Mi hermana Gloria

Por: Víctor A. Alvarado Guzmán

Hace poco, le contaba a mi esposa Litzy que cuando mi hermana Gloria y yo éramos niños, mi papá acostumbraba a llevar a la familia a pasear, dándole la “vuelta a la mitad de Puerto Rico”. El día del paseo, nos levantábamos temprano, nos montábamos en la guagua Datsun color azul claro, llevábamos una neverita, cosas de comer y salíamos de Salinas por la ruta oeste (Ponce, Mayaguez, Arecibo, San Juan o por la este (Guayama, Maunabo, Humacao, San Juan). De ahí regresábamos a Salinas por Caguas y Cayey. El paseo nos tomaba todo el día, pues durante el camino nos deteníamos en distintos lugares a disfrutar, comer, bañarnos en playas, etc.

scan0005+-+Copy.jpg Lo que siempre me acuerdo de las salidas en la Datsun de papi, era que mi hermana Gloria (casi siempre) se montaba con una almohadita en la parte de atrás de la guagua, a dormir. Nunca entendí por qué hacia eso. Así como nunca entendía por qué íbamos a un restaurante de comida rápida (fast food) y Gloria siempre pedía un “hamburger plain”. Sólo pan, carne y salsa de tomate (ketchup). Tampoco entendí por qué, cuando ella estudiaba en la Universidad de Puerto Rico en Cayey, se llevaba mis camisas preferidas cuando yo las iba a usar.

scan0006+-+Copy.jpgComo todos los hermanos, Gloria y yo jugábamos y peleábamos mucho. Pero, desde pequeña, ella siempre me protegía. Mami siempre contaba el día que yo llegué a mi casa llorando. Algo había pasado con unos niños. Gloria, con algunos 4 o 5 años, se paró en el balcón del apartamento, con las manos en la cintura, y con tono desafiante preguntaba quién le había pegado a su hermano. En eso, Gloria y yo siempre fuimos distintos. Yo siempre he sido tímido, Gloria más decidida. En eso salió a mami.

Otra característica de mi mamá Esperanza que he visto en ella es la entrega a su hijo Justin. Mami era de las madres que centraban su vida en sus hijos, olvidándose incluso de ella misma. A pesar de no tener grandes recursos económicos, a mi hermana y a mí nunca nos faltó nada. Nunca entendía como lo que ganaba mami trabajando en la fábrica Westinghouse (luego ABB) o cociendo en la casa, le daba para hacer tanto. Claro, mi papá, don Víctor, era maestro de inglés y aportaba su parte. Pero, la maga era mami. Y lo más importante que nunca nos faltó fue su protección y amor. Cuando veo a mi hermana Gloria demostrando su amor a su hijo, llevándolo y buscándolo a la escuela, jugando con él o incluso tratando de corregirle algo, veo a mami.

Aún siento la tristeza que vivimos Gloria y yo cuando, un médico de la Sala de Emergencia en el Hospital San Cristobal, nos dijo que mami estaba bien mal y que posiblemente no le quedaba mucho tiempo de vida. Nos sentimos tan desamparados en ese momento. Nos salimos a una salita solitaria que había y allí lloramos los dos desconsoladamente. Es la peor noticia que nos han dado en nuestra vida. Allí, en la soledad de aquel lugar, mi hermana y yo volvimos a ser niños. Esta vez, ambos nos consolamos y protegimos. En algún momento llegamos a pensar que ese médico se había equivocado, pero mami sólo duró 9 días más.

Nunca entenderé por qué Gloria se dormía en la Datsun de papí, sólo comía “hamburger plain” o se llevaba mis camisas. Pero, sí entendí por qué fue necesario que esa noche, cuando nos dieron la peor noticia de nuestra vida, estábamos solos. Dios quiso tenernos juntos y comenzar a cerrar los dos el capítulo de la vida física de mami en nuestra existencia.

Ahora, sólo nos falta entender que la Esperanza no muere y que aún recibiremos golpes en la vida, que únicamente podremos aguantar recibiendo el amor de mami, a través del amor de hermanos.IMG_0014.JPG


Publicado originalmente en El Patriota del Sur el 7/25/2012

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4 pensamientos en “Mi hermana Gloria

  1. Este conmovedor relato es una oración que a fuerza de recordarla se lleva eternamente como una lágrima suspendida en las pupilas y ese ejercicio nos da la fuerza para entender y valorar la grandeza de alma de aquellos en que uno vive sin, a veces, saberlo. Te felicito.

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  2. ! Cuánta ternura hay en este relato de la vida real! Me hizo recordar a mi familia y los sentimientos que nos unen. Ahí está le esencia del verdadero puertorriqueño, los valores familiares. Adelante Víctor.

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  3. WOW – que historia mas bella, Vitito! Saludos a tu hermanita! Ojala Manolo pudiera leer esto – se lo paso a su FBK

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  4. Bellas memorias, me hizo pensar en mi realidad. El amor fraternal es la mejor herencia que se le puede dejar a los hijos, es la base para los demás valores. En su relato se confirma una vez más la importancia de un hogar bien llevado en la vida de los futuros adultos. Gracias, me lo disfrute completito.

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