la propiedad de su padre Juan Ayes. Posteriormente El Foquito de Don Juan fue destruido quedando solo el espacio vacío donde antes muchos de nuestros conocidos pasaron buenos ratos.

©Roberto Quiñones Rivera