La tercera invasión / por Marinín Torregrosa Sánchez

Un estallido me levantó de la cama. Gritos, ráfagas de explosiones que se sentían cada vez más cerca. Me asomé temerosa por la ventana de la sala y vi como los vecinos estaban todos afuera de sus casas, la muchachería de la barriada corría de un lado de la calle a otro. Una ola de humo se levantaba por encima de los techos de las casas frente a la mía. Se escuchaban gritos, incomprensibles, no podía entender lo que decían, ni de que se trataba aquel revolú. Decidida, agarré el machete que heredé de Moncho y me dispuse a salir con la osadía que el susto entre cuero y carne me impulsaba.

-¡Nos salvaron! Nos rescataron! ¡A la victoria! ¡Somos libres!

¡¿Libres!? ¡Salvos! Solté el machete, abrí el portón y corrí a unirme a la celebración. Me abracé a la vecino que no soporto, al viejo ligón, a la bochinchera bruja y al que me madruga con los ruidos del martillo y la máquina de podar la grama. Bailé con el nene jodón que tira piedras, jugué con cuanto perro sarnoso me ladraba y le besé las manos al que me había gritado hija de la gran puta… Por fin, ¡libres!

Del lado sur de la calle se acercaban camiones, una procesión de soldados y por altavoz un tipo con cabello anaranjado subido a una “tumba coco” gritaba: “EL que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente”.

Alcancé un rollo de papel toalla y me encerré en mi casa a llorar.

©Marinín Torregrosa Sánchez, 10 de agosto de 2020.

Nota aclaratoria: Esto es un cuento. Los hechos no son ciertos, lo único verídico es que poseo y heredé el machete. Lo que digo de mis vecinos es parte de la ficción. Mis respetos a todos.

In Memoriam: Conrada Morales Zayas (Conga)

por Eris Torres

Pensando estos días en cuanto querías a Papi[1]. Recordando las discusiones y disculpas entre ambos, el en la hamaca y tú a su lado en la silla perfecta para la ocasión. No todos se sentaban con él. Solo los preferidos y tú eras una de ellas.

¿De que hablaban? ¡De todo! Lotería, política, religión, eventos sociales, en fin, de todo un poco. ¡Y yo en el medio de aquellos dos seres que discutían hasta ganar los dos!

Aquellos días de agonía de papi, cuánto te llamó y tú llegaste y se despidieron. Recuerdo tus lágrimas al salir y dejarlo en su agonía. Al otro día ya él no estaba y siempre me decías cuánto lo extrañabas. Hoy ya no estás y no pude ir a tu despedida, pero creo que desde esa dimensión que estás me entiendes.

Días antes de tu evolución te envié un abrazo con Carmín. ¿Ya te encontraste con papi? ¡Mami debe estar cerca… dile que los amo! ¡Descansa en paz Conga! Esposa abnegada. Madre ejemplar. Amiga incondicional. Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Proverbios 31:10.

¡A los familiares nuestro abrazo y bendiciones! ❤️ Un fuerte aplauso a nuestra querida Conga.

[1] Víctor Torres Quirindongo

Hallazgos arqueológicos de principio del siglo 20 en Salinas, Puerto Rico / por Francisco Meléndez Santiago

Serie Testimonios

Salinas fue reino del cacique Agüeybaná, cacique indio principal de Borikén, cómo llamaban a Puerto Rico, tenía en los valles extensos de Salinas a su lugarteniente, él también cacique Abey.

Debemos recordar que el máximo jefe indio era Agüeybaná, fue hermano del caudillo de la primera sublevación de los indios contra los españoles en Puerto Rico y tan pronto como fue muerto fue sustituido por Gueybaná[1], siendo este joven y valiente, preparado para combatir a muerte a los conquistadores.

Salinas fue parte del cacicazgo de Borinquen conocida con el nombre indígena de Abeyno y bajo el gobierno del cacique Abey.  Es decir, en Salinas como en otros pueblos del país floreció la cultura india cuya religión consistía en rendir culto a la naturaleza o el totismo, adorando las plantas, los animales y pájaros.

Sin embargo, tenían la creencia en un dios superior llamándole Yucayú[2], el cual creían reinaba en los altos picachos y era el dios del bien.

Creían también en un espíritu del mal llamado Juracán[3], palabras adaptada al castellano para designar los ciclones antillanos. Creían en fantasmas y en que los espíritus de los muertos regresaban a la Tierra de cuando en cuando.

Los Cemís eran los dioses titulares de los indios, eran hechos de barro[4]. Nos mueve el anexar esto, ante recuerdos de Salinas, el haber leído recientemente el hallazgo del cemí, más grande encontrado en la región sur cerca de Salinas.

Eso me llegó a los años 20, siendo mi abuelo don José Maldonado, mayordomo de la Hacienda Margarita. Recibió una orden del superintendente de la Hacienda Carmen don Paco Colón, a ponerse a las órdenes brindando hombres y equipo para una tarea de exploración bajo el mando de un arqueólogo norteamericano[5] con permiso de la Central Aguirre.

Así se hizo y el arqueólogo eligió la zona detrás de la vieja escuela del Bo Playa, llegando al mar Caribe, donde antes existía una cadena de ancla de goleta amarrada en la orilla, se creía había pertenecido a un barco del pirata Cofresí, al atracar al litoral para enterrar un tesoro.

Extrajo el arqueólogo una especie de plano, ordenando a los obreros cavar en forma de un rectángulo. A una profundidad como de 15 pies ordenó la detención de los trabajos. En la Central Aguirre se había fabricado una caja rectangular, de acuerdo con las medidas ordenadas por el explorador.

Se trajo al sitio, se colocó sobre el terreno preparado para la tarea y con una plancha de hierro se viró con toda la tierra adentro, se clavó y se llevó a la Central Aguirre. De ahí en adelante, pudimos asegura se trataba de un tesoro indio ya que no se informó sobre el contenido de la caja. Lo afirmamos porque después de abandonado el sitio dejaron una escalera, por la cual acompañados de unos compañeros de juego, bajamos al fondo de la excavación y encontramos un reguero de cosas indias.

Salimos y regresamos con una caja de madera donde se traía el gas (kerosene) y lo llenamos de esas cosas.  La noticia se esparció y llegó a oídos del doctor Montalvo Guenard[6], médico en Salinas y arqueólogo, residiendo en la calle de Ponce, donde todavía se encuentra la escalera de su residencia destruida por un incendio. Al contemplar el doctor Montalvo, lo que el cajón contenía, quedó maravillado y nos ofreció unos dólares por ellos. En nuestra inocencia se los vendimos creyendo haber realizado el mejor negocio, y creemos fueron a ingresar más tarde al museo indio del doctor Montalvo Guenard, el mejor privado de Puerto Rico. Había Cemíes, dándonos cuenta de ello años después al leer sobre el particular.

Recordamos que en la hacienda Margarita vivía una señora (espiritista) [que] fue al sitio y cayó en trance obsesionada (según ella) por un jefe indio. ¿Sería acaso el cacique Abey?

Creemos, tal vez todavía puedan existir personas en Salinas (Bo Playa) de nuestra edad pudiendo recordar el evento histórico en la lejanía de las memorias y el tiempo.

A pesar de los años pasados (68) todavía si no se han construido hogares en el sitio, nos atrevemos a señalar el sitio de la excavación. No sabemos si existe allí todavía la vieja cadena de la vela de la goleta atribuida a Cofresí.

©©por Francisco Meléndez Santiago

Tomado del libro del autor Añoranzas de mi pueblo Salinas, ©1991.  Este texto fue escrito en la segunda mitad de la década de 1980.

Notas por Sergio A. Rodríguez Sosa.

 

[1] También conocido como Agüeybaná, el Bravo (1470-1511)

[2] Yúcahu es una de las deidades de la mitología taína, también llamado Yokahu Vahya Maorocoti e hijo de la diosa Atabey o Atabeira y que habitaba en el Yunque.

[3] Juracán en la mitología caribeña era una deidad femenina, la señora de los vientos, que era conocida como Guabancex. Era una diosa malvada que dominaba las tormentas y vivía en el país de Aumatex, cacique de los vientos.

[4] Los cemís también se hacían con textiles y labrados en madera, hueso y piedra.

[5] Probablemente se refieren a las búsquedas arqueológica de las primeras décadas del siglo 20 en Salinas realizadas por el joven Samuel K. Lothrop, hijo de uno de los dueños bostonianos de la Central Aguirre, inspirado quizás por el afamado arqueólogo estadounidense de esa época Jesse Walter Fewkes, autor de estudios sobre los aborígenes de Puerto Rico y de las Antillas frutos de sus excavaciones en el sur del país.

[6] José Leandro Montalvo Guenard (1885-1950) médico, arqueólogo e historiador que según el censo de 1920 vivía en la calle Unión #90 de Salinas (llamada también calle de Ponce) con su esposa Bertha Krider Gebhart y sus hijos Ethel, Carlos y Rafael. A partir del primero de noviembre de 1919 fue electo al Consejo administrativo de Salinas como comisionado de Sanidad y Benificencia. Su libro más conocido lleva el título “Rectificaciones histórica: el descubrimiento de Boriquén”

 

In Memoriam: Renán Soto

por Mildred Santiago Ortiz 

Desde principios de la década del 80 y por casi 18 años trabajamos juntos en la Federación de Maestros. Compartimos, triunfos, derrotas, decepciones, traiciones, alegrías, pero más que todo jornadas intensas de trabajo. Era y siempre fue muy responsable y trabajador. Estratega, fajón y entregado a sus principios.

Tuvimos muchas diferencias, coincidencias y escaramuzas, de todo eso aprendí tremendas lecciones. Recuerdo cuando ganó la presidencia y sacó a sus “dos mejores organizadoras” Nereida Martes (DEP) y yo. Quería establecer dos áreas de trabajo organización y servicios al federado. Yo quería organización, pero me dijo que no, que era para Nereida. Esa es la historia del surgimiento de Departamento de Asuntos Laborales y servicios, ahí me tocó y fue mi escuela para crecer y de formación sindical. Cuánto trabajamos, levantamos todo un departamento con datos estadísticos de casos y recorrimos la isla defendiendo al magisterio. Esas dos áreas fueron la antesala al triunfo de la organización en aquellas famosas elecciones sindicales con la Asociación de Maestros. Poco antes de eso estuvimos unidos en una huelga y recorrimos la isla fue una experiencia única trabajar con él y Don Eugenio Del Valle (DEP). Son muchos gratos recuerdos, algunos al menos los veo así, ahora, cuando los miramos desde la distancia.

Donde más se creció fue en el respeto a la capacidad de la mujer trabajadora. Tengo muchas historias de cuando parí, jefa de familia y convertí con su anuencia mi oficina en una extensión de mi casa con corral y todo, el congelador del sindicato era mi banco de leche materna. En la huelga en contra de la venta de La Telefónica la solidaridad no se hizo esperar. Aquel día de un gran paro nacional: paramos el Departamento de Educación y llegó la fuerza de choque. Hubo mucha tensión. Los predios se dividieron en tres áreas y de momento me percató que las tres era dirigidas por mujeres, jefas de familia y madres: Milagros Sabalier, María Cardona y yo.

Son muchas las historias que debemos recordar, desde ya convocó a mis hermanos y hermanas a un junte, no sé cuándo podrá ser, pero nos merecemos recuperar esas historias que enaltecen el alma. Como lo hicimos hace unos meses y no pudo llegar por su salud y le grabamos un video que sé por su hijo, RenancIto, que lo colmó de alegría.

Siempre me decía que dejara el cooperativismo porque estuve en ambos movimientos. Nunca le hice caso y cuando la vida me llevó por ese otro rumbo mantuvimos comunicación.

Guardaré su libro dedicado como un tesoro. Siempre orgulloso del Barrio Jauja de Juana Diaz y de Santa Isabel, amante del béisbol, de Felipe Rodríguez y de la música de tríos. La vida lo llevó a mi ciudad de Caguas y allí crio a su familia en Bairoa, en la misma casa donde la difamación nunca cruzó las paredes porque siempre se respiró, amor, familia y honestidad.

Hasta siempre querido amigo, acá seguiremos honrando tu memoria haciendo siempre lo que se tenga que hacer contra la injusticia y por un mejor entorno.

Pd- no eran tiempos de selfie, ni fotos con celular, pero aquí recuerdos: entregando un informe de labor realizada y en una actividad que hasta el coche me cargabas.

Cuestionan situación de refugios ante la amenaza de tormenta en medio de la pandemia del Covid-19

Comunicado de prensa

Peñuelas, Puerto Rico, 28 de julio de 2020- La candidata a la alcaldía de Peñuelas por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), y presidenta de dicha colectividad, Bethsaida Bosa Matos, dijo que resulta inconcebible que el alcalde, Gregory González, esté improvisando ante la amenaza del paso de una tormenta, a sabiendas de que las comunidades están vulnerables después de los terremotos y la pandemia.

En un mensaje a través de sus redes sociales, el alcalde peñolano le adjudicó al Departamento de la Vivienda la falta de refugios habilitados en el municipio.

“No estamos en momentos de estar adjudicando culpas por incumplimiento, todos sabemos el desmadre de las agencias estatales. Lo que me resulta inconcebible es que el alcalde esté improvisando ante esta nueva amenaza de tormenta, a sabiendas de que las comunidades están vulnerables después de los terremotos y la pandemia”, indicó Bosa Matos.

A la candidata del PIP, quién es profesional de la salud, le preocupa mucho que, en medio de la temporada de huracanes, la amenaza de inundaciones y de la continuación de los terremotos, los residentes no tengan claro cuál va a ser el plan del municipio para habilitar los refugios.

“Las escuelas de Peñuelas no están aptas para recibir estudiantes como consecuencia de los terremotos, mucho menos están aptas para recibir refugiados. Los centros comunales carecen del espacio suficiente para seguir los protocolos de Covid 19, por lo que se reduciría el número de refugiados en cada centro”, explicó Bosa.

La líder peñolana comentó que, en el caso de la escuela Adolfo Grana Rivera, la cual históricamente ha sido utilizada como refugio, se encuentra en total abandono luego de ser cerrada.

“A esta escuela se le hicieron unas mejoras contra terremotos y habría que ver si la misma puede ser habilitada nuevamente por el municipio para ser utilizada como refugio, después de esta amenaza de tormenta, y dentro de una temporada de huracanes que recién comienza. Si las agencias estatales no asumen su responsabilidad, entonces el municipio tiene que asumirla. Es más que imperativo el que el señor alcalde indique cual va a ser el plan del municipio”, indicó Bethsaida Bosa.

En inminente peligro

Por otro lado, Bethsaida Bosa señaló el inminente peligro en que se encuentran los residentes del Sector Cerro los Cabros, por los constantes desprendimientos de rocas y suelo sobre el único camino de acceso a la comunidad.

“El alcalde tiene conocimiento de la situación ya que, desde enero, le dimos conocimiento e inclusive colaboramos para que la geóloga del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales visitara el área y redactara un informe con sus recomendaciones. Dicho informe no fue entregado al municipio hasta el mes de mayo, debido a que el municipio incumplió en someter información para que pudiera ser entregado. Estamos en la última semana de julio con una amenaza de tormenta encima y todavía la comunidad no sabe cuál va a ser el curso a seguir”, comentó.

“La falta de atención a este asunto de seguridad pública en donde está la vida en juego de sobre 20 familias, y que se sigue agravando con los sismos y la amenaza de inundaciones, deja mucho que decir. Es urgente que el alcalde atienda esta situación de manera inmediata”, concluyó Bethsaida Bosa.

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Enviad0 por Víctor Alvarado Guzmán

Sucesos históricos de la política en Salinas

por Roberto Quiñonez Rivera

Recientemente publiqué un retrato en Facebook que trajo grandes recuerdos a varios amigos de los años juveniles.  El pasado es fuente de inspiración para retrotraernos a los recuerdos que añoramos provocados ya sea por una imagen, un escrito o el comentario de un amigo en las redes sociales.

En el verano, específicamente el 22 de julio, Salinas conmemora el aniversario de su fundación municipal, en este caso 179 años.  Usualmente aprovecho la ocasión para traer a conocimiento de muchos jóvenes situaciones ocurridas en la historia de nuestro pueblo que la mayoría desconocen, pero que comparan con situaciones que en este momento vemos pasar en nuestro país.

Volviendo a las redes, mis amigos, Dante, Nono, y Edelmiro entablaron una conversación relacionada con un suceso acaecido en nuestro pueblo hará cerca de 50 o más años, el evento de una división del Partido Popular Democrático que llevó a la creación de un partido local que se le conocía como “La Palmita” del que realmente yo no tengo recuerdo alguno pero mis amigos, menores que yo, por supuesto, tienen muy buenos recuerdos.  Entonces yo, al cucarme estos tres, me dije voy a buscar algo que sea histórico. Lo encontré en los Libros de nuestra hoy llamada Legislatura Municipal antes conocida como la Asamblea Municipal.  Encontré algo que considero se debe compartir para que los lectores vean que en el pasado ocurrieron situaciones similares a las que hoy ocurren en el mundo de la política.

Exactamente el 4 de marzo de 1940 el gobernador de Puerto Rico de esa época, William D. Leahy, basándose en una intervención a nuestro municipio por parte de la Oficina del Auditor de Puerto Rico, se entera de que el alcalde de nuestro pueblo don Francisco Ortiz, supuestamente había violado la ley municipal y le fórmula 18 cargos. Francisco Ortiz, hombre de grandes quilates, muy querido por ser hombre humilde, honrado, y de buenas costumbres ejercía el oficio de zapatero cuando incursionó en la política.  Fue electo alcalde por abrumadora mayoría en las elecciones de 1936 como candidato del Partido Socialista de Puerto Rico.

El auditor de Puerto Rico, en la auditoria del municipio de Salinas, encontró que el alcalde reclamó, mediante facturas supuestamente falsas, el costo de lo que pagaba por los alimentos que consumía cuando tenía que realizar gestiones oficiales inherentes a su posición en las oficinas centrales del gobierno en el área metropolitana.  Los costos reclamados nunca sobrepasaron los 25 dólares, pagados de su bolsillo, y por supuesto estaban incluidos los alimentos de quienes le acompañaban en las gestiones oficiales.  De los 18 cargos sometidos 17 de ellos eran gastos de alimentos consumidos en los restaurantes La Mallorquina y El Mesón.

El cargo número 18 se le achacaba porque supuestamente habían arreglado un vehículo privado con fondos públicos, cargo que fue desestimado inmediatamente que se investigó a la persona que dio la orden sin que el alcalde tuviera conocimiento alguno.

Los cargos sometidos por el gobernador pasaron a la Asamblea Municipal para que fuera ese cuerpo el que determinara si se sostienen los cargos en contra del alcalde. La asamblea mediante resolución aprobada en sesión extraordinaria celebrada el 18 de marzo de 1940 decide comenzar un proceso de interpelación “impeachment” en contra del alcalde.

El 2 de abril de 1940, en sesión extraordinaria de la Asamblea, una batería de abogados compuesta por los Licenciados Juan Valdejully Rodríguez, Luis F. Camacho, Leopoldo Tormes García, Lic. Cabreras y Tomás Bernardini de la Huerta, era la defensa del alcalde.   El Gobernador estuvo representado por el Lic. Fernando Gallardo Díaz, Fiscal de Distrito de Guayama y por el Oficial Jurídico Carlos H. Juliá, quienes llevarían la parte acusatoria.

Luego de varias sesiones de interpelación la defensa logró probar las circunstancias de los diferentes viajes objeto de dudas señalados por el auditor.  También la defensa pidió se citarán al senador del Partido Liberal del Distrito de Guayama, don Julio Benvenutti, como también a don Ignacio López, miembro activo del Partido Popular Democrático, y a don Guillermo J. Godreau, hacendado del área y candidato a senador por la Unión Republicana por el distrito de Guayama.  Estos caballeros de diferentes ideologías políticas a don Francisco Ortiz, que era Socialista, sirvieron de Testigos de reputación en defensa del alcalde.

El 30 de diciembre de 1940, en sesión extraordinaria, la Asamblea Municipal de Salinas de forma unánime determinó que la buena fe del Gobernador fue sorprendida por la información llevada y absuelve totalmente de toda responsabilidad al alcalde don Francisco Ortiz permitiéndole completar su término como primer mandatario de Salinas en enero de 1941.

©©Roberto Quiñones Rivera.

Julio de 2020

Testimonios: Sucesos y personajes de la política salinense del siglo 20

por Dante Amadís Rodriguez Sosa

Tal como dice mi hermano Edelmiro residimos en la Calle Degetau de la Ciudad Perdida en una casa alquilada propiedad de doña María, la viuda de Valentín Lorenzi y que el huracán María destrozó en 2017. Vivíamos ahí en los años de 1950. Creo que estaba en sexto grado, entre 1951 y 1952

De 1952 recuerdo con claridad la campaña política que culminaría en el establecimiento del estado libre asociado. En ese año electoral se fundó en Salinas un partido local producto de una división del Partido Popular Democrático. Como entonces no se celebraban primarias, el grupo de populares opuestos al candidato oficial impuesto por el comité del PPD, optó por fundar un partido local.

Se le conoció el Partido de la Palma aludiendo a la palma que había en el Centro del Hospital Municipal de Salinas que era administrado por Eladio “Lalo” Lebrón,[1] un hombre de pueblo al que respaldaban para alcalde los populares disidentes y que terminó siendo el candidato a alcalde de la Palmita.[2]

El candidato del PPD lo era Víctor Figueroa, escogido por ser una figura joven de reputación intachable que vino de Coamo a trabajar a Salinas. El PPD sufría el embate de unas acusaciones de corrupción por el Escándalo del Caso del Burro Martillo, que arrastraba desde que ganó por primera vez la alcaldía de Salinas en 1944.  Muñoz Marín indignado por el escándalo decidió no hacer campaña en Salinas.

Los de la Palma habían convencido a la mayoría popular de que votando por la palma no se afectaba el conteo de votos a favor del PPD.

El Domingo antes del martes de las elecciones de 1952, Paco Sánchez que era el representante a la Cámara y principal líder del PPD mencionado, logró que Ernesto Ramos Antonini, presidente de la Cámara de Representantes, viniera a Salinas.  En un histórico “mass mitin” que se efectuó desde una tarima instalada en la esquina de la alcaldía con la calle Miguel Ten se reunieron miles de populares a escuchar al que tenían como el más elocuente orador del momento.

Allí estuve, al igual que mi hermano Edelmiro, con inusitado interés a mis doce años escuchando a Ernesto Ramos Antonini. Inolvidable discurso en el que aclaró que un voto por la Palma no contaba para el PPD, destruyendo el argumento de la facción de la Palmita. 😳 El resultado fue que Víctor Figueroa salió electo alcalde.

Recuerdo al inolvidable Bisbol[3] que, en la celebración de la victoria, en la misma esquina de la Plaza, imitaba estar regando agua bendita sobre unas ramas de Palma. Ese evento fue condenado por el Padre Torres y recuerdo cómo monaguillo sus palabras… No fue ese el único encontronazo entre ellos.

Varios años después cuando me iniciaba en la fumadera y en la bebelata pude compartir con Bisbol esas anécdotas. Un poco más adelante cuando ya estaba estudiando en la UPR, algunas veces, Bisbol me daba pon en la guagua de deportes cuando venía para San Juan y siempre nos reíamos de ese suceso. Ahora mismo estoy a carcajadas y solo han pasado algunos 50 y pico de años😂😂😂😂😂

Eladio Lalo Lebrón era cojo de la pierna derecha y un excelente cantautor de música jíbara puertorriqueña. Gustaba de vestir de gaban y corbata.

A su hijo le decían Lalito.  Vivieron por años en una casa que tenía el municipio al lado del anterior parque de bomberos en la calle San Miguel.  Pegada a la casa había un local donde se reunía la tropa 105 de los Boy Scouts[4]

Su décima de presentación decía algo así:

Esta lucha tan divina
Que tiene un doctorado
Lo cierto es que usted
Ha llegado donde está
El doctor Lebrón.

El hacia el papel de doctor y los otros trovadores eran los pacientes que en sus décimas le contaban sus dolamas. Era algo espectacular y muy jocoso. Compartí mucho con Lalo y me hice de su ingenio improvisando.  Al cantar iba haciendo hallazgos y diagnósticos. Por ejemplo:

Le veo una pelotita, sobre el parpado derecho
Sudando frio lo siento, le advierto desnutrición
Debe comer mucho pulpo, langosta lo dificulto
Es muy cara y está escasa
Mejor consiga una pana, y coma con bacalao

Ciertamente no tenía fin el humor del trovador Lalo Lebrón.

 

©©Dante A. Rodríguez Sosa

Notas de edición por Sergio A. Rodríguez Sosa

 

[1] Eladio Lebrón Ledée (1908-1985) nació en Salinas hijo de Domingo Lebrón y Julia Ledée. En 1950 se casó con Elba María Roche Pérez (1924-1973) y tuvieron un hijo Eladio Lebrón Roche (1950-1993)

[2] El nombre oficial del partido local era Partido Progresista Salinense y su insignia era una palma. Nombre e insignia que adoptaría Luis A. Ferré 16 años después cuando funda el Partido Nuevo Progresista.

[3] Bisbol era el apodo de José Vázquez Vélez, un líder deportivo que también era reportero del periódico El Mundo en la zona de Salinas.

[4] Esa casa del municipio la ocupaba usualmente los encargados del acueducto y manejadores del coche de bomberos. El local donde se reunían los Boy Scouts fue la estación de bomberos antes de la construida justo al lado en la década del 1940. Ese solar fue vendido al municipio por Francisco Ortiz y Gregorio Santiago a principio del siglo 20 para establecer el primer acueducto de Salinas. El acueducto era una caja elevada que se llenaba por bombeo y distribuía por tubería a las pocas casas que pagaban el servicio. Para uso de los pobres había plumas públicas distribuidas en varios puntos de la población.

 

Episodios históricos salinenses: La huelga agrícola de 1920 en Salinas

por Danilo Cruz Miranda

En el cementerio de Salinas existe un monumento funerario olvidado que da fe de la lucha desigual entre obreros hambrientos de justicia y las poderosas corporaciones extranjeras. Han transcurrido más de dos siglos de historia salinense y es prudente dar constancia de sucesos que enaltecen y dan contenido social al carácter y personalidad de este pueblo.

La historia de Salinas se desarrolla alrededor de una extensa zona agrícola que, a partir de la llegada de las tropas norteamericanas en 1898, hasta pasadas más de la mitad del siglo XX, se dedicó, casi exclusivamente, al cultivo de la caña de azúcar. Por lo tanto, puede decirse que la historia moderna de ese municipio estuvo inmersa en la zona ardiente del cañaveral. Como consecuencia en 1920 el movimiento obrero llegó a la mayoría de edad en la historia del sindicalismo en Salinas.

Este artículo es un bosquejo de ese periodo inicial del siglo XX, y en particular, la huelga agrícola de 1920 así como la trágica jornada obrera en las proximidades al río Niguas a la altura de la colonia Isidora propiedad entonces de la familia Sécola.

El 1898 marcó en comienzo de una transformación económica cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días.  Desde entonces los grandes consorcios azucareros desplegaron su dominio por todo Puerto Rico creando un modelo económico desigual, divorciado de justicia social.

Por primera vez en la historia de Puerto Rico se formaba una clase trabajadora amplia que desarrolló intereses definidos. La aparición de esa clase obrera es el punto de arranque de una organización y lucha sindical y política intensa en el país. Una de las primeras páginas heroicas de ese movimiento es la huelga agrícola de 1920.

La existencia de ese proletariado y las penosas condiciones socioeconómicas de principio de siglo propiciaron la formación de un movimiento obrero militante.  Entre los líderes obreros salinenses de esas primeras décadas del siglo pasado cabe mencionar a Francisco Ortiz, Máximo Santiago, Miguel Ten, Eduardo Soto, Jesús Sánchez, Juan Alvarado, Jorge Gautier y Agustín de Jesús. Se menciona de manera espacial a Leopoldo Semidey, que en opinión de don Felipe Suárez, un trabajador de la antigua Central Caribe que, en entrevista realizada a mediados de la década de 1970, expresó que Semidey era reconocido como un indómito luchador comprometido con los derechos de los obreros.

Entre los objetivos de aquel liderato obrero se pueden señalar los siguientes:  acabar con el agrego, abolir los salarios de miseria, reducir la jornada de trabajo, terminar con los atropellos de Aguirre Sugar Co., la cual por intermedio de capataces y mayordomos ultrajaba a diario la dignidad de los obreros; y poner fin a la injusta explotación de que eran víctimas.

La huelga agrícola de 1920 reclamo de los trabajadores grandes sacrificios, inclusive vidas. La mañana del 18 de febrero de 1920, aproximadamente a las 9:00. Al final de la calle Monserrate, pasado el río Niguas se desató un incidente desafortunado entre policías y trabajadores que concluyó en tragedia. Dos obreros desarmados que defendían junto a sus compañeros el derecho a la huelga resultaron asesinados por la policía.

Pedro Márquez y Francisco Santiago, dos obreros del cañaveral se convirtieron en los primeros mártires de la lucha sindical.  Según informa el boletín Unión Obrera, fueron ultimados por Francisco Franceschi y Francisco Vélez, jefe y cabo de la policía de Salinas respectivamente.

La huelga de 1920 adquirió enormes proporciones. En todo el país ocurrían combativas manifestaciones en las centrales azucareras, y el gobierno aliado del capital, desató la represión contra los obreros en huelga.  Para reprimir a los huelguistas y proteger a los rompehuelgas se envió a la fuerza de choque de la policía, conocida entonces como “la jaula de los leones”; efectivos paramilitares que invadían los cañaverales con camiones abiertos llenos de policías. De esa manera reprimían el movimiento sindical en huelga y les aseguraban a los colonos y centralistas la tranquilidad y el poder para retardar el conflicto obrero-patronal en perjuicio de los trabajadores, ahogados en la miseria y el hambre.

El día de los sucesos en el Río Niguas fueron encarcelado injustamente veinticinco obreros.  Los locales de la Federación Libre de Trabajadores y del Partido Socialista fueron igualmente intervenidos sin ninguna justificación legal. A pesar de la represión policiaca, el pueblo, indignado por los asesinatos y atropellos, se lanzo a las calles para evidenciar su repudio y manifestar su total apoyo a la causa obrera. Aunque la protesta popular no evitó que los crímenes del gobierno quedaran impunes perdura como ejemplo de indignación, sentido humano y solidaridad ante el asesinato y la injusticia.

En el cementerio de Salinas se levanta un monumento funerario olvidado que da fe de la lucha desigual entre obreros hambriento de justicia y las poderosas corporaciones extranjeras. Esa tumba, abandonada a los estragos del tiempo, y los carcomidos periódicos de la época, son testimonios, junto con los descendientes de los obreros que vivieron los hechos, de la veracidad e importancia histórica de la Huelga Agrícola de 1920. Dan constante testimonio de un periodo escrito con sangre y lágrimas; pero con coraje y del valor de un pueblo que supo indignarse ante la injusticia.

©© Danilo Cruz Miranda. El autor es un salinense radicado en el área metropolitana vinculado al movimiento sindical de Puerto Rico.

Foto de Edwin Ferrer

Suave negra, suave… / por Marinín Torregrosa Sánchez

Kurumkuntá es el ritmo

del tumbao de Soledá,

esa negra que a todos provoca

con su Kumba kumba kurumkuntá…

-Suave negra, suave…-

le dice Sojo a Soledá

-Mira que a coco me sabe

el beso que tu me va a da’l.-

¡Kurumkuntá, kurumkuntá!

Se enredan Sojo y Soledá.

Kumba, kumba, kurumkuntá,

adentro del cañaveral.

Al rato salen

como pájaros asora’os

por la zanja y el lodazal

y se asustaron mucho más

cuando de frente encontraron

al temible capataz.

-Soledá, negra maldita,

¿a dónde está mi fiambrera,

el pan y mi agua bendita?

Hace rato mi panza hambrienta

espera como veleta.-

-Ay Don Gero, usté perdone.

Es que Sojo me entretuvo

y yo tan majadera

me antoje de bailar en el tubo.-

-Mira Soledá…

que aquí yo soy el patrón

¡ y nadie más mete

las manos en ese cubo!

¡Se me hierve el corazón

si me coges de mandrugo!-

-Patroncito lindo, mi dulce capataz,

no se enoje conmigo, que aquí le traigo

el kumba, kumba, kurumkuntá-

Y se fueron los dos juntitos

con el kumba kumba kurumkuntá,

atrás quedo Sojo el picador

con el machete amola’o y sin Soledá.

©Marinín Torregrosa Sánchez, 31 de mayo de 2014.

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La experiencia lectora en tiempos de pandemia / por Judymar Colón

Tengo 30 años. A los 30 años Borges escribió algo como: “muchas cosas he leído y pocas he vivido”. Se lo recuerda Mario Vargas Llosa en una entrevista que le realizó en su casa en Buenos Aires, en junio del 1981. Mientras estos dos hablaban ese día de invierno porteño, faltaban todavía 9 años para que yo llegara al mundo. Pero, resulta que, en este día de un julio caluroso, de un verano puertorriqueño y pandémico, en un siglo ya distinto al que cobijó el intercambio de palabras de esos dos escritores latinoamericanos; en mí verano del 2020, por ratitos me sumerjo en su conversación. Como por acto mágico, como causa de un conjuro, las palabras estampadas en los papeles de un libro son acariciadas y codificadas por mi mirada, y me permiten la experiencia que ofrece la lectura.

Ya hace mucho que no está Borges en cuerpo con nosotros. Vargas Llosa estará en España, resguardándose en una casa, no lo sé. Lo que sí sé, es que aquí estoy yo. En las montañas de un barrio de Salinas, Puerto Rico. Rodeada de árboles verdes, de flamboyanes anaranjados florecidos. En mi casa, cuidándome y cuidando. En una búsqueda incesante de momentos silenciosos, o casi silenciosos, donde las dulces voces de los niños de esta casa den un ratito de tregua y pueda yo sumergirme de vez en cuando en la experiencia lectora.

Aquí estoy frente a Medio siglo con Borges de Vargas Llosa. Aquí estoy: leyendo. Siempre resulta curioso un intercambio de palabras entre dos escritores. Aunque Mario no es de mis predilectos, lo he leído. Es un buen novelista. Me gustó la lectura de La ciudad y los perros. Pero, Borges, todo lo que sea Borges me llama. Siempre es una alegría para mí leer de Borges, leer a Borges, escuchar a Borges. “Muchas cosas he leído, pocas he vivido”, le recuerda Vargas Llosa, a lo que Jorge Luis le responde: “Yo escribí eso cuando tenía treinta años y no me daba cuenta de que leer es una forma de vivir también… creo que a la larga uno vive esencialmente todas las cosas y lo importante no son las experiencias, sino lo que uno hace con ellas”.

Que tengo treinta años ya dije. Y en esta coyuntura de vivir una pandemia que nos empuja a quedarnos encasa, a no viajar, a no salir de paseo o a la universidad como antes, a no sentarnos despreocupados a hablar con los amigos, es reconfortante pensar que leer es una forma de vivir. Creo que esto ya lo sabía: recordar mi lectura de Rayuela de Cortázar, ese juego de evocar de mi memoria lo leído, lo buscado y la música escuchada, todo lo sentido; ese recuerdo lo experimento como una vivencia. Será que el cuarto de la memoria iguala una buena lectura y aquello que se ha vivido, logrando que, al recordar, ambas se pueden saborear como experiencias. Siguiendo la idea borgiana, qué hacer con este tiempo de tantas pandemias y de muchos encierros: tal parece que leer es una buena alternativa para seguir viviendo.

 

©©Judymar Colón

Julio, 2020, Salinas, PR

Mi cuerpo y mi yo frente al Covid-19

por Maritza Ledée Rivera

Mi cuerpo intranquilo queria que hablaramos

Hable con mi cuerpo y fue honesto conmigo.
Le pregunté: cómo te sientes? Y me dijo de su enojo y su cansancio.
Aunque conoce mis pensamientos, me atreví a cuestionarlo.

Por qué ese estar tan sombrío y desganado? Y susurrando me dijo:
Estas enajenada de todo, para que me quieres , si no me necesitas.
Claro que te necesito, sin ti no vivo ni existo, le repliqué.
Que sorpresa me llevé entre mi cuerpo y mi conciencia.

Te explico, me dijo con un poco de incomodidad. Me alimentas cuando te parece, ya no hablo con amigos como de costumbre. Mis besos y abrazos han desaparecido en contra de mi voluntad. No importa si por bien o por mal me siento en una prisión no deseada. Esta mordaza impuesta y obligada me consume.

Mis brazos los siento caídos, crucificados, inactivos. Mis piernas tampoco son imprescindibles, casi ni las necesitas, quiero recorrer caminos, me han limitado las horas de mis andanzas. No veo a mi gente, si salgo no los reconozco. Mis manos cubiertas de plásticos innecesarios me privan de mis huellas, alterándome el tacto. Saludo a todos enmascarados y no sé quién es quién, no veo sus caras, no reconozco a nadie., todo parece una película indeseable donde todos somos protagonistas. Cuando voy de compra me tienen limitado el tiempo; me han desnudado de todos mis derechos.

Hasta cuando estaré en esta inercia individual y colectiva? Esta ceguera legal que me desagrada, pero entiendo por ser completamente necesaria para asegurar mi la salud y la de todo un pueblo.

Si no descubren una vacuna, paulatinamente, me voy a degenerar hasta quedar confinado en un centro siquiátrico o anticipar ir a vivir eternamente en los antiguos terrenos de La Isidora.*

*Antigua hacienda donde ubica el cementerio.

© Maritza Ledée Rivera. La autora es una consejera vocacional y profesora universitaria retirada graduada de Penn State natural de Salinas. Escribe poemas, relatos y ensayos y tiene pendiente la publicaciónde un libro.

Padre / por Gloria Gayoso

Testimonio: ángel paternal

Aquella noche intensa de verano me sorprendió el sueño muy de madrugada. Estaba sola en casa, pues los jóvenes, incluido mi marido, (ya no tan joven), habían salido por diferentes motivos.

Durante la tarde me había visitado un alumno pidiendo auxilio para un trabajo práctico. Recuerdo que no le puse muy buena cara porque se trataba de analizar la “Divina Comedia” de cabo a rabo y lo que menos quería era, bajo el ardiente calor de Buenos Aires, releer a Dante y pasar por el Infierno antes de llegar al cielo.

Como ya estoy acostumbrada al remolonear de los alumnos ante ejercicios de este tipo, le dije que sí. Lo despedí y busqué mi ejemplar de tapas rojas para darle una lectura rápida a las primeras hojas. Me recordaba mis años de estudiante y mi estupor ante tanta sabiduría espiritual. Clamé a “Virgilio” que me acompañara también y me fui a cenar frugalmente. Miré televisión, medio cegata por el cansancio y me dispuse a dormir.

Casi a las tres de la mañana el timbre de la puerta sonó en mis oídos de bella durmiente como una campana de otro mundo. Salté de la cama lanzando unas palabras nada santas, intuyendo que alguno de mis viajeros de la noche se había olvidado la llave.
Me arrastré poniéndome una bata y acomodándome los ojos para regañar al olvidadizo: hijo, hija o marido.

Llegué a la sala con esfuerzo y vi la puerta abierta de par en par. La calle oscura de mi barrio se colaba en mi mente junto a un desasosiego cardiológico imparable…

Muda, desesperada, a punto del desmayo se apareció en mi puerta un policía joven, muy alto que me pregunto:

-¿Está usted bien?
-Sí, lo estoy.

Respondí balbuceante sin entender nada y él me dijo:
-Hace muucho vigilo. Es una imprudencia que deje abierto!!!

Le dije:-Dios lo bendiga!!! y cerré de un portazo.

Retrocedí perpleja y me di cuenta que en mi barrio, hace quince años no había vigilancia alguna y menos a esa hora de la madrugada.
Espié por la ventana y el paisaje era negro. Las casas de enfrente ni se veían y nadie asomaba un ojo.

Por aquella época y aún hoy una puerta abierta desde las seis de la tarde hasta las tres de la noche era un peligro feroz. Nada faltaba en la sala. Los libros me miraban desorbitados. Las sillas disfrutaban su lugar inamovible y el espejo frente a los sillones lanzaba luces de asombro.

Ha pasado mucho tiempo desde esta experiencia sobrenatural; pero desde aquel día, yo sé que un ángel nos cuida. Y si veló en mi puerta por horas, velará ante la pandemia porque mi Padre nunca me ha abandonado y es capaz de disfrazar de policía al guardián de mi vida.

(c) Gloria Gayoso Rodríguez = La autora es una respetada maestra y poeta argentina entroncada en los ideales clásicos y especialista en literatura española. Tuvo un espacio radial dedicado a la poesía y continúa en la docencia e impartiendo talleres literarios para niños y adultos. Su obra poética figura en varias antologías y en varios libros inéditos.  En Encuentro al Sur puede lee una muestra de su obra poética.