Revista Internacional de moda y estilos de vida reconoce el talento salinense

Edgar Santana Torres, es un salinense que ha vivido en los Estados Unidos la mayor parte de su vida.  Durante más de 35 años trabajó en el área de la salud como enfermero graduado ejerciendo su profesión en Nueva York y Hawaii.

Hace varios años se jubiló y comenzó a elaborar piezas de joyería como pasatiempo y técnica de relajación y distracción.  Durante todo este tiempo perfecciono sus técnicas de diseño de joyas logrando gran maestría en el arte.  Sus finos diseños eran elogiados por sus conocidos y amigos y la opinión generalizada entre ellos era que debía comercializar estas piezas únicas que Edgar estaba creando.

Hace dos años unos amigos de Francia, dedicados al mundo del diseño de accesorios y moda que poseen un negocio de zapatos en el Village, lo invitaron a pasar la noche buena en ese país europeo.  Allí conoció a los demás invitados, entre ellos una chica haitiana que publica un bloq sobre moda.  En febrero pasado esta chica se comunicó con Edgar para invitarlo a ser parte de un artículo en una revista de modas cuyo autor deseaba tocar el asunto del huracán María y dar a conocer el talento artístico de personas de la isla en el diseño de objetos y piezas relacionadas con la moda que fueran desconocidos por el público en general.

Edgar aceptó la invitación y recibió instrucciones de que enviara fotos de sus trabajos los cuales fueron elogiados y seleccionado para publicación. El autor sometió la información recopilada sobre Santana Torres a Phillip Wong, quien es el editor, escritor, y fotógrafo de la revista Verve Fashion Magazine.  Verve es una prestigiosa revista de lujo y estilos de vida para mujeres publicada en la India desde 1995.  Edgar entonces fue citado por Wong llevando las piezas elaboradas para que este escogiera.  Desde ese momento se comenzó a buscar el talento para modelar las piezas que se incluirían en el artículo.

Como se pidió gente con talentos no conocidos Edgar hizo contacto con diferentes personas del sector de modas entre ellas su compueblana la modelo Charlene Ortiz Melero quienes viajaron a New York para posar las joyerías de Edgar ante los fotógrafos de la revista.

Dado que Puerto Rico alcanzó presencia internacional a raíz del huracán Maria, Wong recopiló información sobre la isla antillana para elaborar el artículo.  Su historia en torno a lo sucedido después del desastre que dejó María y el desfile de fotos tomadas a las modelos resultaron en un precioso artículo titulado Eyes of a Nation que resalta el trabajo del salinense Edgar Santana Torres, así como el talento puertorriqueño.

Recordando a Doña Pancha / Roberto Quiñones Rivera

Un día como hoy, 17 de septiembre,  Doña Pancha estaría disfrutando de su cumpleaños 115 en esta dimensión pero el Ser Supremo  la reclamó para su jardín hace cinco años.  Hoy sería su vuelta al sol número 115 ya que al ser requerida contaba con 107 años y 10 meses de vida muy fructífera…

Toda su familia guarda para ella siempre pensamientos y recuerdos de sus casi 108 años de vida.   Entre nosotros vive el convencimiento de que seguimos recibiendo de ella protección y amor desde el ámbito que el Ser Supremo le asignó como nuestro Ángel Guardián.

por Roberto Quiñones Rivera

 

La visitante astral / por José Manuel Solá

Estás hecha de palabras y de pétalos;
vienes desde el silencio hecha de oraciones paganas y canciones,
con fragancias de olíbanos e incendios
y con la media luna tatuada en los ojos de magias orientales;
en la danza del tiempo te me acercas,
las alas deshilando la luz de medianoche,
los labios exhalando mariposas como un vino de estrellas
y los naipes del sueño cayendo de las manos,
cartas y profecías marcadas por vidas de otro tiempo,
vienes incandescente radiando otras auroras por las islas del cosmos,
nocturna, vienes desde el pecado y las incertidumbres;
vienes a redimirme, pienso ahora,
vienes a liberarme, tal vez a hacerme esclavo: vienes al sacrificio;
de todas las ternuras con que una vez me amaste, me quisiste,
con que te abandonaste entre mis brazos
cabalgando desnuda el horizonte,
habitada de magias te me entregas, con tus eternidades,
quemando como el véspero más alto,
perdida como el viento y el vuelo de los pájaros
y abandonas un beso entre mis labios
para luego marcharte, amada mía.
¡Hace ya tanto tiempo me habías señalado…!

 

(c) José Manuel Solá  /  13 de enero de 2016

 

In Memoriam. Celso Martínez López, 1941-2018

 

Celso Martínez ha partido a morar con el Señor. Servidor público. Servidor de su gente y  de su pueblo. Sobre todo, servidor de Dios y de su parroquia, Nuestra Señora de la Monserrate.

Se pueden recordar anécdotas jocosas y muy buenas sobre ti.

Padre tierno.  Esposo amoroso. Trabajador incansable. Vecino y amigo dedicado. Como nos deleitaste con tu sonrisa y tu prontitud a la ayuda de quien fuera que te la pidiera. Contribuiste con todos sin esperar nada a cambio. Usaste tus talentos y los multiplicaste al 100%.

Y qué decir de tus platos exquisitos. Fuiste especial, buen anfitrión – querido compadre y segundo papa! ¡Te vamos a extrañar mucho, caray! ¡Todo fue tan rápido! ¡Te fuiste muy pronto!

Aprendimos de ti a ver la vida con miras a ayudar y a gozarnos – NO importando la prueba. Por Fe, sabemos que nos vamos a encontrar. ¿Cómo te habrán recibido nuestros seres queridos ya idos? ¡Qué lindo será ese reencuentro familiar y salinense!

Estarás gozándotelos y ellos a ti! Así hay que verlo, querido Celso. Somos simples pasajeros en esta tierra. La meta que nos espera, ya tú llegaste a ella.  Allá nos esperas y que clase fiesta vamos a formar! Pero, aquí quedamos haciendo lo que corresponde hacer. Ya tu cumpliste y estarás feliz y descansando en paz. ¡Celebramos tu vida!

por Eileen P. Santiago Soto y María del R. Ibarra Hernández

Fiestas Patronales 2018

*Alrededor del 8 de septiembre de cada año se celebran en Salinas las Fiestas Patronales dedicadas a la Virgen de la Monserrate.  Esta fiesta centenaria se celebró por primera vez del 29 de agosto al 8 de septiembre de 1854.

En 1851 se logró construir en Salinas un templo de madera, paja, tapicería y argamasa (Tesauro de datos históricos de Puerto Rico, 1995)  en el cual se celebró en septiembre la primera novena a la Virgen de la Monserrate. Era cura párroco José Monserrate Lugo y el alcalde Francisco Martínez.

Como era costumbre a la novena la acompañaba la verbena, que es la fiesta popular nocturna al aire libre con música, baile, bebidas y refrigerios. Cercano al primer aniversario del huracán María hay que recordar que a lo largo de la historia de las patronales de Salinas el aviso de tempestades tropicales obligaba a suspender las fiestas dejando con ganas a los salinenses de disfrutar de los espectáculos y bailes programados.

Aunque esta tradición va perdiendo terreno en todo Puerto Rico frente a otros festivales la fama y colorido de las fiestas patronales de antaño quedan plasmadas en las artes y la literatura puertorriqueña.

Aquí presentamos un programa de las Fiestas Patronales de 1984 que brinda  una idea de cómo se celebraba esa tradición en Salinas en la segunda mitad del siglo 20.

Ver programa

por Sergio A. Rodríguez Sosa

Protestan frente al Ponce Hilton contra presidente de la Junta de Control Fiscal / por Víctor Alvarado Guzmán

COMUNICADO DE PRENSA

José Carrión III fue invitado por la Cámara de Comercio del Sur

Ponce, Puerto Rico – Representantes de diversas organizaciones del área sur del país, realizaron una manifestación frente a la entrada del hotel Hilton Ponce Golf & Casino Resort en el Municipio de Ponce, tras la Cámara de Comercio del Sur realizara un “Almuerzo Empresarial” para escuchar al presidente de la Junta de Control Fiscal, José Carrión III.

Bajo fuertes aguaceros, casi un centenar de personas se manifestaron frente a una de las entradas del hotel, la cual era custodiada por varios policías estatales.

El almuerzo para escuchar a Carrión III le costó a cada socio $55.00, mientras que para el público general el costo era de $80.00.

Los comités del área sur del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), hicieron su convocatoria en contra de la Junta y por la descolonización.

“Estamos donde tenemos que estar. Llevándole un mensaje a él (José Carrión) como presidente de la Junta, que a su vez lo lleve a los demás miembros de la Junta, de que en este país la gente está indignada. De que en este país la gente se respeta. Hay que adjudicarle la responsabilidad a los que la tienen, no al pueblo”, dijo José Víctor Madera, presidente del PIP en Ponce, quien también hizo un llamado a finalizar con el estatus colonial de Puerto Rico.

El joven José Miguel Torres, en representación del movimiento estudiantil de la Universidad de Puerto Rico (UPR) manifestó que su apoyo a la causa, no es sólo por ser estudiante del sistema UPR, el cual se ha visto severamente afectado por los recortes de la Junta, sino también por ser parte de este pueblo tan pisoteado.

En la manifestación también participaron miembros de la Unión Laboral de Enfermeras (os) y Empleados (as) de la Salud (ULEES), el Campamento contra las cenizas de Peñuelas y Educadores/as por la Democracia, Unidad, Cambio, Militancia y Organización Sindical (EDUCAMOS).

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Libros: An isle of Eden, a Story of Porto Rico de Janie Duggan / Marta Aponte Alsina

La novela “An isle of Eden, a Story of Porto Rico“, de la misionera bautista Janie Duggan, es de lo más hermoso que he leído en materia de literatura relacionada con Puerto Rico escrita por estadounidenses. Se publicó en 1912, y contiene escenas minuciosamente descritas de la vida doméstica, descripciones de calles y campos, del trajín del comercio itinerante, de los salones aristocráticos y los barrios pobres de la ciudad de Ponce, además de situaciones de intensidad y fuerza lírica. Abundan los personajes femeninos fuertes. Comparto un párrafo sobre una lavandera convertida al cristianismo que visita a la protagonista. La mujer se queja de que el agua del charco donde lavaba se ha desviado para irrigar los cañaverales. No falta un comentario sobre la paciencia de los pobres:

Do you know where we have to go for our washing now, Sarita?” Sarah merely shook her head, not to arrest the tide of Concha’s picturesque phrasing, her senses all alive, however, at the mention of Doña Monserrate’s name.”

Since they are drawing off all the water the drought has left in the river for irrigating the cane lands there is not a trickle left for our washing-stones. So we must go to Portugués, two miles from here, for water enough for our clothes.” There was no complaint in Concha’s voice, for the poor and powerless learn to accept difficulties as a part of their daily fare and, in their normal state, are the most patient burden-bearers of the world. And, of course, in this instance no one could question the fact that the cane needed the scanty river more than washerwomen. For cane means labor, and labor means men’s wages, and wages mean even more than the sugar the cane will yield, and soap for washing clothes.”

El libro contiene ilustraciones fotográficas, entre ellas la del cañaveral.

 

Marta Aponte Alsina

 

Un viaje a Maricao / Rafael Rodríguez Cruz

 

Cronicas de viajes

 

Desde el huracán María para acá, me ha dado con conocer a Puerto Rico, conocerlo de veras. Todo comenzó con un cierto sentimiento de congoja por la destrucción causada por el fenómeno atmosférico. «Tienes que ver esto», me dijo mi hermana Teresa, apenas la vida en Puerto Rico adquirió una cierta normalidad y se presentó la oportunidad de ir. Ciertamente, las huellas de María están presentes por todas partes, incluyendo mi adorado sureste. Pero lo que no sospeché, al comenzar lo que se ha convertido en un viaje mensual a la isla, es cuán poco conocía a Puerto Rico y cuán exótica es su gente. De los sitios que he visitado, que son muchos, pocos me han causado mayor afectividad que el pueblo de Maricao.

Voy a dejar de lado la referencia a datos económicos y sociales disponibles en el internet. Prefiero hablar de lo que vi y sentí, al entrar a un pueblo completamente exótico para mí. Si algo he aprendido, al visitar distintos lugares en la isla, es que la vida diaria de la gente se rige, no tanto por las estadísticas generales, como por rasgos y hábitos peculiares.

Llegué a Maricao, como debe de llegarse en un primer viaje, o sea, por el sur. Dado que andaba con mi hijo de 11 años, apagué el GPS y opté por preguntarle a la gente en la calle acerca de la mejor ruta para llegar. Viaje usted por la isla pidiendo direcciones, y verá lo increíblemente sociables que somos en este pedazo de tierra. La única duda me surgió en Sabana Grande, pues no faltó quien me previniera de cuán descabellada era la idea de internarme en el Monte del Estado, camino a Maricao, casi al caer la noche y con un niño en el carro. «Ah, eso está bien lejos, después del Monte del Estado, casi a una hora de distancia», me dijo un hombre amable pero exageradamente nervioso. Al final, como tantas veces en mi vida, hice lo irreflexivo. Por una callecita de Sabana Grande, que más parece de entrada que de escape, comencé mi subida al magnífico lugar que es el Monte del Estado.

Por qué le llaman Monte del Estado, no lo sé ni me interesa mucho. Cada vez que mencionan la palabra «estado» en Puerto Rico se me revuelve el estómago. Los primeros kilómetros de subir por la carretera 120 no me impresionaron mucho; aunque a mi hijo, que llevaba el brazo por fuera de la ventana, no le dejó de sorprender el cambio de temperatura. Pero ya, al acercarnos a lo que se conoce como el Observatorio de Piedra, el paisaje se tornó inmenso y cautivador. Una bruma suave lo acariciaba todo. No pude sino detenerme y admirar el espectáculo natural. Entre monte y monte, bien abajo, podían verse nubes jugando al esconder, marcando parches de un verdor intenso que, francamente, no he visto en muchas partes de la isla.

El resto del viaje a Maricao fue como tenía que ser: no paró de llover. A ratos la lluvia era tenue y se confundía con una niebla densa, lo que hizo pensar a mi hijo que estábamos en una nube. Temerariamente, quizás, nos detuvimos en las más impenetrables neblinas, casi de noche, en una carretera solitaria. ¡Ja! Nos dimos el gusto de volar entre las nubes, cielo arriba, donde solo llegan los aviones. Así, al menos, decidimos él y yo que lo habríamos de contar.

No se confunda usted, lector o lectora. Maricao es un pueblo chiquitito, cuyas calles se transitan en un instante; pero, conocer, lo que se dice conocer a Maricao, no se puede hacer a la carrera. Por lo que yo vi, en las tiendas y restaurantes, los habitantes de las «indieras altas y bajas» cultivan el arte de conversar. Ningún intercambio es un mero sí o no. El tiempo se mueve aquí como la neblina en el Monte del Estado, sin prisa.

No voy a caer en la mezquindad de describir abstractamente las condiciones sociales y económicas de los habitantes del pueblo. La gente que vi, con la que hablé y compartí, me deleitó por su amor por Maricao. Es más, hay una cierta conformidad y gusto, en eso de estar un poco aislados del resto de Puerto Rico. Cierto es que la conexión con el internet es casi inexistente, que no hay supermercados ni tiendas grandes y que llueve cinco o seis veces al día. Pero a la gente de Maricao le gusta Maricao. ¿Qué derecho tengo yo de intelectualizar la vida de un pueblo entero, con generalizaciones abstractas? ¿Qué derecho tengo yo de decirles lo que tienen o no que hacer?

En algunos detalles sí, los maricaeños y maricaeñas se parecen al resto de la isla: les disgusta el estado actual de la política. Mas, con un civismo que quizás ya no hay en otras partes, escuché que el problema en el pueblo no es tanto la lucha entre populares y estadistas; sino que el hecho de que ya es hora de cambiar de alcalde, venga del partido que venga. Alguna gente, particularmente la de mayor juventud, describe las elecciones de la comarca como una especie de contienda entre bandos de terratenientes y familias locales. Más que de un sistema político moderno, parecen estar hablando de un feudo de la Edad Media. Eso sí, me aclaran, el candidato independentista es un tremendo maestro de inglés. ¡Figúrese usted!

No sé si es el aire de la indieras o la lluvia perenne o la inmensidad de los paisajes, pero encontré entre la gente de Maricao una habilidad natural para lidiar con las contradicciones más extremas. Pueblo pequeño, pensamiento grande. En uno de los pocos restaurantes, mientras desayunaba harina de maíz con bacalao, pude notar un grupo de estudiantes de escuela intermedia, que habían transformado una de las mesas en lugar de estudio. Al dueño no le importó que no consumieran nada. Una señora me observa mientras miro hacia afuera del restaurant. Se da cuenta de mi tristeza. Al cruzar la calle está la Escuela Elemental Mariana Bracetti. Alguien menciona que la cerraron o que la van a cerrar. No pude contener mis palabras, y, en voz alta, expresé mi convicción de que quién cierra una escuela elemental es capaz de matar a un ser humano. «Eso es así», me dijo, compungida también por la barbaridad.

De Maricao me llevo recuerdos gratos: la musicalidad de su lluvia, la dulzura de su gente, el poco acceso al internet, la zambullida en el Salto Curet, los desayunos de maíz cocido con bacalao, las conversaciones y miradas detenidas, la imagen de la tienda general del pueblo, la menudencia urbana en medio de un naturaleza amplia y majestuosa, las mañana frías y el amor que esa gente, noble y sencilla, tiene por la tierra en que les tocó nacer.

Rafael Rodríguez Cruz

Entre la calle y el río / Beatriz Martell

Entre La Calle y el Rio

Poema de Beatriz Martell

Música de Juan Carlos Ramos

Cantado por Coco Ramos

 

Beatriz Martell, “Betty” o “Doña Betty” como cariñosamente la llamaban sus familiares y amigos, nació en Ponce, PR el 29 de agosto de 1924. Fueron sus padres Concepción Martell y Paula Ruiz.

Doña Betty, no tuvo la oportunidad (como les sucedía a muchos para aquel entonces) de completar ni siquiera la escuela elemental. Sin embargo, cuando me casé con su hija mayor, Helvetia y pasé a ser parte de la familia Martell, me fui percatando que la ausencia de estudios formales no fue necesaria ya que los mismos habían sido substituidos con esa experiencia única que otorga gratuitamente la Escuela de La Vida.

Desde el 1976 cuando me uní a Helvetia, hasta septiembre del 2009, fecha en que partió de este plano, fui conociendo a Doña Betty y entendiendo su filosofía de vida y su amor incondicional por todos sus hijos. Siempre recordaré con gran cariño los domingos en la tarde cuando hijos, otros familiares y yernos descendíamos en su casa de Guaynabo como aviones en busca de combustible a lo que llamábamos jocosamente “el aeropuerto”. El combustible desde luego eran los sendos platos típicos que en su famosa cocina confeccionaba con absoluta maestría. ¡Ah, que gratos recuerdos!

Al pasar del tiempo regresó a su querido Ponce. Los años habían comenzado a trazar huella en su salud. No obstante, mantenía su espíritu firme y luchador y continuaba recibiendo a todos, aunque un poco más limitado el cupo, en su apartamento ponceño.

Fue en una de esas tardes tranquilas del Ponce cálido y señorial que la observé buscando en un pequeño baúl algunos papeles, muchos de los cuales exhibían el paso del tiempo reflejando el “castigo” del doblar y desdoblar a través de los años.

Se detuvo a leer uno de estos papeles y comenzó a balbucear “Entre La Calle y El Rio”. Comencé a prestarle atención disimuladamente a su lectura ya que no quería interrumpir el soliloquio. Cuando terminó, me acerqué a ella y le pregunté: ¿Doña Betty, y quién escribió ese bello poema? Se percató entonces que la había estado escuchando, elevó su mirada y me dijo con esa gran humildad que siempre la caracterizó: “Ay Juan Carlos, es solo una tontería que le escribí a nuestro padre por su esfuerzo en brindar lo mejor a sus cinco hijas.”

Le dije entonces: “Doña Betty es un poema precioso y por ese “sabor” a campo que lo permea, creo que una música de seis, lo resaltaría.”  Me dijo entonces emocionada: “¡Quién lo iba a pensar que yo, me haría “famosa” por haber escrito algo!

Unos meses más tarde y quizás presintiendo el desenlace me dijo: “Juan Carlos, cuando me llegue mi día, me gustaría que mi poema con su música se interpretara en mi sepelio.” Bajé la vista y solo asentí con un moviendo del rostro.

Poco después le pasé la letra y la música a mi hermano Coco, quien al igual que yo es pianista profesional pero dotado de una voz que moldea con gran habilidad al género que interpreta.

Cumpliendo con el deseo de Doña Betty, alquilamos un vehículo equipado con esos altoparlantes que usan los comercios para publicidad, y durante el recorrido del cortejo fúnebre hasta el cementerio, alternamos el seis con la danza Beatriz, la cual le había compuesto y dedicado a esta gran ponceña un par de años antes.

¡Doña Betty, ahora es usted parte del Salón Virtual que comparten escritores, cuentistas, poetas, poetisas, músicos, y analistas políticos de este Blog!

¡Creo que ahora sí, ha dado el primer paso a la fama!

 

Juan Carlos Ramos

 

 

Pintura de Félix Cordero, detalle

Oración de un asceta / Aníbal Colón de la Vega

Oración de un asceta

Señor de la concordia y del amor,
no permitas que le cause mal a nadie,
ni siquiera a los minúsculos insectos.
Yo barro delante de mis pasos
con la vieja escobilla, para salvar
cualquier manifestación de la vida,
por ínfima que ésta parezca.
Ayuno y abstinencia marcan mis días,
y la carne no toca mi boca.
Beso las frutas y las plantas,
antes de que se sacrifiquen y pasen
a ser parte de mi propia carne.
Cuida tú mis miradas y palabras:
que no sean flechas venenosas
ni dardos siniestros que hieran al otro.
Y hasta los pensamientos y afectos guarda,
a fin de que se truequen
en lluvia bendita para quienes
me acompañan en la larga calzada.
Regálame tu paz secreta.
Y, si te place, hazme invisible
y déjame pasar inadvertido donde
se imponga y me venza la violencia.

Aníbal Colón de La Vega