Comentando fotografías, 15 : unas zapatillas para el Gigante de Carolina

Felipe Birriel Fernández (1916-1994) es mundialmente conocido como El Gigante de Carolina.  Por su condición de gigantismo se convirtió en una atracción taquillera que inclusive lo llevó a participar en el cine y la televisión.  Solía visitar los pueblos de Puerto Rico presentándose como parte de los espectáculos faranduleros promovidos por distintos empresarios de las artes escénica o por iniciativa propia. Fewi Lefevre y Roberto Quiñones nos presentan dos fotografías relacionadas con este personaje singular de nuestra historia.  Invitamos a nuestros lectores a disfrutar de ellas y hacer sus comentarios.

Gigante2Foto # 1 Colección de Fewi Lefevre. Fotógrafo desconocido.

zapatillas-1

Foto # 2 Colección de Roberto Quiñones. Fotógrafo Roberto Quiñones

11 pensamientos en “Comentando fotografías, 15 : unas zapatillas para el Gigante de Carolina

  1. HECTOR L. (TATO) SILVA RIVERA

    De niño tuve la experiencia de conocer al Gigante de Carolina y verlo frecuentemente cuando pasaba caminado frente a mi casa en la urbanizacion Eduardo J Saldaña, mejor conocida como “La Cerámica” en Carolina P.R.

    Era simpático y amigable aun con los niños. Pasaba a pie pues no siempre encontraba transportación pública y a veces se veía cansado de las caminatas pero saludable. Pude ver parte de su evolución según avanzaba en edad. Notaba como su osamenta fue cambiando.

    Lo recuerdo más a menudo entre los años 60- 65. Él tendría unos 40 a 47 años. Notaba como sus brazos eran o lucían cada vez más largos para mí. A veces paro frente a mi casa pues hablaba con mi papa y con mi mamá. A veces mi madre le ofrecía agua fría y fresca o una que otra bebida para refrescarse.

    Yo le llegaba a casi la altura de las manos y tendría yo de 6 a 8 años cuando le veía más a menudo. Mi madre me explicaba que su condición clínica era gigantismo y una toroide hiperactiva.

    A pesar de ser un niño no sentía ningún miedo y me parecía interesante verlo, pero nunca lo hice sentir raro como otros niños a veces lo hacían. Nunca vi a nadie burlarse de él o hacerlo sentir mal.

    Fue una experiencia única estar cerca de él y verle pasar, y aun intercambiar su sonrisa ocasional. No siempre estaba de sonrisas y a veces yo sentía el oculto dolor en su rostro según sus extremidades y huesos de su cara, quijadas y su frente se agrandaban.
    Era un hombre de espíritu humilde, sencillo y gracias a dios de apariencia inofensiva en su carácter, aun con lo impresionante de su estatura y poderío natural de así desearlo!

    La mayor parte de las veces yo actuaba como si él no fuera diferente, pues así me enseno mi madre.
    En mi casa todas las personas que no eran “normales” o usuales o de personalidades faciles de rechazar para la mayoría, eran bienvenidos, dignificados y respetados. Esas enseñanzas en el hogar me facilitaron escoger una carrera como psicólogo profesional con múltiples especialidades. ¡Gracias amado gigante!

    Tato Silva

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  2. Conoci el Gigante de Carolina cuando era una nena.Recuerdo que mi Tio Antonio Luis lo llevo a mi casa.Ese dia me senti muy especial pues para mi era personaje bien importante para nuestra familia.Para nosotros fue como conocer un super heroe,una leyenda,un cuento de hadas.Que bueno es volver a ver la vida sin prejuicios,que lindos recuerdos!

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  3. Orgulloso de mis raíces y mi gente. No tuve la oportunidad de verle en persona, pero me lastima el hecho de que haya pasado a la historia con un final solitario y prácticamente olvidado. Claro, después que una persona duerme en su sepulcro, para todos era un héroe. Recuerdo haber leído hace poco que él mismo extrañaba aquellos días rodeado de niños y adultos curiosos que pagaban para verle, mientras convalecía solitario en su humilde residencia. Ni siquiera hay un record oficial de su estatura, la cual figuraría entre los hombres más altos del mundo. De hecho, el más alto de América, vivo, en estos momentos apenas mide 7’ con 8” (Igor Vovkovinskiy de Minnesota) y eso lo pone unas 3 pulgadas más bajito que Felipe Birriel. Creo que en algún lugar, de los tantos que lo usaron para explotarle y sacar dinero, debe estar registrada su estatura oficial. Reto a los que tienen verdades lindas que contar a que las compartan con orgullo. ¿Qué nos pasó, Puerto Rico?

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  4. Enfrente a la casa de mi mama en la calle José Severo Quiñones, Carolina vivia su hermana Herminia Birriel.Y gracias a esa suerte siempre podía verlo cuando el la visitaba. Todo un acontecimiento!

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  5. Era una niña de como de 15 años. Yo estaba en Puerto Rico, donde nací. Soy de el barrio de Mariana de Naguabo, pero fui criada en las Islas Vírgenes, en Santa Cruz. En unas fiestas patronales de Naguabo estaba el Gigante de Carolina. Había que pagar 10 centavos para velo. Así fue que vi al Gigante de Carolina, pero nadie en Santa Cruz me creyó. Eso era como un cuento de camino. Estoy tan orgullosa de poder probar que el Gigante de Carolina no era un cuento. Aquí en la computadora está. Orgullosa de ser boricua.

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  6. Recuerdo esta foto, yo era solo una niña más, emocionada por conocer al Gigante de Carolina. Soy la que lleva pantalones rojos cortos con medias negras hasta arriba, otra de mis amigas en la foto es Ivette, éramos del Caserío Modesto Cintrón, soy natural de Salinas con orgullo lo digo, mi pueblo, mi gente calurosa con un corazón enorme. Todos se querían retratar con el gigante, pero yo era una apronta, no importa ahora estoy ahí y que bueno…..

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  7. Es verdad, fue frente a nuestra plaza del mercado, puedo dar fe de que así fue debido, a que estaba ahí presente. Siempre he sido una niña curiosa, así que salí en la foto, pues soy de Salinas hija de Celestino, conocido como el Dragón, Abraham López su gran amigo. En la foto tengo el pantalón rojo, medias negras, y tenis blancos. Como olvidar ese día tan emocionante, pues todos se querían tirar retratos con el Gigante de Carolina, que en paz descanse……..

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  8. Durante mi estadía en Río Piedras como estudiante de la UPR vi al Gigante de Carolina varias veces. La tienda de ropa San Río lo contrataba para fungir como Santa Claus. !Qué contrataste con el que nos pinta la Coca Cola!

    Lo más impresionante fue cuando lo vi dentro de un Volkswagen. al auto tenía o le contruyeron un “sun roof”. Por ahí sacaba su largo brazo.

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  9. Bravo y felicitaciones al compueblano Fewi Lefebre por su valiosa contribución histórica coleccionando esas fotos. Aqui aparece al lado de “Junior”, hijo de Juan López, el zapatero y lanzador profesional de los Indios de Mayaguez durante la temporada de 1948-49.
    El Gigante de Carolina participó en la pelicula titulada “Carnaval en Puerto Rico con Tino y Ofelia Acosta hecha en 1964.

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  10. La foto numero uno se tomó probablemente al frente de la plaza del mercado de Salinas, alrededor de los años 1980-1984, cuando Felipe tendría entre 64 a 68 años de edad. Conocí al Gigante de Carolina en persona, creo que entre 1950-1953. Anunciaron por medio de altoparlantes su presentación en el flamante Teatro San José, con asientos acojinados, por todo el pueblo de Salinas como algo espectacular, un fenómeno de la naturaleza. El anunciador gritaba a todo pulmón repetidamente “No hay cama para él, no hay sillas para él, necesita una casa especial y está buscando una mujer para casarse. Solamente una ficha para entrar.” Me las ingenié para conseguir esa ficha. Cuando entré, él estaba sentado en una banqueta especial. Alguien en mi alrededor protestó diciendo: Ah, pero es chiquito, esto es un engaño. Enseguida y con evidente gran esfuerzo el hombre se incorporó y el mismo que había hecho el comentario exclamó sorprendido a borbotones y casi sin respiración: ¡ea rayos!, es un gigante de verdad, miren esos zapatos… En esa época, el gigante era un hombre joven y lo vi fumando. En la foto aparece igualmente fumando lo cual indica que persistió en ese vicio durante toda su vida. Increíblemente para asombro de los médicos que le proyectaron un vida muy corta, el Gigante de Carolina tuvo una larga vida; 78 años a la fecha de su muerte. Su existencia se prolonga mucho mas allá de su vida terrenal por haberse constituido en un símbolo y aspiración de un pueblo que ha sabido valorar su providencial contribución. En la foto aparece un señor al fondo en la extrema izquierda, se llamaba Isabelo y era mi vecino en la Barriada Carmen. Además, era el empleado municipal a cargo de la plaza del mercado. El joven con la cámara que está al frente es un muchacho de Aguirre que ahora trabaja con el municipio en el garaje municipal. Por último véase el detalle de herrería en las puertas de la plaza del mercado construída en 1925 y de cuyo diseño sé que por lo menos hay otra en Puerto Rico.

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