Primavera y democracia, parte cuatro: tristes contrastes / por Rima Brusi

Otra asamblea estudiantil, esta vez nacional. Nuevamente, como ya es típico de este movimiento, un modelo de orden y democracia participativa. Un cierre apropiado para lo que ha sido lo que podríamos llamar la primavera boricua, una defensa de la educación superior pública madura, democrática,ágil, e innovadora. Un movimiento que gusta del juego (medios, bailes, canciones, improvisación teatral) pero no de la superficialidad.

 ¿Y mientras los jóvenes celebran, qué hacen los adultos?

Bueno, los adultos que están a cargo de liderar los destinos del país estaban ocupados bajando legislación en esa modalidad de “descargue” que se les ha vuelto tan frecuente. Mientras la minoría les exigía a grito pelado una discusión sobre la medida, que busca aumentar el número de síndicos de la junta de gobierno de la UPR, la mayoría penepé del senado aprobó el proyecto de ley, de la autoría de Arango, y lo pasó rápidamente a la Cámara.

Suspiremos. Qué contraste. Porque si algo aprendió el país de este movimiento estudiantil, es la importancia de permitir la discusión y el estudio de los asuntos complejos. No permitir que los mecanismos democráticos (como el voto) se conviertan en mecanismos para subvertir la democracia (como el voto en ausencia de debate y análisis colectivo.) (Más sobre ese tema en las entradas recientes de ÉFT e Hiram Meléndez Juarbe).

En su afán de NO buscarle las cinco patas al gato, nuestros insignes legisladores dejan al gato sin patas. Sin bigotes. Sin cabeza. La legislación se pasa con prisa, con errores, enraizada no en la investigación sólida sino en los prejuicios de sus autores, y de sus lectores. A veces, la aprueban sólo para descubrir, como le ocurrió recientemente a la senadora Rashke y a la procuradora de las mujeres, que ya existía.

Es la mentalidad del quick fix que quiere resolver la cosa rápido, del marroneo que cambia las reglas para lograr el objetivo, del nene que se lleva el bate y la bola cuando pierde. La mentalidad de la pereza que pretende producir medidas sin estudiar los asuntos, del que piensa que la democracia existe en función de la ley y del orden y no viceversa, y que por ello pasa también legislación para aplicarle a los Tito Kayaks del país el peso de un “delito grave” si con sus protestas detienen la siembra de cemento.

Todo ello evidenciando que al país le hace falta no una universidad más pequeña, como la quisiera ¥grí, sino en todo caso más universidad, más educación, más profundidad. Que haya más complicación conceptual/intelectual (bienvenida sea, porque el mundo es complicado) y menos complicación burocrática, como la que nos crea la legislatura con las leyes mal hechas apilándose unas encima de las otras, contrariándose, repitiéndose.

Se le quitan a una las ganas de escribir. Pero imposible irme a dormir sin referirme, esperanzada, una vez más, a los miles de autoras y autores de la primavera boricua, y al deseo, todavía vivo, serio, funcional, de hacer universidad, dentro y fuera de las aulas.

Rima Brusi (Tomado de Parpadeando)  La autora es catedrática del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico.

Yo soy un gallo marrueco: versos frívolos / Antonio Ferrer Atilano (Ferranto)

Ayer, domingo,

Estuve en una gallera;

Y me cocharon una gallina.

¡Qué gallina…!

Que tenía dos espuelas; uí, uí, uí

¡Y que dos espuelas, mi amigo!

Con mirarlas quedaba ciego cualquiera.

En cuanto la vi, señores

Me puse a temblar, ¿y quién no tiembla?

El ruido llegaba al río.

Dijo uno: “Cámbiale las zetas por

Ese y échalos a peliar” Dijo otro:

“Las gallinas con espuelas pueden peliar”

Dijo otro: “Lo que pasa es que’eta

Gallera está llena

De un montón de manganzones”

Era una Tres y Quince

De mirada como fiera…

Estiró las patas, y cosa rara,

no cantó

Eso parece ser lo que me envalentonó

Vino el Juez de valla y dijo:

“Que tal pelea era cosa muy irregular;

Que no se podría casar un gallo con

una gallina – ese es un gallo

castao… No  se puede tolerar.”

Pero empezó el griterío;

Y el ruido llegaba al río;

Me rociaron con pitrinche

Y me sobaron las patas; y nos soltaron

Ella me hizo un guiño, y me dio

Dos aletazos (todavía estoy mariao)

Y yo, por no lastimarla alce el vuelo

Si, señores, por encima del gentío

Corrí al monte…

Pero aquella gallinas se encampanó tras de mí

Mientras la gente gritaba: Ëse’n un gallo

Marrueco.”

Y pienso yo en mi desgracia:

“¿Cuántos hombres muy valientes

Que lo son ante la gente

Y ante su gallina fallan?”

Antonio Ferrer Atilano, 1965 ©Ediciones Abeyno