Julian Assange, un periodista y programador australiano, puso en evidencia a través del sitio web Wikileaks las intrigas y ocultas intenciones del gobierno de los Estados Unidos en política exterior. Debido a las escandalosas revelaciones obtenidas de documentos secretos sobre las actividades de los Estados Unidos contra otros países fue acusado de delitos cibernéticos y sometido a encarcelamiento domiciliario en Europa. Amenazado de muerte y acosado continuamente por los servicios secretos de los países delatados en Wikileaks la voz de Assange, silenciada a la fuerza, resurge como profética en este texto del boricua Michael Castro.
Julian Assange y el profeta Natán / Michael Castro
Hace un tiempo atrás un hombre sacó a la luz unos secretos que el gran gigante mundial conocido como los Estados Unidos de América no quería que la gente supiese. Los secretos que Julian Assange sacó a la luz pusieron en perspectiva lo que en realidad es la nación estadounidense, un país cuyos líderes están dispuestos a mantener el estatus de las cosas a favor de los que lo rigen a toda costa. Desde entonces a Assange se le ha catalogado como un “traidor” por algunos, “terrorista” por otros y “héroe” por muchos.
Luego de Assange y Wikileaks la gente ya no ve a los EEUU como el gran protector sino como un país abusador que comete los mismos o peores crímenes que aquellos países a quienes condena, acusa y ataca cometen. Julian Assange puso en perspectiva a los EEUU y reveló que son como cualquier otro país solo que tienen más armas y dinero que cualquier otro país.
La labor de Assange me recordó una historia de la Biblia. Hace mucho tiempo el rey David se encontraba en su casa y mirando por la ventana vio a una muchacha bien bonita. Siendo él el rey mandó buscarla porque le gustó. Aquella muchacha sin embargo tenía un esposo que era soldado de David y se encontraba en ese momento en la guerra.
David tomó a aquella muchacha, se acostó con ella, la preñó y la mandó para la casa. Para tratar de tapar el asunto mandó a buscar al esposo de ella y le dijo que se fuera un tiempo a su casa. Todo tenía el propósito de que el esposo se acostara con su mujer y a final de cuentas se creyera que el hijo que ella iba a parir era de él. Pero aquel hombre no quiso hacer lo que le dijo el rey David pues entendía que no era justo el irse a su casa mientras sus compañeros se encontraban peleando en la guerra.
Al Rey David se le dañó el plan y para cubrir su aventura decidió hacer algo. Instruyó a sus generales que pusieran a aquel valiente hombre en el frente de batalla y cuando la cosa se pusiese brava lo dejaran solo. Urías, esposo de Betsabé murió y ella quedó viuda. David entonces mandó a llamarla y la hizo su esposa. Todo quedaba en “secreto”. Lamentablemente para David, hay un Dios en el cielo que todo lo ve y en ese entonces le envío a un profeta llamado Natán que le hizo este relato:
Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. 1 de Samuel 12: 1-10
El secreto de David quedó descubierto y para colmo quedó grabado en las páginas de la Biblia y no fue nunca olvidado. Eso es lo que le pasa a gente poderosa que tiene sus secretos guardados, cometen abusos y creen que nadie se enterará. Eso fue lo que le pasó a los EEUU con Julian Assange, un Natán moderno.
© Michael Castro El autor es un maestro especializado en la enseñanza del inglés como segunda lengua a nivel elemental. Es un bloguero residente en Cidra. Su blog Poder 5, inspirado en el ensayo de Ignacio Ramonet titulado “El Quinto Poder“ recoge su pensamiento político, religioso, social, educativo y humano en una variedad de escritos reflexivos y críticos difundidos a través de los medio de comunicación personal generados en la Internet.
Escrito por Sergio A. Rodríguez Sosa
Puedo estar seguro de las cosas que escribo o digo pero no tengo control de la interpretación que se pueda dar a mis palabras, de lo que se quiera inferir de las mismas. En eso influye mucho lo que se mueve en el espíritu del interlocutor, sus experiencias previas, sus prejuicios, la percepción que se pueda tener de mis intenciones. Dije que sobre eso yo no tengo control alguno y digo que ni siquiera debo intentar enderezar lo que otros tuerzan o enreden porque, ¿cómo convencer a otros de que están equivocados cuando ya están convencidos, seguros, anclados, en su juicio? En ese caso prefiero callar y esperar-esperanzado a que el tiempo ponga las cosas en su justa perspectiva y que cada uno asuma la responsabilidad de rectificar. No puedo –ni debo- hacer más. Hay gente muy buena que ocasionalmente y probablemente sin comprenderlo cometen injusticias. Yo no los juzgo. Les concedo el beneficio de la duda y dejo todo en las manos del tiempo.



