Guillermo Rosado Ramos: el Gran Campeón / Roberto Quiñones Rivera

Con este artículo damos inicio una serie dedicada a reconocer las hazañas y la vida de los atletas salinenses.  Se trata de personajes que le han dado lustre y gloria a nuestro pueblo y a Puerto Rico en diferentes deportes a lo largo de la historia, hechos muchas veces desconocidos.   Por eso, en  Encuentro… Al Sur nos proponemos difundir las aportaciones de nuestros atletas, más allá de sus gestas deportivas, para conocimiento de sus propios compatriotas.

Comienzo esta serie destacando la vida de un atleta muy conocido en todo Puerto Rico, a quien  muchos expertos aún consideran el mejor pelotero aficionado que ha dado nuestro país. Me refiero a Guillermo Rosado Ramos.

En los anales de los torneos del beisbol superior aficionado no ha habido un bateador que haya acumulado, en un mínimo de diez temporadas, un promedio de bateo de por vida más alto que el de Guillermo Rosado Ramos, versátil jugador y recio bateador de los Peces Voladores de Salinas.

Guillo, como se le conocía, posee un promedio de .378 de promedio por vida.  En siete de los 12 torneos en que participo bateo sobre .370, y tres de ellos sobre .400.  Se desempeñaba  en la receptoria, la inicial y en los bosques.  Integró la selección nacional de Puerto Rico de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1959. Sus actuaciones en los juego fueron decisivas y la inspiración que le dio la medalla de oro a nuestro País.

En el 1958, jugando para los Maratonistas de Coamo, ya que en Salinas no había franquicia doble AA,  conectó 10 cuadrangulares e impulso 42 carreras contribuyendo a que Coamo se convirtiera en el campeón nacional de Puerto Rico.   En el 1964, vistiendo las franelas de Salinas, conectó tres cuadrangulares en un desafío contra Yauco, actuación que en mi mejor recuerdo no se ha repetido en Salinas.

Guillo Rosado Ramos fue exaltado al Caney de la Fama del Deporte Salinense en el 1990.  Dos años después fue exaltado al Pabellón de la Fama del Deporte Puertorriqueño, honor que viene a ser comparable con el que se honra a los peloteros del béisbol de Grandes Ligas.

Los logros de Guillo Rosado en el béisbol fueron muchos e indiscutibles.  Pero también es encomiable su gesta como ciudadano, hijo, hermano, esposo y padre, en otras palabras, como ser humano.

He tenido la suerte de conocer a la Sra. Ana Ofelia Aponte, viuda de Guillo Rosado y  a la hermana de éste Elsa Rosado Ramos, a quienes me unen lazos de amistad de muchos años. A través de ellas he podido conocer la calidad de ser humano que fue Guillo Rosado Ramos, al cual no tenemos otro titulo que otorgarle que no sea el de Gran Campeón.

Los que conocieron a Guillo, fuera del parque de pelota, lo describen como el hombre humilde que fue, buen esposo, buen padre, tremendo hermano, un ser extraordinario en su comunidad.  No hemos conocido a alguien que diga algo negativo del ser humano que fue Guillo.  Era un amable vecino dispuesto a ayudar al que lo necesitaba, ya fuera para levantar una verja, poner unos bloques, o hacer una instalación eléctrica.  Guillo decía siempre presente y todos afirmaron que su trabajo era totalmente voluntario, sin intenciones de lograr alguna remuneración económica.

Fueron varias las familias a las cuales Guillo ayudó económicamente sin que su propia familia tuviera conocimiento de este acto de desprendimiento.  Se enteraron luego de su inesperado fallecimiento, cuando personalmente acudieron donde su viuda  a dar testimonio de cómo actuaba Guillo en la comunidad.

Recuerdo un escrito que hiciera Don Osvaldo Gil, quien fuera presidente del Circuito de Beisbol Aficionado de Puerto Rico, donde  indicaba que la infinita sencillez y la extrema humildad de Guillo  le servían de llave maestra para abrir las puertas de los corazones de cuantos le conocían.  Don Osvaldo también indico que Guillo hizo un sacerdocio de la amistad y un apostolado del servicio al prójimo.

El legado dejado por Guillo Rosado es admirable, tanto en la parte deportiva como en sus ejecutorias como ser humano. Por eso, incuestionable e indudablemente, posee los méritos para que Salinas, de manera especial, honre su nombre como ejemplo a emular por las futuras generaciones.

© Roberto Quiñones Rivera

Bibliografía:

Alvarado, Jossie. Guillo Rosado: el orgullo de Salinas. Salinas: Peces Voladores. Consultado en: http://www.salinasaa.com/Inmortales/GuilloRosado.htm

Entrevistas con Ana Ofelia Aponte y Elsa Rosado Ramos.

Edición srs

Comentando fotografías, 52: Clases con el Padre Torres

Esta hermosa foto nos la proporcionó Monsita Navarro por vía de Roberto Quiñones.   Agradecemos a Monsita el gesto que nos permite recrear en las caritas de unos niños de ayer toda una memoria de vivencias pueblerinas.  Cada rostro habla de gente y de familias  que en diaria convivencia sostuvieron la marcha de un pueblo por los intrincados caminos hacia el futuro.  Ahora, hecha historia, esta imagen seduce la imaginación y es motivo para reflexionar sobre el camino recorrido.

El sacerdote puertorriqueño que figura en la foto es el Rev. José Torres. El Padre Torres fue el párroco de la Iglesia de la Monserrate de Salinas desde del 19 de agosto de 1945 hasta que en 1956 lo sustituyó el sacerdote escolapio Ramón Aznar. Probablemente la foto es de principio de la década de 1950.  Pero dejemos que nuestros lectores arrojen luz sobre la estampa captada por el lente.

¿Qué fue de aquella señora? / Mayra Cruz

           Aquella señora fue una muy fuerte de carácter, dominante, trabajadora y prácticamente la jefa del hogar.  Siempre luchó por sus hijos con uñas y dientes.  Trabajó de sol a sol para echarlos hacia delante y su orgullo eran ellos.

            Ella tenía un esposo, uno que siempre le decía que sí, para no llevarle la contraria.  Uno que le prometía muchas cosas, pero que siempre la dejaba en la estocada.  Uno que no tenía el carácter necesario para imponerse con autoridad y dirigir lo que se tenía que hacer.

            La señora fue caminando por la vida con una rabia escondida, ya que su esposo no era lo que quizá ella deseaba.  Ese hombre nunca tuvo el valor de mirarla a la cara, porque era un cobarde de carácter y espíritu.

            Pasaron los años, y la señora fue perdiendo toda facultad de reconocer que estaba enfermando.  No, no, eso ella no podía aceptarlo, ya que ella era siempre la que tenía la razón.  Como nunca nadie le llevó la contraria, ella entendía que lo que decía era ley.

            Su enfermedad la fue deteriorando, ya no recordaba dónde guardaba las cosas, pensaba que todos estaban en su contra e inclusive le robaban para mortificarla.  Realmente, ella no quiso nunca aceptar que su memoria estaba fallando.  Comenzó a dejar de comer, a dejar de asearse, a rodearse de animales, porque eran los únicos que podían escucharla y acompañarla; alejó a sus seres queridos porque sintió pánico de que ellos quisieran dirigir su vida.

            No, ella no podía aceptar eso.  Ella siempre tuvo el control……sí el control….el control de todo lo que le rodeaba…hasta el de su marido.  Un marido que ahora continuaba siendo el mismo… un hombre con poco espíritu y poco temple para llevar las riendas de cualquier cosa. 

            Pobre señora, ya no es ni siquiera la sombra de lo que fue en el pasado.  Está muy delgada, desvalida y con su mente en el pasado.  No puede salir de su casa, ya que eso es lo único que puede recordar de su entorno.  Ya no es la mujer fuerte que trabajaba y amorosa con sus hijos.  Ahora divaga por su hogar, entre excrementos de animales que ni siquiera pueden decirle te amo.  Ya un te amo no es importante….realmente nunca pudo serlo.  No supo lo que era eso…

            Amó tanto pero no recibió nada a cambio.  Su amado no la valoró y ahora se aprovecha de que su mente la traiciona.  La castiga con su dejadez, la castiga con su abandono, la castiga no cuidándola, la castiga con permitir que no mantenga un aseo adecuado.  Verdaderamente, es como si estuviera vengándose de que ella siempre fuera controladora, fuerte y quien dijera siempre la última palabra.

            En esta ocasión, él quiere decir la última palabra…..y es que ya no puedes decirme lo que tengo que hacer, ya que tu ni siquiera puedes saber quién eres…

 ©Mayra Cruz