La Tierra

Planeta mundo / José Manuel Solá

Pido tu voz prestada,
tu mirada, tus manos, tu corazón que ama.
Te conocí cuando aún eras aire,
cuando aún eras polen viajando las estrellas
y te acogí en mis hojas, al lado de mis ríos,
bajo la luna nueva de la vida.
Te di el calor, las lluvias y las cumbres nevadas
y te di cada fruto mansamente.
Entonces caminabas los caminos que con los pies abriste
y te di imponentes cataratas
y pájaros sin nombre como el sueño.
Entonces caminabas alumbrado de estrellas
con la frente asombrada, alucerada de rocíos y caminabas
como los girasoles, besando el sol…
Ahora estoy cansado, estoy herido
por el humo y por las contaminaciones que son tantas,
por el estruendo y por el estampido y por los desgarrones
de las naves de destrucción masiva,
la desforestación y los venenos
con los que la codicia de los prepotentes
hacen que yo me muera.
Entre mis brazos-ramas, con mi savia y mis flores y mis luces
te di el soplo de vida,
te di el aire y el fuego necesario
y te di cada luna para que las cosechas
del trigo y el maíz y las manzanas
te fueran dóciles, buenas como los niños,
buenas como los hijos de la tierra.
Habla por mi, te pido,
canta mis alabanzas,
abrázame, respírame, en cada árbol,
en cada mariposa, en cada célula….
Ve y dile a los hombres que restauren
la paz y el aire y el amor,
que restauren el beso, la caricia, la aurora,
antes de que yo muera
para todos…….

José Manuel Solá / 24 de octubre de 2014

tumba 1

El recluta

Edwin Ferrer

Para un hombre cansado de tantas guerras Salinas es un oasis, un remanso encantador. El extensa planicie azul salpicada de gotas de algodón, el paso gracioso de las nubes cargadas por el viento, el rugir constante del mar, el centelleo de las estrellas en la noche, en fin, un cuadro de colores para distraer el alma sin cansarla nunca.

Antes de ser espiritista Chimino Abu–Dabi se distraía contemplando las formas esbeltas del Rio Niguas a las que los golpes de agua le imprimían oscilaciones armoniosas que grabadas en su memoria le sirvieron para perfeccionar sus facultades mentales. En especial, el gusto de entrar y salir de su cuerpo cuando le diera la gana.

De su altar brotaba, sobretodo, un placer misterioso que atraía al que ya no tenía ambición ni curiosidad en contemplar las bellezas de su pueblo y acudía donde el reclutador espiritual para buscar la forma de entrar en el ejército americano.

Tendido en el malecón apoyado de sus codos y moviendo el cuello de lado a lado observaba todos los movimientos de los que iban y los que venían con un solo fin: El de ser enterrados en la fértil tierra de “La Isidora” que los vio nacer.

©Edwin Ferrer

Anécdota de un secretario y guía turístico / Roberto Quiñones Rivera

TirismoHace varios años atrás mi compadre y concuñado, Nandy Rodríguez y Yo, decidimos hacer un viaje de placer junto a nuestras esposas a una país muy concurrido por los puertorriqueños.

Ya establecidos en el hotel decidimos salir a explorar el ambiente. Para sorpresa nuestra se acercó un joven y se ofreció como nuestro secretario para ayudarnos con la carga de lo que compráramos. En realidad no nos sorprendió su ofrecimiento ya que notamos de inmediato que el chico era muy educado y decidimos permitirle que cargara los paquetes y nos acompañara por la ciudad.

Verdaderamente fue un acierto tenerlo con nosotros. Se conocía al dedillo la ciudad y la historia de su país. Muchos detalles que tanto Nandy, como yo, conocíamos del país los comentábamos y sorprendía como era capaz de responder, aclarar y abundar sobre los mismos.

Como indique al principio nuestro grupo estaba compuesto de gente mayor y acompañados por nuestras esposas. Este joven se comportaba de manera extraordinaria y se ajustaba a nuestros pedidos de lo que queríamos ver y al tiempo que queríamos dedicarle. Varias veces se le dijo que no era necesario que nos acompañara todo el tiempo si no eran de su agrado los lugares que queríamos visitar, pero nunca quiso dejarnos solos. Al amanecer ya estaba en el vestíbulo del hotel esperando por nuestro grupo.

Cuento esta historia como una anécdota porque el chiquillo, del cual no recuerdo su nombre, en un momento donde se entabló la conversación clásica, ya que las esposas estaban retrasadas, de que los puertorriqueños iban a ese país pendiente a cierto grupo de féminas dedicada a complacer al hombre visitante, el chico, demostrando vasta experiencia, nos dijo que también conocía ese campo.

Sorprendidos por su afirmación y para matar nuestra curiosidad, porque solo fue curiosidad, le preguntamos que sabía de ese campo. El sin pensarlo mucho dijo que dejáramos a las niñas entretenidas en el hotel y complacía nuestra curiosidad. Por supuesto simplemente la curiosidad nos permitió seguir preguntando sobre el tema, en lo que las esposas bajaban del cuarto.

Para probar su conocimiento le pregunté cuánto me costaría una odisea en ese campo. Me respondió que hiciera una oferta para determinar el sitio adecuado. En forma de broma le digo que disponía únicamente de cinco dólares, de inmediato reaccionó indicando que eso sería para una porquería. Yo le digo entonces que hasta cien. Su reacción entonces fue de imposibilidad de su parte porque esa oferta seria por la chica del Presidente. En ese momento bajaron nuestras esposas y cambiamos el tema.

©Roberto Quiñones Rivera

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A mi diseñador / Marinín Torregrosa Sánchez

A mi diseñador

Vestida con tu mirada,
ceñido el deseo
en suave contorno de mis ansias.
Brocado fino en fervoroso empeño
se despliega el corpiño, la transparencia,
al mostrarse ante tus ojos
como un rosal preñado de fragancias.

Entallada la cintura al gusto de tus brazos,
poblados de vellos zurcidos,
en piel quemada por deseos furtivos.
Bordas mi silueta en lentejuelas nacaradas,
rodeas de canutillos
el escote de mi desnuda espalda.
Descoses con tus dedos todas las puntadas
desde el sur que arde en braza
hasta el norte de mi cuello…
Y me besas…

Hurga el placer entre sedas,
chiffon y crochet
que mañana otro vestido
de tu mirada para mi confeccionaré.
Y en la pasarela de tu cama
a todas luces, modelaré.
Tú mi diseñador favorito
de agujas, alfileres, hilos y tejidos.
Dejarás al ruedo el quejido
y en la corona las piedras preciosas
incrustadas como todo lo vivido.

© Marinín Torregrosa Sánchez, 20 de octubre de 2014.

Historia de mi familia / Jesús Santiago Ortiz

Serie Genealogía

A mi madre Carmen Milagros

La primera vez que conocí de Encuentro al Sur, me encontraba en el estado de Maryland, eran alrededor de las dos de la madrugada y no podía dormir, una tormenta de nieve atacaba con mucha fuerza la costa este de los Estados Unidos. Dormía yo en un sofá cama de una oficina pequeña en la cual trabajaba, por el día atendía clientes y por la noche abría el sofá cama y descansaba. Las luces de los autos de la avenida alumbraban ese pequeño espacio mientras me deleitaba con las fotos de estampas de mi amado pueblo, Salinas.

Fue en esa ocasión que por vez primera me encontré conmigo mismo. Lo primero que vino a mi mente fue mi abuelo materno, nunca lo conocí y un deseo intenso de saber más sobre el me llevo por un camino desconocido que jamás imagine me llevaría a conocer mi propia historia y la de mis antepasados.

Boda de Milagritos y Manuel Antonio

Boda de Milagritos y Manuel Antonio

Es en momentos como este que siendo aún muy joven recuerdas haber salido temprano de la escuela superior un viernes y caminar por el pueblo y recordar casas, negocios o personas que ya allí no están. Nada parece ser valiosos para nosotros en ese momento, solo que actualmente daríamos todo por hablar con una de esas personas, por entrar a una de esas casas, por comprar algo en uno de esos negocios, pero ya no están. Que tarde decidí comenzar esta búsqueda, pero peor aún hubiera sido no haberla comenzado nunca.

Nicolás Ortiz Rosa era el nombre de mi abuelo, natural de Fajardo, Hijo de Simplicio Ortiz Ramos y de Marcela Rosa, ambos naturales del barrio Rio Arriba de Fajardo, mi abuelo tuvo cinco hermanos, dos mujeres y tres varones. Cuatro fallecieron sin alcanzar tan siquiera los 17 años de edad. Jesús Ortiz Rosa, el menor de todos, murió en los brazos de mi bisabuela unos minutos antes que ella a las 4:35 de la madrugada en el número 18 de la calle amparo en el pueblo de Fajardo el 27 de diciembre de 1918. La Tuberculosis causo estragos en aquella época y simplemente causo muchas muertes.

Mi bisabuelo y mi abuelos deciden por alguna razón se mudan para Aguirre, a trabajar en la central, comento por alguna razón porque casualmente eso era lo que hacían allá en Fajardo, trabajar en la central, de todos modos vienen a Aguirre y es en el 1934 que mi abuelo contrajo matrimonio por segunda vez, en esta ocasión con Emma Fernández Garriga, mi abuela, ambos vivieron en Central Aguirre y procrearon tres varones y una hermosa y muy especial mujer, mi amada madre, la cual ya no se encuentra hoy entre nosotros, Carmen Milagros Ortiz Fernández. Siempre le pregunte a mi madre quien era mi abuelo y ella me contestaba que ella misma no tuvo recuerdos claros de su padre.

La tuberculosis fue su causa de muerte en el 1946. Es aún más difícil para mí haber descubierto como una enfermedad acabo con la vida de parte de mi familia y no me permitió conocerlo, además de estos datos no sé nada más de mi abuelo.
Solo quiero agradecer desde lo más profundo de mi corazón a las personas que hicieron posible el inicio de toda una experiencia, de cómo conocer a mis ante pasados paso a ser lo más importante en mi vida aquella noche en que escribí en el buscador “fotos de salinas” y descubrí Encuentro al Sur.

El autor con sus padres

El autor con sus padres

Madre amada y que tanta falta me haces, esto es para ti, he intentado conocer el padre que no tuviste la oportunidad de conocer porque eras muy pequeña. En ocasiones me pregunto si estabas junto a mi esa noche de mucha nieve en Maryland en la que tanto necesite de mi familia pues me encontraba solo, solo haciendo lo que millones de puertorriqueños se han visto por décadas obligados a hacer, a buscar el pan de cada día y a enviar algo de dinero a su familia necesitada en Puerto Rico. Madre, te conocí muy bien y fui la última persona que te hablo al oído cuando tu cuerpo dejo de vivir y estoy totalmente convencido de que estabas allí conmigo y que siempre me acompañaste, que Dios te tenga en la gloria.

Jesús Santiago Ortiz ( Nuel )

El autor nació en Salinas, en el barrio Aguirre y residió en el poblado Coquí, Es hijo de Carmen Milagros Ortiz Fernández y de Manuel Antonio Santiago Almodóvar. Posee un Bachillerato en Contabilidad y un Doctorado en Derecho. Es preparador de planillas de contribuciones autorizado y registrado en el Servicio de Rentas Internas de los Estados Unidos. Actualmente trabaja como contador en la Administración de Corrección, además es sargento en la Guardia Nacional con el 65 de Infantería. A su difunta madre la conocían como Milagritos, hermana de Nicolás Ortiz Amorós, Juan de Dios Ortiz Amorós, Reynolds Ortiz (Rey Bigote), Dionisio y Frankie Ortiz Fernández y Ramón Vélez Fernández, Este último hijo de Ramón Vélez, el abuelo que lo crió y quien según cuentan se dedicaba a mover casas de un lado a otro.

Los pollitos de colores / María Charito Ibarra

pollitos de coloresOcurrió hace muchos años mientras los niños disfrutaban las vacaciones de verano. Cuatro hermanitos recibieron de regalo un pollito de color para cada uno. El padre trajo a la casa las nuevas mascotas en unas bolsitas de papel con rotitos para que pudieran respirar y evitar que se asfixiaran.

Los pollitos recibieron trato especial. Desde alimento adecuado hasta dormitorios hechos de caja de zapato para que durmieran cómodos; cada pollito tenía su habitación. Los niños se deleitaban escuchando el “pio, pio” de los nuevos miembros de la familia y hasta los corrían por toda la casa para ver cuál de los pollitos era el más veloz. Pero, lo que nadie imaginó fue que a pesar del amor y cuidado que se les ofrecía a los pollitos, su destino final terminaría tristemente por la natural curiosidad de uno de sus dueños-una niña voluntariosa quien quiso hacer más de lo que los pollitos realmente necesitaban.

Sucedió que una tarde, a la hora de la siesta, mientras todos dormían, la niña curiosa transporto a los pollitos hasta una pileta de concreto colocada detrás de las casas, al lado de la lavadora, lugar para iniciar los trabajos de limpieza del hogar y lavar ropa. Asumiendo que los pollitos tenían calor, y que un baño refrescante les vendría bien, la niña sumergió a los pollitos en agua y luego los echo a la lavadora. La niña en su curiosidad, prefirió hacerlo en secreto pues pensó que esto era lo debido y apropiado. Los pollitos tuvieron que dar muchas vueltas en la lavadora, pues para sorpresa de la niña, estos salieron mareados, vomitando, con los ojos al revés y temblando de frío. ¡Que tristeza! ¡Que dolor para aquella niña! ¡Y que crueldad para los pollitos!

Entre el llanto de la niña y el “pio, pio” desgarrador de los pollitos despertaron a todo el que estaban tomando la siesta. La madre y la abuela corrieron a ver que había sucedido. Cuando llegaron a la escena se dieron cuenta de lo ocurrido. La niña fue castigada y quedo en su cuarto por el resto del día. La niña seguía triste y lloraba diciendo, “es que yo quise refrescar a los pollitos porque tenían calor.” Pero los pollitos seguían como locos y arrebatados. Mientras tanto, la madre y la abuela de la niña trataban de salvar a los pollitos, pero estos perecieron antes de caer la noche. La niña lloraba de dolor por lo que hizo pero más lloraba por el dolor que causo a sus hermanitos y por la represalia que venía de su papa cuando este llegara a casa de su trabajo.

Antes de echar a los fallecidos animalitos al zafacón se les rezo un Santo Rosario de difuntos con todo y letanías, para ejemplarizar el respeto a la vida que merecen todas las criaturas del universo.

Maria “Charito” Ibarra

bote

Dos remos / Carlos Román Ramírez

DOS REMOS

Cortejo, cortejo alegro, a veces vivace,
a veces presto, el remero acerca en rítmico
bogar, ya sentimos la fragua mas luego gira
y quedamos sedientos bajo el agua.
Somos remos al destino, paralelas navegantes
del marino camino, casi puedo abrazarte,
casi puedo…… pero en casi me quedo.
Una causa y dos pesares, tú sorbes
mis ansias, yo sorbo tus sueños, tú eres quizás,
yo soy acaso, tú eres voluntad, yo soy empeño;
agiganto mis deseos entre salina espuma,
quisiera sorberte aunque beba todo el mar.
Mudo surco en el agua que las olas enmiendan
mientras platea la luna oceánica senda.
¡Un puerto, un puerto para calmar la fatiga
y fatigar los sentidos! Al llegar rogaremos
porque ancle la barca y una los remos.
¡Un puerto, un puerto solaz y a solas
más allá de las olas nos abrazaremos!
Tal vez, sólo tal vez por unas horas
en la playa dormida, en la arena
serena serás…… y seremos.

junio 2007
Carlos Román Ramírez

Las pequeñas ligas en Salinas

Periódico de ayer

Este valioso texto de Berto González fue publicado en 1979 en el periódico El Salinense. El escrito recoge es un recuento de la situación de las pequeñas ligas en Salinas en aquellos años.

Los equipos de beisbol juveniles locales se agrupaban entonces en la Liga Mariano López Santiago, puntal de las ligas de beisbol juvenil de aquellos años en la Ciudad del Mojo Isleño.

Cabe recordar que Mariano López logró en la década de 1960 campeonatos y subcampeonatos nacionales para el equipo de Salinas que participaba en los torneos de la Liga Atlética Policiaca. Y ciertamente las pequeñas ligas de Salinas deben honrar su memoria y la de los chicos que lograron esas hazañas deportivas.

Berto hace énfasis en el trabajo heroico de los voluntarios que en medio de los sinsabores y contratiempos dan el todo por sostener el béisbol de pequeñas ligas. Su frase final “¿Quién dice yo?” es una clara advertencia de que sin el apoyo de las autoridades, los empresarios y de la gente los chicos y chicas pierden la oportunidad de desarrollar sus talentos.

Escritos como este brindan la oportunidad de mirar el camino recorrido y comparar que ocurrió y está ocurriendo desde entonces en los deportes juveniles de Salinas.

Las pequeñas ligas por Berto Gonzalez

In memoriam : Julio Santiago Santiago, el Santanero, el Versátil / Roberto Quiñones Rivera

Conocimos a Julio el día de la celebración de los 100 años de mi suegra, doña Francisca Santell y desde ese día nos unió una estrecha amistad. Recuerdo que lo Julio Santiago copycontratamos junto a su grupo de música típica para amenizar la festividad.

La empatía entre las dos familias fue tal, que durante los próximos ocho años, durante la Navidad, Julio llegaba con su familia y su grupo musical a ofrecernos una parranda y compartir con doña Pancha, a quien el llamaba cariñosamente “Mama Güela”, y todos sus familiares, a quienes consideraba su familia extendida. Al fallecer doña Pancha, su parranda navideña fue mudándose a las casas de los hijos de ésta.

Julito, nació el 20 de diciembre de 1937, en Coamo. Era un cuatrista exquisito y se le conocía artísticamente como el “Versátil” y también como el “Santanero” por ser oriundo del barrio Santa Ana, de Coamo. Su fe católica y su vena musical se unieron para convertirse con la ayuda de su hija, en el director del coro de la iglesia católica del barrio.

Julito además participaba los sábados en un programa radial de música típica, que se transmitía a toda la región sur a través de las ondas de Radio Coamo.

Falleció en su pueblo natal, el 3 de octubre de 2014. Durante su velatorio siempre hubo grupos de música típica tocando en su honor junto a su féretro.

Su familia de Salinas, los Torres Santell, Rodriguez Torres, y Quiñones Torres siempre lo recordaremos por su carácter amable y cariñoso.

Descansa en paz, Santanero.

Guardamos un hermoso recuerdo de una de sus interpretaciones:

Hay luz en esa casa que fue mía : Texto XVI / José Manuel Solá

Cómo no hablar de ti
si a cada instante vienes por los recuerdos
como un sereno resplandor de aurora;
si hasta los mismos niños de la calle
preguntan por tu ausencia y si se les olvida
vienen en busca de tu pan
y de la maravilla de tus cuentos;
cómo no hablar de ti si el árbol ha crecido
y se llenó de pájaros y nidos,
si el anciano vecino que escuchaba los discos
de canciones muy viejas se murió la otra tarde
y se llenó la casa de silencios y ecos;
si cuando la estudiante que vivía en la esquina
pasa e igual saluda con su mirada tierna
yo pienso que te veo y me digo: “…así era…”
Cómo no hablar de ti si todo te pronuncia,
en todo te apareces cuando menos lo espero,
en todo cobra vida tu huella y tu recuerdo
y si alguien pregunta: “¿Qué habrá sido de ella?”,
aunque no quiera hablar,
aunque quiera ocultarte detrás de otras palabras,
te me saltas muy triste por los ojos y duele,
por supuesto que duele y me golpea el alma esta tristeza…
Cómo no hablar de ti
si al hacerte palabra te haces menos ausente,
si al hablar de ti
sé que me estás pensando…

(c) José Manuel Solá  /  “Hay luz en esa casa que fue mía” / 2002

 

 

Mario Roche Velázquez 1938-2014 : In Memoriam

Mario roche

Murió el Caballero de la Conciliación. Fuimos compañeros de trabajo durante uno diez años en la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Durante todo ese tiempo disfruté de la sabiduría de un buen maestro.

Hace tiempo que le otorgué un doctorado Honoris Causa, pero de la mejor universidad, de la Universidad de la Calle, de la cual ambos éramos estudiantes, iniciados en los duros tiempos de 1940 y 1950.  Cuando este glorioso País, pujaba por llegar a una mayoría de edad.

Mucho antes que las fuerzas del capital comenzaran a derrumbar, por vía de la abundancia, la dependencia, los carros y los televisores, la fibra moral de nuestro pueblo que privilegiaba el trabajo y la educación como valores sociales supremos.

Hubo una época en que fue cabildero laboral y como tal, se ganó el respeto de todo el País. Fue entonces cuando aquel hombre de personalidad sosegada llamó mi atención, sin imaginar que años después, su último trabajo nos convertiría en compañeros. Cuando llegó su jubilación, celebramos el acontecimiento y lamentamos su ausencia del taller de trabajo.

El cartel que se le regaló en esa ocasión acompaña este escrito.  Ahora se jubiló de esta Patria y de este Planeta pero su recuerdo de Caballero de la Conciliación, perdurará para siempre.