La seducción de las palabras: un libro que no pierde vigencia

La seducción de las palabras / Alex Grijelmo.  (Taurus, 2000)

Para los que les gusta el tema de las comunicaciones he aquí un libro publicado hace  diez años, que reitera deliciosamente los aspectos principales de la psicología del lenguaje y la comunicación social.

El autor va mostrando la seducción natural o intencional que ejercen las palabras en el comportamiento de las personas por medio de ejemplos esclarecedores. 

Los sonidos son la fachada de las palabras y lo primero a lo que un ser humano es sensible respecto al lenguaje. Los bebés perciben los sonidos de las palabras incluso desde las etapas fetales en el seno materno.

Los sonidos y la entonación van seduciendo al oyente que es capaz de construir relaciones entre sonidos y significados en la medida que va apropiándose del mágico esquema existencial propio de cada idioma.  En su  desarrollo histórico, las palabras van cargándose de connotaciones y evocaciones que el individuo recibe inconscientemente dando lugar a que las palabras se conviertan, no tanto por sus significados, sino por lo que evocan,  en mecanismos de persuasión y manipulación.

Grijelmo insiste en que el sonido envuelve a las palabras, las personaliza y hasta podría decirse que padecen de bipolaridad a causa de matices de pronunciación o entonación. Resultan exquisitos y curiosos los ejemplos del autor para adentrarnos en las magias del léxico.  Así la vocal u se relaciona con la luz misma en palabras como lumbre, fulgor, iluminar y luminaria, mientras que la vocal a se nos muestra blanca en palabras como alma, clara,  alba, cal y álamos. 

Uno tras otro los capítulos del libro muestran  como los expertos del lenguaje se apropian de los sonidos para manipular mensajes amorosos periodísticos, publicitarios y políticos.

Los ejemplos tomados de la vida nacional española no son diferentes a las jaiberías idiomáticas a las que nos someten en Puerto Rico las agencias publicitarias, los propagandistas políticos y los medios noticiosos.  Aquí a los partidarios del colonialismo se les llama estadolibristas y a los anexionistas se les cataloga de estadistas todo dentro del marco del gobierno por consentimiento creando una jerga para justificar el poder mediante el “proceso de creación de la aceptabilidad” descrito por Jean-Pierre Faye

Concluyendo, Alex Grijelmo nos hace reflexionar sobre lo difícil que es proteger la libertad cuando se carece de  “consciencia semiológica”.  La necesitamos para darnos cuenta de la naturaleza de los signos y protegernos de los usos persuasivos y engañosos que constantemente nos invaden.

©Sergio A. Rodríguez Sosa

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