Comentando fotografías: Maestros de pasadas generaciones de estudiantes de Salinas

La educación juega un papel vital en el crecimiento integral de las personas.  Ella no es un proceso perfecto, como todos los quehaceres humano, pero a falta de ella estaríamos más vulnerable a los peligros que provoca la ignorancia.

La educación no es un don privativo de los maestros pero son ellos el recurso humano que destinamos a idear, organizar y ejecutar el proceso educativo.  La escuela es la institución donde ocurre formalmente el proceso educativo de los individuos y el maestro el agente seleccionado para llevarlo a cabo.

En la primera mitad del siglo 20 ejercieron ese magisterio decenas de persona en Salinas.  Roberto Quiñones Rivera nos proporciona un retrato donde figuran algunos maestros y maestras que regenteaba las escuelas públicas de Salinas.  Los que fueron alumnos durante los años 1940 a 1950 recordarán los rostros.  Seguramente alguno que otro de estos maestro podrán ser identificados para recuerdo de las pasadas generaciones y conocimiento de las presentes.

Comente esta foto e indique en cuál de las tres filas y en qué posición de izquierda a derecha se encuentra el maestro y maestra que recuerde,

Maestras de Salinas siglo 20 (3)

Comentando fotografías: Clase graduada de la Primera Escuela Superior de Salinas, 1952

Uno de los momentos significativos de la vida, son las graduaciones.  Por un feliz instinto humano al cabo del tiempo de graduarse, los que compartieron ese instante de la vida, buscan reencontrarse, tal vez para repasar lo que ha sido de cada cual pasado los años.

Probablemente las chicas y chicos en esta foto celebraban el 32 aniversario de haberse graduado de la Primera Escuela Superior de Salinas, cuando su sede ubicaba en la nonagenaria Escuela Luis Muñoz Rivera. Los integrantes de este grupo deben haber nacido entre 1937 y 1939, es decir hace unos 77 o 79 años.

El reencuentro escolar se celebró en el edificio del Club Salinas en la calle de La Playa.  La foto fue proporcionada por Ricky Sánchez y forma parte  de los recuerdos de su familia.  En ella aparece su madre Lillian E. Rodríguez Ayes, hija de Don Pablo Rodríguez y Luz M. Ayes (doña Nena) y viuda del recordado Manolín (Angel M. Sanchez).

Aunque se escapan algunos nombre, los rostros son todos conocidos para los baby boomer que estudiaron en la Muñoz Rivera.  Pero no crea que Julín Jiménez González era uno de los graduados,  Llegó allí porque estaban invitadas las maestras de la clase, entre ellas Ms. Santos y  Ms. Polanco.

Quizás alguno de nuestros lectores recuerde el año en que se tomó la foto o pueda identificar a las personas captadas por el lente en dicha ocasión.

srs

Clase graduada 1952 de la Primera Escuela Superio de Salinas Luis Muñoz Rivera

Y mi abuela ¿dónde está? / Lilia E. Méndez Vázquez

Serie Genealogía

María Antonia Romagú Pellot

El hilo ancestral que me ata a Antonia Romagú Pellot proviene de una mujer llamada María Francisca Romagú, que vivió a principios del siglo 19 por los pueblos de Hormigueros y Mayagüez. Tuvo dos “hijos naturales”: una hembra llamada Felícita y un varón llamado Emilio. Felícita fue la madre de mi tatarabuela paterna llamada Fidela y su tío Emilio fue el abuelo de Antonia.

Cuatro meses antes de la invasión estadounidense a Puerto Rico, el 17 de enero de 1898, nacía en Hormigueros, María Antonia Romagú Pellot. Cuando Antonia tenía 2 años de edad, nació su hermana Alfonsa y a la edad de 4 años murió su madre. Ricarda Pellot, falleció en Las Marías a los 21 años, víctima de una infección puerperal, lo que supone que Antonia pudo haber tenido un tercer hermano. El acta de defunción de su madre indica que tuvo tres hijos: Juan, Antonia y Alfonsa.

Nada sabemos sobre quién se hizo cargo de los niños. El censo de población de 1910, cuando tenía 12 años, ubica a Antonia viviendo alojada en la casa de Angela Bernard, en la carretera de Mayagüez a San Germán. Allí asistía a la escuela pública, donde apenas aprendió a leer y escribir.

Mientras tanto, su padre Isidoro, quien era zapatero, vivía en el barrio Naranjales de Las Marías junto a su nueva esposa, una modista llamada María A. Padilla. Al año siguiente, moriría en el hospital San Antonio de Mayagüez, a consecuencia de una hernia estrangulada.

En 1918, Antonia emigra a La Romana, República Dominicana con el propósito de reunirse con su madrina, Catalina Souffront de Muñoz, de quien era su empleada doméstica. Zarpa desde el puerto de Mayagüez el 6 de febrero de 1918 en el vapor Marina. Tenía 20 años, medía 5 pies y era de complexión negra.

Al cabo de dos años, en enero de 1920, desembarca del vapor Cricket en el puerto de Guánica, y es alojada en la casa de la familia Muñoz Castro, en la calle San Silvestre, del barrio Cárcel de Mayagüez. Allí vive también su madrina con su familia.

El 29 de marzo de 1925 en el mismo barrio, Antonia da a luz una “hija natural” a quien puso por nombre Felícita. Acude a registrarla Carlos Vélez en calidad de amigo de la madre. La niña falleció el 11 de noviembre de 1926, a los dieciocho meses de edad, a consecuencia de un cólico infantil. Para esa época ella y su madre vivían en el barrio Dulces Labios.

Dos años después, víctima de la malaria, muere Antonia a los 29 años de edad, un 25 de noviembre de 1928.

eduardogaleano (2)

Elogio del sentido común / Eduardo Galeano

[“Le Monde Diplomatique rescata este artículo sobre el sentido común del escritor uruguayo Eduardo Galeano que siempre estuvo del lado de los oprimidos usando el oficio de periodista y escritor para agujerear las dictaduras del Cono Sur. Diferente de otros, no abandonó su compromiso militante en tiempos de incertidumbres ideológicas: estuvo junto a los movimientos contrahegemónicos de los noventa y se acercó a las plazas de los indignados de la presente década. Un firme practicante del “sentido común”. Galeano murió en Montevideo el año pasado. Recordémoslo.”]

ELOGIO AL SENTIDO COMÚN

por Eduardo Galeano

Nos reúne, en la mañana de hoy, la búsqueda de áreas de cooperación y de encuentro en este mundo enfermo de desvínculos. ¿Dónde podremos encontrar un gran espacio todavía abierto al diálogo y al trabajo compartido? ¿No podríamos empezar por buscarlo en el sentido común? ¿El cada vez más raro sentido común?

Los gastos militares, pongamos por caso. El mundo está destinando 2.200 millones de dólares por día a la producción de muerte. O sea: el mundo consagra esa astronómica fortuna a promover cacerías donde el cazador y la presa son de la misma especie, y donde más éxito tiene quien más prójimos mata. Nueve días de gastos militares alcanzarían para dar comida, escuela y remedios a todos los niños que no tienen. A primera vista, esto traiciona el sentido común. ¿Y a segunda vista? La versión oficial justifica este derroche por la guerra contra el terrorismo. Pero el sentido común nos dice que el terrorismo está de lo más agradecido. Y a la vista está que las guerras en Afganistán y en Irak le han regalado sus más poderosas vitaminas. Las guerras son actos de terrorismo de Estado, y el terrorismo de Estado y el terrorismo privado se alimentan mutuamente.

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En estos días se han difundido las cifras: la economía de Estados Unidos está repuntando y ha vuelto a crecer a buen ritmo. Sin los gastos de guerra, según los expertos, crecería mucho menos. O sea: la guerra de Irak sigue siendo una buena noticia para la economía. ¿Y para los muertos? ¿Habla el sentido común por boca de las estadísticas económicas? ¿O habla por la boca de ese padre dolido, Julio Anguita, cuando dice: “Maldita sea esta guerra y todas las guerras”?

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Los cinco países que más armas fabrican y venden son los que gozan del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. ¿No contradice el sentido común que los custodios de la paz mundial sean los que hacen el negocio de la guerra?

A la hora de la verdad, esos cinco países mandan. También son cinco los países que mandan en el Fondo Monetario Internacional. Ocho toman las decisiones en el Banco Mundial. En la Organización Mundial del Comercio está previsto el derecho de voto, pero jamás se usa.

La lucha por la democracia en el mundo, ¿no tendría que empezar por la democratización de los organismos que se llaman internacionales? ¿Qué opina el sentido común? No está previsto que opine. El sentido común no tiene voto, y tampoco tiene voz.

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Muchas de las más feroces extorsiones y de los más atroces crímenes que el mundo padece se llevan a la práctica a través de esos organismos que dicen ser internacionales. Sus víctimas son los otros desaparecidos: no los que se perdieron en la niebla de horror de las dictaduras militares, sino los desaparecidos de la democracia. En estos años recientes, en Uruguay, mi país, y en América Latina y otras regiones del mundo han desaparecido los empleos, los salarios, las jubilaciones, las fábricas, las tierras, los ríos, y hasta han desaparecido nuestros hijos, que desandan el camino de sus abuelos, obligados a emigrar en busca de lo que desapareció.

¿Obliga el sentido común a aceptar estos dolores evitables? ¿Aceptarlos, cruzados de brazos, como si fueran la inevitable obra del tiempo o de la muerte?

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¿Aceptación, resignación? Reconozcamos que poquito a poco, el mundo va siendo menos injusto. Por poner un ejemplo, ya no es tan abismal la diferencia entre el salario femenino y el salario masculino. Poquito a poco, digo: al ritmo actual, habrá igualdad de salarios entre los hombres y las mujeres dentro de 475 años. ¿Qué aconseja el sentido común? ¿Esperar? No conozco a ninguna mujer que viva tanto.

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La verdadera educación, la que proviene del sentido común y al sentido común conduce, nos enseña a luchar por la recuperación de todo lo que nos ha sido usurpado. El obispo catalán Pedro Casaldáliga lleva largos años de experiencia en la selva brasileña. Y él dice que es verdad que más vale enseñar a pescar que regalar pescado, pero advierte que de nada sirve enseñar a pescar si los ríos han sido envenenados o vendidos.

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Para que los osos bailen en los circos, el domador los amaestra: al ritmo de la música, les golpea las ancas con un palo erizado de púas. Si bailan como deben, el domador deja de golpearlos y les da comida. Si no, continúa el tormento, y en las noches los devuelve a las jaulas sin nada que comer. Por miedo, miedo al castigo, miedo al hambre, los osos bailan. Desde el punto de vista del domador, esto es puro sentido común. Pero, ¿y desde el punto de vista del domado?

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Setiembre de 2001, Nueva York. Cuando el avión embistió la segunda torre, y la torre crujió, la gente huyó volando escaleras abajo. Entonces los altavoces mandaron que los empleados volvieran a sus puestos de trabajo. ¿Quiénes actuaron con sentido común? Se salvaron los que no obedecieron.

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Para salvarnos, juntarnos. Como los dedos en la mano. Como los patos en el vuelo.

Tecnología del vuelo compartido: el primer pato que se alza abre paso al segundo, que despeja el camino al tercero, y la energía del tercero levanta vuelo al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, que presta fuerza al séptimo.

Cuando se cansa el pato que hace punta, baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa uve invertida que los patos dibujan en el aire. Todos se van turnando, atrás y adelante. Según mi amigo Juan Díaz Bordenave, que no es patólogo pero sabe de patos, ningún pato se cree superpato por volar adelante, ni subpato por marchar atrás. Los patos no han perdido el sentido común.

(Fuente: Le Monde Diplomatique)

Nota de redacción: Se dice que el sentido común está anclado en lo prudente, lógico y valido.  Se le considera un don para inferir con celeridad las decisiones de la vida práctica y juzgar las situaciones de forma razonable.

 

Cuentos del cañaveral

cuentos del cañaveralEl año pasado el Círculo Literario Antonio Ferrer Atilano llevó a cabo una velada en torno a libros de cuentos publicados por autores salinenses. La intención era explorar el proceso creativo y la temática de algunas de las narraciones incluidas en los libros.  En la actividad participaron los escritores Roberto Quiñones, Edelmiro Rodríguez, José Santiago y Edwin Ferrer.  Hoy iniciamos la publicación de algunas de las opiniones e ideas expresada por los autores en aquella ocasión.

Uno de los autores participante fue José Santiago Rivera, mejor conocido por Pepo Santiago, quien en ocasiones escribe bajo el seudónimo Sebastiopolo. En ese momento Santiago había publicado tres libros: Un Gobierno libre de Partidos Políticos, que es una crítica a los partidos y a políticos de oficio que causaron y continúan creando los problemas que abruman al país; El segundo, La Justicia Verdadera, una crítica al sistema de justicia donde expone la desigualdad que existe al momento de juzgar a la gente común frente a los pudientes y a la elite gubernamental.  Y, Cuentos del Cañaveral, el libro sobre el cual hizo la siguiente exposición:

Participación de José Santiago

Hoy quiero hablar específicamente de mis cuentos que no son fantásticos, tampoco son cuentos de hadas, ni mucho menos fábulas. No son vivencias, pues no narran experiencias vividas. Ni anécdotas porque, aunque en cada cuento hay personas que en verdad existieron, o existen, lo que de ellos narro son solo cuentos. Los agrupé con el título Cuentos del Cañaveral, porque en cada uno hay un enlace con el cañaveral, la zafra y la central azucarera.  Ese lugar donde la necesidad obligó a muchos al trabajo de sol a sol por un salario de subsistencia. Era la explotación del hombre por el hombre, una continuación a la emancipada esclavitud.

Esta noche pretendo contarles el cuento dentro de cada cuento. Lo que provocó la creación de cada uno de ellos, qué lo motivó. Aunque el libro consta de doce cuentos hoy solo voy a hacer mención de cuatro de ellos.

Ambos lados de la carretera que conducía desde el pueblo de Salinas a la entrada a mi barrio La Playa estaban sembrados de caña de azúcar. A mitad de la carretera cruzaba el callejón de La Margarita, un  camino de tierra que dividía en dos los sembradíos de caña por el que pasaba el tren. El recorrido a pie hasta el pueblo no tomaba más de quince minutos. Los sábados en la noche los chicos del barrio caminaban a pie hasta el pueblo para asistir a su mayor diversión, el cine. Lo hacían en grupo, para mitigar los miedos que le provocaban los diferentes sonidos que producía el viento en los cañaverales. Ver a mi hermano llegar a mi casa asfixiado por la carrera desde el callejón de La Margarita con una bicicleta sobre sus hombros y el personaje de una simpática señora con piel azabache que acostumbraba vestir de blanco, da paso a la creación del cuento El Callejón de la Margarita.

El cuento El Engaño esta inspirado en las historia que se contaban en las colonias cañeras. Recuerdo que se hablaba de un capataz prepotente, el gran Paco el mulo, lo de mulo lo dejo a la imaginación del lector. Este gustaba de picar en la parte más oscura  de las mujeres, de las solteras y las ajenas. También se deleitaba fumando aromáticos cigarros. Paco estaba casado con Juana, una hermosa hembra que poseyó a los quince años. El oro personaje es un mulato solterón llamado Juancho, quien también hacía de las suyas con las féminas y entre ellas con la mujer de Paco. El capataz se entera y disimula un viaje a la comarca vecina y le pide de favor a Juancho que cuide del área pues no piensa regresar hasta el otro día. ¿Qué ocurrió? Recuerden que Paco fumaba olorosos cigarros.

El cuento El Aparecido, viene a mi memoria cuando de niño, sentado en las escaleras de la puerta trasera de mi casa, la cual quedaba cerca de la cocina del restaurante de mi abuela Ladi, oí a una de las cocineras gritar “el muerto apareció”. Al pasar del tiempo me enteré de que el aparecido era el esposo de una de las cocineras llamado Aurelio que sea había ido a los Estados Unidos en busca de mejor suerte y estuvo perdido por muchos años. Hasta lo dieron por muerto. También conocí de los abusos y el discrimen contra boricuas que emigraban a la gran urbe. Aurelio decidió emigrar y de la historia de su regreso nace este cuento.

En el cuento Sobre el Puente del Rio Niguas, vuelve a sobresalir la figura de mi hermano. El condenado moría por las faldas. Recrea una ocasión en que conducía una camioneta, eso que el americano llama pick up, en compañía de una amiga. De regreso después de una noche de juerga la camioneta se queda sin gasolina justo en el puente cerca de Radio Hoy. De ese pequeño incidente que es lo único real, ¡ah! y el que él era casado, surge el cuento que les cuento.

De lo que se narra en el cuento Sucedió un Viernes se han escrito muchas historias. Más la cuento a mi manera  añadiendo elementos que lo hacen jocoso. Trata de un accidente de aviación. Mare y Conchita son personas reales, los demás personajes son nombres escogidos al azar. Sucedió un Viernes Santo, lo dieron por muerto, le rezaron y regresó a su casa el domingo como todo un cristo resucitado.

Los doce cuentos que componen este libro fueron escogidos de una veintena de cuentos escritos en los últimos dos años. Mi mayor deseo es que les guste y lo auspicien.

José Santiago Rivera

Es ahora / HLJorge

Dos sonrisas a pesar del infierno
de tanques y Kalashnikovs.
Mi piel se despereza con el sol,
sobrevuela tu cuerpo dormido;
tus ojos se abren cansados,
me refugian,
la muerte queda afuera.
Emerge la hierba pertinaz,
se impone,
saluda sorprendida,
cuánto cadáver inocente.
Hacer el amor sobre una tierra herida sin piedad,
entre tanta sangre y miembro mutilado,
bajo el gris mortal de la desesperanza.
No importa, mi amor,
es ahora,
mientras llega el proyectil que nos reservan.

Origen: Es ahora en Cosas