Una nueva oportunidad para derogar la Ley de Cabotaje / por Lcdo. Rolando Emmanuelli Jiménez.

La Ley de Cabotaje establece que para que se pueda transportar una mercadería en un buque entre dos puertos norteamericanos, digamos entre San Juan y Nueva York, es indispensable utilizar barcos fabricados en los Estados Unidos, de matrícula norteamericana, cuyos dueños sean norteamericanos y que los marinos también sean norteamericanos.  Esta es una ley monopolística, ya que no permite la libre competencia de barcos con bandera extranjera que generalmente ofrecen tarifas más económicas.

El Senador federal republicano John Machain sometió un proyecto de ley para derogar la Ley de Cabotaje. El Senador denuncia el enorme costo de mantener esta ley. La coyuntura histórica actual es especial por el derrame de petróleo del Golfo de México. En esa emergencia tan grave los buques de países extranjeros que tienen el equipo necesario para ayudar a paliar el daño, no pueden intervenir, porque muchas de sus actividades de ayuda violan la Ley de Cabotaje.

Esto presenta una nueva oportunidad para luchar por el desarrollo de nuestra economía y particularmente, fomentar el desarrollo pleno del Puerto de las Américas.

El Senador expresó de manera contundente el impacto económico de la Ley al decir que conforme a varios estudios de la Comisión Americana de Comercio Internacional, eliminar la ley rebajará los costo de transportación en un 22%, por lo que ocurrirá un ahorro de $656 millones de dólares. Esto representa un ahorro entre los $3,000 y $4,000 en los bienes de consumo que compran los ciudadanos de Alaska y Hawaii.

 Es una regla básica de economía que si una empresa no tiene competencia, controla fácilmente el precio de sus productos en el mercado y si se trata de un producto esencial o de primera necesidad, los consumidores estamos obligados a adquirirlo al precio fijado. El sistema capitalista se basa en la premisa teórica de que la libre competencia permite innovación, agresividad empresarial, control de costos y motivación para penetrar nuevos mercados de consumidores mediante precios más bajos. El mercado ideal, que evidentemente no existe, es uno en que comerciantes compiten de igual a igual y están todo el tiempo buscando maneras de presentar su producto de la manera más barata al mercado, para que sea más atractivo al consumidor. Sin embargo, esa no es la realidad, porque en el mundo capitalista no todas las empresas tienen el mismo poderío e influencia. Además, existe legislación que protege monopolios o carteles empresariales que dominan el mercado, y por ende, establecen un precio que generalmente es mucho más alto para el consumidor.  Ese es el caso de la Ley de Cabotaje.

Las leyes de cabotaje protegen el dominio de la marina mercante norteamericana y el sistema empresarial que le apoya, y por ende, les confiere el poder de controlar el precio de la trasportación de los producto y mercaderías.  Los estudios comisionados en cuanto al costo para Puerto Rico de la Ley de Cabotaje concluyen, que dado el costo de la transportación marítima, cada producto que se importa a Puerto Rico desde Estados Unidos es de 25 a 30 por ciento más caro.  Como el 80% de los productos que recibimos del exterior provienen de Estados Unidos, el impacto inflacionario es devastador.

 La Ley de Cabotaje tiene como fundamento histórico la protección de la marina mercante norteamericana para tenerla disponible en caso de un conflicto bélico. La teoría es que teniendo una marina mercante saludable económicamente, en caso de una conflagración, se pueden utilizar los barcos para dar apoyo a la marina de guerra mediante el transporte de suministros, combustible y tropas. Durante la segunda guerra mundial se utilizaron cientos de buques civiles para abastecer los esfuerzos de guerra en Europa y el Pacífico. Sin embargo, en la guerra del Golfo de 1991, la participación de la marina mercante norteamericana fue mínima. Lo mismo ha ocurrido con la guerra de Irak. El poderío que ha desarrollado la marina de guerra hace innecesario la utilización de barcos civiles, por tanto esa justificación no tiene validez en el mundo contemporáneo.

Sin embargo, cerca de cien años de cabotaje han creado una madeja de intereses navieros, portuarios, laborales y políticos que luchan muy bien organizados por el sostenimiento de estas leyes, porque protegen sus negocios, empleos y poder político. Esto hace que la derogación o modificación requiera esfuerzos extraordinarios con una estrategia de envergadura nacional, agresiva y bien pensada.

 La Ley de Cabotaje no es un asunto político partidista.  Es un asunto de suma urgencia para nuestra economía y sociedad que ha levantado voces tan diversas como la Cámara de Comercio del Sur, la Alianza ProSur, el Hon. Salvador Casellas, juez de la Corte de Distrito Federal, el senador Pedro Roselló Gonzȧlez, el Gobernador Acevedo Vilá, el Hon. Francisco Zayas Seijo, Alcalde de Ponce y otros funcionarios importantes del gobierno.  Sin embargo, es poco lo que ha hecho en esa dirección. Es indispensable que la teoría se manifieste en acción concreta.  La eliminación de las leyes de cabotaje debe estar entre las prioridades de la agenda.

La lucha contra la Ley de Cabotaje exige unidad de todos los sectores.  Esta es una de las cadenas más duras de control económico y su eliminación es una de las maneras más efectivas de combatir la grave crisis económica que sufre Puerto Rico, ya que de abrirse los mercados a los barcos extranjeros, debe comenzar una disminución de los precios de la transportación marítima, y por tanto, de los productos que provienen de los Estados Unidos. 

Por otro lado, y de gran importancia para Ponce y el Sur de Puerto Rico, la derogación de esta nefasta ley permitirá que el Puerto de las Américas pueda desarrollar rutas comerciales desde Asia y Europa usando barcos de bandera extranjera que transborden en Ponce y partan hacia Estados Unidos, para duplicar así la rentabilidad del Puerto. Esto es lo que hemos llamado, el desarrollo pleno del Puerto.

El autor es abogado notario, Presidente del Bufete Emmanuelli en Ponce, Presidente de la  Alianza Pro Sur, Vicepresidente de DISUR, Inc., pasado presidente de la Cámara de Comercio del Sur de Puerto Rico y anfitrión del programa Debido Proceso de Ley, que se transmite todos los sábados a las 11:00 de la mañana por WPAB 550.  Para mayor información vea:www.debidoproceso.com

Los partidos / por Josué Santiago de la Cruz

En el hemiciclo, el presidente del Senado llamó “Pato”* a otro legislador y éste le devolvió el saludo.

La pronta intervención de ujieres y correligionarios evitaron que el incidente alcanzara niveles de trifulca.

Esa noche, en conferencia de prensa, la Comunidad Gay los amonestó…

*Homosexual

© Josué Santiago de la Cruz

Hechizos de amor / Josue Santiago de la Cruz

” Hechizos de amor” o algo así decía el letrero que prometía regresarla en 24 horas. Gratis. Así como lo oye. Ni un céntimo por la consulta, aunque las entidades, creo que ese fue el nombre que le dio a los encargados de hacer posible el milagro, no son tan generosas, como ella.

—Está lejos.

—En Nueva York —dije.

—Más lejos aún.

Puse un billete de a 100 sobre la mesa.

— Muy, muy lejos… —enfatizó ella.

—¿Cuán lejos?

—Diez veces esa distancia —dijo y entró en trance.

Camino al hogar recordé que había olvidado darle mi nueva dirección y cuando regresé me encontré con otro letrero.

 © Josué Santiago de la Cruz

De música y política / Willhem Echevarría

Respondiendo a comentarios hechos por amistades y amantes de la música respecto a diversos videos con arreglos donde se combina la música clásica con formas de música popular, presento mis opiniones sobre la manera en que el elemento político conforma muchas veces nuestra interpretación y evaluación del discurso musical.

No es un secreto que la música se utiliza con fines políticos. No hablo aquí sólo de tocar plena en mítines o marchas de protesta, o de componer un jingle a la manera de “jalda arriba va cantando el popular”. Hablo del proceso consciente de crear un discurso político a través de la música. Por razones obvias, cuando la música contiene palabras a cantarse o recitarse, el mensaje es mucho más inmediato y directo. Esto es así incluso cuando el mensaje está redactado de manera compleja, como es el caso de algunas canciones de Silvio Rodríguez donde las imágenes y metáforas pueden resultar algo difíciles de entender para el no iniciado; o en canciones donde se dice algo queriendo decir otra cosa. Ejemplo de esto último pueden ser el bolero Escríbeme de Guillermo Castillo Bustamante o la canción Guillermo Tell de Carlos Varela.

Cuando el mensaje se expresa utilizando solamente sonidos, el resultado puede ser ambivalente. Por su naturaleza abstracta, el mensaje se puede interpretar de diferentes maneras, o con el tiempo se puede hasta olvidar la intención original. Esto sucede frecuentemente con la música clásica[1] en dónde hoy día escuchamos con gusto obras desconociendo la intención original de la obra. Hay instancias en las que el título nos puede sugerir la naturaleza política de la obra (Obertura 1812 de Tchaikovsky, Egmont de Beethoven, y muchas otras); pero hay otras ocasiones en que es necesario acompañarla de un programa. De ahí surge que en el siglo XIX se haya dado todo un movimiento de música instrumental que los musicólogos llaman música programática. Esto es, música que necesita de una especie de libreto explicativo de lo que los sonidos pretenden describir. Cuando no existe el programa explicativo y el título no hace referencia al mensaje, si no se conoce la historia detrás de la obra, la intención original se pierde por completo. La Sinfonía No. 3 de Beethoven y casi todas las sinfonías de  Dmitri Shostakovich son buenos ejemplos de esto.

Todo lo anterior habla de la intención del creador. ¿Qué pasa cuando es el receptor el que interpreta y le adjudica un mensaje político a lo que escucha? ¿Y qué sucede cuando la intención, el propósito creativo mismo, se interpreta desde el punto de vista político?

Esto es lo que sucede con algunas de la reacciones hacia la fusión de elementos de la  música cubana (u otras músicas populares) con obras consideradas canónicas del mundo sinfónico. Tal vez el caso cause reacciones diferentes entre musicólogos, pero no oigo a mis amigos clasicones quejándose del flamenco en los ballets de Manuel de Falla o en las obras para guitarra de Joaquín Rodrigo. Sin embargo algunos consideran hasta irrespetuoso el piano montuneando acordes de la Quinta de Beethoven. Piensan que cada cosa tiene su lugar y es aquí donde las visiones políticas determinan las posturas e interpretaciones.

Categorizar qué música es de sala sinfónica y qué música se baila en el Club Salinas es una decisión de naturaleza política. Es eminentemente política porque la conforma una visión de mundo que determina, utilizando criterios culturales, sociales, económicos y de clase (y aquí se complica aún más el asunto cuando se analiza lo entrelazadas que están la visión de clase con la educación), qué es arte y qué es entretenimiento; dónde empieza una y termina el otro; y, más neurálgico aún, quién merece subsidio de gobierno y quién no. ¿En base a qué criterio cultural se determina que una orquesta sinfónica, dedicada a interpretar obras creadas mayormente por europeos, tiene que recibir toda una subvención económica de un gobierno culturalmente caribeño? ¿Por qué un músico cubano es criticado por tratar de hacer más digerible un mensaje musical que le es ajeno a gran parte del público general? ¿Por qué parte del público general piensa que el mensaje sinfónico es elitista e incomprensible? ¿Por qué hay músicos clásicos que piensan que la conga no pertenece en la sala de conciertos? ¿Por qué el conguero piensa que sí?

Dado que hay un elemento de baile en todo este asunto, tal vez ahí este la respuesta. Por lo general, la historia de la música ha demostrado que cuando un estilo deja de bailarse, es entonces cuando su transición hacia estilos clásicos es más duradera y causa menos ronchas. Sucedió con las Suites orquestales de Bach (donde hay rigodón, minuet, passepied, sarabande, gavotte, entre otras), sucedió con el vals y hasta con la habanera cubana y la danza puertorriqueña.

©Willhem Echevarría Navarro


[1] Las definiciones de música clásica y música popular, y las delimitaciones de dónde empieza una y dónde termina la otra son tema para otra reseña.

Periódico de ayer / por Josué Santiago de la Cruz

Al otro lado de los portones, con guardias estatales apostados para evitar disturbios, los chicos de la prensa protestaban la actitud beligerante del presidente senatorial.

—Eso no se puede hacer— dijo un asesor legislativo.

—¿Cómo que no?

—Es inconstitucional.

—¡Búsquenme la constitución!

La secretaria salió hacia la biblioteca del Capitolio y al poco rato llegó con una copia del documento que él tomó, como si fuera un periódico de ayer.

—¿Inconstitucional, dijiste?

Ante la mirada de asombro de los presentes, se bajó los pantalones…

© Josué Santiago de la Cruz

Nuestras raíces: familia Soto Brigantti / por Betsy Soto Brigantti

Serie Genealogía salinense
Hace algún tiempo una persona que conocía mi afición por la genealogía me sugirió que escribiera acerca de mi “Árbol Genealógico.”   Le contesté que estaba adelantada montando mi árbol familiar pero que no tenía anécdotas ni conocimiento sobre la vida de mis ancestros como para escribir un artículo. Toda la información que he recopilado es el producto de un trabajo arduo y de mis viajes por la Isla entrevistando familiares. Tanto es así, que ya tengo identificados sobre 3,056 parientes directos e indirectos.

Nací en el barrio Aguirre de Salinas. Mi esposo se llama Ismael Rodríguez Figueroa, retirado de la Administración de Corrección.  Nos casamos en Guayama para el año 1980. Tengo 3 hijos. Ismael Rodríguez Soto trabaja en Orlando en la compañía de Disney. Yasmelie Rodríguez Soto es estudiante de la Interamericana de Ponce y atleta en levantamiento de pesas de la Liga de Salinas en el Albergue Olímpico. Luis Rafael Peña Soto es manager de un hotel en Orlando. Está casado con Desiree L. Cruz Baerga y tengo dos hermoso nietos: Naseem y Eddie.

Mis padres fueron Julio Soto Colón de Coamo y Julia Brigantti Vilá del pueblo de Salinas. Desde que tengo uso de razón me interesó saber quiénes eran los miembros de mi familia. Conocía los más cercanos pero me entristecía pasar los momentos importantes, como la llegada del Año Nuevo, únicamente con mis padres, solamente nosotros tres.

Ya mayor ingresé al Ejército de los Estados Unidos y todo cambió.  Conocí a una persona de nombre César Ortiz. Nos relacionamos y compartimos al punto que nos enamoramos y quisimos casarnos. Como exigía la costumbre, quise hacer las cosas como Dios manda.  Lo primero, llegar con mi prometido al hogar de mis padres, para que lo conocieran y pedirle la bendición de nuestro matrimonio. ¡Dios mío! Nunca olvidaré el momento en que llegamos a la casa.  Mis padres se opusieron con vehemencia. No alcanzaba a entender su angustiosa oposición hasta que nos gritaron que no podíamos casarnos, porque él y yo éramos hermanos. ¡Como la sangre llama…!  ¡Qué horror! Jamás pensé que una cosa así me ocurriera. Desde ese día me prometí a mí misma que eso no les pasaría a mis hijos. Me prometí escudriñar la maraña familiar para nutrir de conocimiento mi existencia. Pero no sabía cómo hacerlo.

Comenté mi intención a familiares y amigos.  Por suerte, mi prima Carmín Brigantti Ortiz estaba realizando sus propios estudios genealógicos y tenía un camino andado en la materia, así que ella me enseñó como iniciar las investigaciones. Compramos los Censos 1910-20-30 de diferentes pueblos y con gran entusiasmo dejamos nuestras pestañas “pegás” a la computadora. Así fue como empecé. Continuamente llamaba a Carmín, o ella a mí, para intercambiar nuestros hallazgos. Muchas veces el fenecido esposo de Carmín, Carlos Villegas, la traía a casa para que continuáramos trabajando. Carmín estaba como la canción el “jibarito va”,  lo único que cargaba era su computadora. Confiscábamos el comedor mientras Carlos y mi esposo Ismael veían televisión.

Trabajando se nos pasaba el tiempo. Casi siempre nos daban la cinco de la mañana, bebíamos café, comíamos algo y arrancábamos, así trasnochadas, a visitar cementerios. Recorríamos todo el camposanto hasta dar con la tumba de algún familiar. Era una manera de saber las fechas de nacimiento y muerte, eso sí, sin contar con las “quemás” de sol que cogíamos y que las hormigas y mosquitos hacían fiesta con nosotras.

Mi árbol genealógico se titula “Soto Brigantti” y el de Carmín “Brigantti Ortiz” Durante las investigaciones, supe que mi abuelo paterno se llamaba Zoilo M. Colón Ortiz. Según he podido confirmar era descendiente de esclavos traídos a Puerto Rico.  Sus padres, es decir mis bisabuelos por vía paterna, eran José Margarito Colón y María Francisca Ortiz Valdez y mi tatarabuela era Telesfora Colón. Eran descendientes de los esclavos cuyos nombres y apellidos eran dados por sus amos y que casi siempre, cuando los vendían, cambiaban sus apellidos por otros. Ese primer hecho sobre mis ancestros por la vía paterna explica la enredadera infranqueable que cubre algunas ramas del árbol familiar que orgullosamente nos conducen a la indómita África.

De Zoilo M. Colón Ortiz con mi abuela Petronila nacen 8 hijos y uno de ellos es mi padre, que como muchos de nuestros padres y abuelos, trabajaban en la Central Aguirre.  Mi abuela, la esposa de Zoilo, se llamaba María Petronila Soto Vélez. Un dato curioso es que cortaron su apellido a Soto cuando era en realidad era Sotomayor.  La explicación de ese cambio es que resultaba más fácil manejar el Soto, pues eran personas analfabetas. La familia paterna de Petronila era Sotomayor Zambrana y procedían de España, hasta ahora me falta mucho tramo para llegar hasta allá.

Por parte de mi madre, Julia Brigantti Vilá, el bisabuelo era de Francia. Durante la época de Napoleón Bonaparte y sus guerras ocurrió que mucha gente emigró de Francia y sus tierras conquistadas. Muchos inicialmente emigraron a lugares como Córcega, e Italia, y de ahí a América, entre ellos mi bisabuelo materno. Su nombre fue Cruciano Bregante (o Briganti) Antonini y junto a él llegaron otros dos hermanos.  Estos se ubicaron en Yauco y Aguadilla. Cruciano se estableció en Salinas para el año 1874. Contrae matrimonio con Felicita Alvarado del  barrio Las Palmas. En ese barrio se ubican y procrean dos hijos: Joaquín y Hermenegildo, con ellos se inician los Briganti de las Palmas. Cuando fallece Felicita, Cruciano contrae de nuevo matrimonio con Cresencia Santo y tuvo seis hijos, uno de los cuales fue mi abuelo Pepe Briganti, bien conocido en el pueblo de Salinas. Dicen que el se vestía de blanco y se paseaba por la antigua plaza de Salinas, que le gustaba decir poemas y que vivía en la calle Baldorioty de Castro, además que para el año 1955 fue administrador en el hospital de este pueblo.

Luego tuve la oportunidad de poseer un permiso del Registro Demográfico Central para investigación genealógica.  Con ese permiso pude entrar a los registros de diferentes parte de la isla. Miraba libros de nacimientos, defunciones y matrimonios. Busqué datos desde el año 1885 hasta el presente.  Examiné aproximadamente sobre 500 páginas de cada uno de los libros. Eso me provocó varios episodios de alergias debido a lo viejo que son dichos libros. No era fácil por la forma que escribían en ese tiempo y por los cambios o errores al escribir, como por ejemplo, Valdez  que ellos escribían Baldes. Todo iba bien, hasta los sucesos del 9/11 cuando nos suspendieron los permisos.

Mi investigación ha llegado hasta mi quinta generación. Carmín está más adelantada en su investigación, eso porque pertenece a la Asociación Genealógica de Puerto Rico y como miembro tiene acceso a las microfichas y al asesoramiento institucional. Aunque yo no pertenezco directamente a la Asociación sigo sus reglas al pie de la letra.  La Asociación sabe que yo estoy realizando este trabajo y a su manera fiscalizan todo lo que hago. Esto es un trabajo serio guiado por un código de ética.

Aunque la gente no aprecie 20 años de trabajo, les aseguro que por lo menos mis hijos sabrán quienes son sus familiares. Espero que como un legado de mi parte pueda producir un libro para ellos. Hasta este día seguimos trabajando con los jóvenes de la familia y ya tenemos miles de parientes identificados.  Para que tengan una idea, entre los apellidos entrelazados en este rico devenir existencial humano puertorriqueño están:

Antonmarchi, Antonetty, Antonmattei, Antuna, Atilano, Ayes, Agostini, Almedina, Almodóvar, Alomar, Alvarado, Álvarez, Alsina Belpre, Benvenutti, Bengochea, Bermúdez, Blasini, Blondet, Carrión, Charles, Colón, Cusick, Cardona, Datime, Dávila, De Jesús, Escalante, Ferrer, Fortier, Garay, Jaiman, Laboy, Lanausse, Lluvera, Lucca, Lluch, Malave, Masso, Mattei, Mayoral, Negroni, Oliveri, Ortiz, Oxholm, Paduani, Peña, Picart, Pierlussi, Pinti, Pizarro, Rampolla, Rodríguez, Rosa, Rosaly, Semidey, Simonetty, Soto, Sotomayor, Turpo, Valdez, Vilá, Vivaldi, Zambrana, Zayas y otros más…

© Por Betsy Soto Brigantti

Nota: El apelllido Brigantti aparece escrito de diversas formas en los documentos: Bregante, Breganti, Briganti, Brigantti, Briganty y Brigantty.

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Ismael Rodríguez Figueroa, mi esposo

Mi hija Yasmelie Rodríguez Soto

Mi hijo Ismael Rodríguez Soto

Mi hijo mayor Luis Rafael Peña Soto

Rafa y mi nuera Desiree L. Cruz

Mi nieto Eddie

Mi nieto Nassem

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La Pala… de Hombre / por Marinín Torregrosa Sánchez

La voz de Luz Nereida se escuchaba:

«Fortuño delinea plan para combatir ola de violencia doméstica

Con el firme objetivo de atacar el problema de violencia doméstica desde sus raíces, el gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño participó del Primer Encuentro de Promesa de Hombre, un esfuerzo que  trata de romper el ciclo de violencia mediante la educación de valores, la implantación de programas preventivos, y la modificación de las leyes de violencia doméstica.

“La transformación social que buscamos no se logra de un día para otro ni con meras palabras.   Es responsabilidad de todos señalar e identificar conductas agresivas antes de que sea muy tarde.  Es también responsabilidad de todos  educar a nuestra sociedad con nuestros valores para recordar que con acciones positivas, cada día es un buen día para cambiar el mundo”, finalizó Fortuño»

Voló el control remoto por el aire pesado e inmóvil de aquella calurosa noche.  Golpeó la pantalla del televisor y se hizo pedazos.

-Mi amor, ¿qué pasó?

-Nada cariño, me quedé dormido viendo las noticias. Tuve una pesadilla y reaccioné involuntariamente. Pero nada, todo está bien. Prepara la recámara, voy en unos segundos, tengo que organizar mis documentos y madrugar… Me espera un largo día en la Oficina del Desempleo, en la Reforma de Salud y en los cupo…digo Asistencia Económica.

-Papi cuando te llegue el cheque ¿vamos pal cine? ¡Me diste tu palabra!

©Marinín Torregrosa Sánchez

Luis Muñoz Marín y Pedro Albizu Campos: una patria y dos caminos

Este sábado 26 de junio a la 6:00 PM el programa En la Punta de la Lengua realiza una remirada a las figuras de Pedro Albizu Campos y Luis Muñoz Marín.

Según el comunicado enviado por Gil Raldiris el propósito fundamental del programa titulado Luis Muñoz Marín y Pedro Albizu Campos: una patria y dos caminos es analizar los acontecimientos históricos que determinan la trayectoria de estas dos figuras de nuestro quehacer sociopolítico. ¿Cómo surgen estas dos figuras? ¿Cuáles son sus semejanzas y los grandes retos que asumieron? El momento en que se desvinculan profundamente  y cómo  interpretan ambos el devenir y el desarrollo del Puerto Rico de los años 1930 al 1960.

Se entrevista a: Sila María Calderón, Rubén Berríos, Fernando Martín, Héctor Luis Acevedo, los nacionalistas: Rafael Cancel Miranda, Heriberto Marín, a los historiadores: Carmelo Rosario Natal, Luis Ferrao, Carlos Hernández, entre otros. También  se entrevista a estudiantes, amas de casa y personas del público en general, para conocer el sentir y la interpretación que el pueblo tiene sobre ambas figuras.