¿Y tú? / Marinín Torregrosa Sánchez

La fuerza de choque formaba una muralla humana. El pan de la enseñanza, el diálogo, el debate tan esencial para el crecimiento intelectual fueron sometidos a la obediencia…
— ¿Y tú?   ¿Qué vas a ser cuando seas grande?  — preguntó la maestra cesanteada al aspirante a político, un joven universitario.
— ¿De la mayoría silente?—
—Tal vez…—
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©Marinín Torregrosa Sánchez

La mayoría si(l)ente / Gazir Sued

            El “silencio de las mayorías” –más que una categoría de análisis sociológico- es un concepto político abstracto y relativamente ambiguo, por lo que sus significados y sentidos están sujetos a las relaciones de poder en pugna que lo signifiquen. Habitualmente, la filosofía política lo ha interpretado como fundamento de legitimidad de la autoridad interventora del Estado de Ley. A la presumida representación de “la voluntad del pueblo”, por ejemplo, le subyace la apropiación previa de este supuesto. La clase política dominante hace y deshace en su nombre y para su propia conveniencia, y no es con arreglo a una razón superior sino por virtud de la invocación de una fuerza mayor, la suma de todos los silencios. Así, buena parte de lo peor en nuestras sociedades se hace en nombre de los callados, como si el mutismo generalizado, incondicionalmente y sin excepciones, fuera signo de complicidad con los privilegiados por el poder del Estado; como si el silencio de las muchedumbres fuera la firma del Contrato Social; como si por no mediar palabra la ciudadanía enmudecida consintiera las incompetencias y brutalidades de sus gobernantes.

            Me permitiré diferir, y diré que no sólo se equivoca quien piense así, sino que muy probablemente miente. Además de tratarse de una farsa ideológica, la historia de este “entendido” es la de la histeria de los malos gobiernos. Lo cierto es que “la mayoría silente” es irrepresentable en términos absolutos y definitivos, y quien quiera que reclame su representación es, cuando poco, farsante. Como símbolo, puede aludir a la masa indiferente y desentendida, perezosa o acobardada tal vez, pero nunca a una postura uniforme de pensamiento, sentimiento o razón.

            Las manifestaciones de protesta y los contextos huelgarios son escenarios donde se evidencia un revés en el significado y el sentido del silencio masivo. Y es que la mayoría silente no representa una fuerza de oposición en sí misma, como quisiesen engreídamente jerarcas, demagogos y politiqueros. La huelga estudiantil en la Universidad de Puerto Rico lo evidencia. Desde la más alta jerarquía de gobierno se convocó al fantasma de la mayoría silente a romper huelga. El gobernador y séquitos subordinados, en especial la rectora interina del recinto de Río Piedras, la convocaron pública e insistentemente. Y ésta les respondió como siempre, en silencio y ausente. Y es que a veces, de vez en vez, el silencio y la ausencia se convierten en valiosos gestos de solidaridad, una solidaridad fantasmagórica, es verdad, pero solidaridad al fin. Otras veces, quizá como casi siempre, nunca sabremos…

Gazir Sued

El autor nació en Puerto Rico. Es un doctor en filosofía y profesor universitario.  Es autor de varios libros, entre ellos, Utopía Democrática (reflexiones sobre el imaginario político posmoderno y el discurso democrático) (2001); Violencias de Ley (reflexiones sobre el imaginario jurídico penal moderno y el derecho estatal a castigar) (2001) y Devenir de una (des)ilusión: reflexiones sobre el imaginario psicoanalítico y el discurso teórico político en Sigmund Freud (2005). Es además un apasionado realizador de cine, arte en el que ha hecho encomiables aportaciones como lo es la película  El lenguaje de la guerra.

Terremoto de 5.8 en Puerto Rico

Confieso que me asaltó el temor.  Nunca antes sentí toda una casa moverse como una hamaca. Fue cosa de segundos lo que me permitió respirar más aliviado sin el susto mayor que pasó Eugenio en Chile.  El temblor ocurrió, según mi computadora, a la 1:16 de la madrugada de hoy.  Informes posteriores indican que su epicentro fue localizado a 113 km. de profundidad en el municipio occidental de Moca.  Se indicó además que ocasionó deslizamientos de tierra en la carretera 111 en jurisdicción de Utuado y daños a estructuras en los municipios de la zona.  Numerosas personas en Moca se atemorizaron y salieron de sus viviendas.  El sismo se sintió en toda la isla.  En la zona metropolitana de San Juan, los residentes de varios edificios multipisos salieron despavoridos hacia la calle.

Desde que tengo memoria, recuerdo haber sentido únicamente tres terremotos, y éste por ser originado en tierra lo considero el más fuerte de los tres.

Invito a nuestros lectores a compartir sus experiencias con éste y otros terremotos.  ¿Alguno de ustedes no lo sintió?

Veneno / Marinín Torregrosa Sánchez

La mujer decidió que era tiempo de mudarse. La computadora abrió donde no debía, mostró la foto de él con otra. Se veía tan feliz. Su rostro irradiaba la luz que te rejuvenece el alma. No lo esperaba, todo iba tan bien.
Ahora todas las nubes se apartaron de su entendimiento. La prisa, las excusas para no salir ni acompañarla.
-No quiero gastar, no me siento bien… –
Quiso enfrentarlo pero no debía. Perdería lo que había ganado.
-Callaré, cuando sea oportuno lo mencionaré. Mientras tanto ya sé lo que puedo esperar: mentiras. –
Guardó su dolor y enjugó la humillación en el silencio de su soledad. Nada sería igual.
Empaquetó su río de recuerdos, quemó cada una de las letras de su nombre, echó las cenizas por el escusado. Mudó su piel. Fría y tosca como superficie de piedra.
Desde entonces, en las noches le prepara un café antes de acostarse. Las ratas se multiplicaban cada día. Inexplicablemente el veneno no las mata.
© Marinín Torregrosa Sánchez

Kamikaze / Josué Santiago de la Cruz

—Es un día hermoso para morir.

Oyó el comentario, pero no le prestó importancia e inspeccionó la ametralladora.

—¡Comandante, nada más tengo una ristra de balas!

—No la vas a necesitar —la voz del piloto vibró en sus oídos al momento en que descendía a toda velocidad hacia un mar infectado de acorazados.

Agarró el arma con ambas manos y empezó a disparar.

Envuelto en una bola de fuego, el pájaro de metal impactó la cubierta y él sucumbió al efecto del sedativo.

© Josué Santiago de la Cruz