Zapatitos que aprietan / por Marinín Torregrosa Sánchez

Ella calzó mis zapatos de tacón hasta que llegó la lluvia. Apresuradamente y descalza se metió en el charco de agua.  Las gotas sonaban como campanadas en el techo de zinc. Bajo el aguacero saltaba una y otra vez, corría  de un lado a otro pasando por el chorro de agua que bajaba del plafón. El lodo teñía sus piececitos de marrón.

-¡Como el chocolate! ¡Mis piernas son de chocolate!

-¡Mira que te vas a enfermar!

Arropada por la lluvia. Con el camisón mojado danzaba en círculos riendo. Su rostro miraba al cielo lloroso mientras el alma se le vaciaba en una carcajada.

Una vez fui yo quien le regreso sus zapatos de tacón.  Los de niña me quedan grandes, y me aprietan los de mayor.

©Marinín Torregrosa Sánchez

Otra prueba de la hipocracia que domina en el mundo

El presidente de Alemania Horst Koehler tuvo que renunciar a la presidencia trás decir la verdad. La renuncia ocurrió luego de un polémico pronunciamiento donde afirmó que la invasión en Afganistán está motivada por intereses comerciales en vez de por razones de seguridad.

Koehler, de 67 años, dijo esa verdad durante una visita a Afganistán donde sugirió que la participación de Alemania en la guerra no se justificaba. Las declaraciones que le costaron el puesto rompen con los esquemas de hipocresía que permean las relaciones diplomáticas internacionales. Tienen inclusive el efecto indirecto de desenmascarar el lastimoso papel que juega la Organización de las Naciones Unidas en el ajedrez político mundial.  La ONU ha estado subrepticiamente violando sus principios pacifistas al avalar guerra que responden a intereses meramente económicos. Para nadie es secreto que las acciones militares de Estados Unidos y Europa están estratégicamente motivadas por el fín último de asegurarles, desde el centro de la antigua ruta de la seda, una cuota de los enormes recursos naturales y comerciales con que cuenta la zona.

Tras el atentado del 11 de septiembre, una coalición internacional, comandadas por Estados Unidos y la OTAN invadieron Afganistán con el supuesto fin de desarticular los movimientos subversivos y evitar el terrorismo. El saldo trágico de esta guerra, más que detener la subversión terrorista, ha sido la muerte de cientos de mujeres, niños y ancianos.

Entretanto, el 28 de octubre último, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), conformado por Estados Unidos, Francia, Rusia, China y Gran Bretaña, las cinco potencias líderes de la industria armamentista mundial, anunció que renovó el apoyo para que las tropas militares de la OTAN permanezcan por un año más en territorio afgano.

¿No es tiempo ya de romper con el mito pacifista de la ONU?